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Opinión

  • | 2012/09/28 00:00

    ¿Negociaciones o Proceso de Paz? (II)

    Las negociaciones de paz tienen que ser rodeadas por un proceso más amplio que brinde a la sociedad la oportunidad de expresarse y formular sus planteamientos de paz.

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Faltan unos pocos días hasta que el gobierno de Colombia y las FARC inicien sus diálogos de paz en Oslo. Desde que el presidente Santos los anunció hace un mes, muchos análisis y opiniones han sido publicados. Algunos de ellos trataron el tema de la participación de la sociedad civil en los diálogos de paz. Yo mismo publiqué una columna en Semana.com abogando por un proceso más amplio de paz donde participen sobre todo los que nunca son escuchados aunque los diálogos en sí requieren discreción. Esto, por un lado, alimentaría el proceso de paz con las diversas experiencias de manejo de conflictos, superación de la violencia y fortalecimiento del tejido social; por otro lado, la construcción de paz se realiza en diferentes niveles de la sociedad, no sólo es un diálogo entre los que se enfrentan con armas.

En esta columna quiero profundizar el argumento respecto al por qué una participación amplia de las comunidades, gremios y demás sectores sociales es tan importante para el éxito de un proceso de paz. Por razones laborales viajo mucho a regiones con alto impacto del conflicto como Buenaventura, el Magdalena Medio, la zona fronteriza de Cúcuta y otras. En cada uno de estos lugares se trabaja con diferentes grupos sociales que comparten una característica respecto a la paz: nunca han tenido la oportunidad de formular el dolor que han sufrido por la violencia y a nadie le interesan sus planteamientos sobre un posible escenario de paz. Es más, incluso muchos de los que sí tienen un discurso sobre paz, derechos humanos y desarrollo social nunca se ha planteado la pregunta qué significado tienen la violencia y la paz en sus propias vidas. Las razones de este silencio son múltliples: miedo, lucha cotidiana para sobrevivir, ritmo accelerado de trabajo o simplemente la sensación que no vale la pena reflexionar sobre estos temas.

Entonces, cuando se hacen ejercicios de auto-reflexión la gente utiliza este espacio para desahogarse y darse cuenta que hay muchas afectaciones personales por la violencia que nunca se han abordado. ¿Cómo se puede crear un ambiente de paz nacional cuando muchos ciudadanos no han conocido la paz en su vida o se han acostumbrado a la violencia hasta un grado que no les parece útil cuestionar sus efectos sobre su propia vida? Un proceso de paz tiene que abrir sistemáticamente espacios de reflexión personal sobre qué podría significar la paz para la propia vida, además de sacar el dolor que mucha gente ha llevado por décadas. Allí no hay que esperar las acciones del estado; en este sentido las iglesias, diversas organizaciones comunitarias e incluso grupos de familias pueden animar tales actividades.

Muchas comunidades han avanzado significativamente en la formulación de planes de desarrollo y protección, sobre todo en regiones donde los enfrentamientos entre los actores armados han sido frecuentes. Un proceso de paz debería hacer un esfuerzo sistemático para recoger las sabidurías que representan estos planes locales y regionales. Cuando trabajé en el Magdalena Medio, hubo comunidades que hacían análisis muy completos sobre qué debe pasar para crear un ambiente de paz, empezando por la satisfacción de las necesidades básicas hasta el cumplimiento del rol que tienen las instituciones estatales. Tomar estos planes de paz como base para un espacio de escucha acompañado por funcionarios de las diferentes entidades estatales en el nivel local, regional y nacional sería un primer paso importante y necesario para aumentar la legitimidad del estado. Para una paz duradera ésta es probablemente la clave para que la gente tenga la necesaria confianza y considere el estado como un aliado y no como un adversario. En el trabajo de campo para la tesis doctoral realicé unas 35 entrevistas con representantes de diferentes sectores sociales; cuando les pregunté cuánta confianza tenían en las instituciones del estado en una escala de 0 (ninguna) hasta 10 (total), sólo una persona contestó con 5, las demás con cifras entre 1 y 2,5. Aunque no se trató de un sondeo representativo, sí muestra que un proceso de paz liderado por el estado sin la inclusión de la sociedad no necesariamente goza de la confianza de la gente.

Éstos son dos ejemplos de cómo podría funcionar una ambientación de los diálogos de paz, así generando un entorno en el cual la gente se siente tomada en cuenta. Esto tendría el efecto de disminuir la resistencia de los ciudadanos con respecto al trato legal a los integrantes de la guerrilla. Seguramente se van a conceder beneficios jurídicos a los guerrilleros a cambio de su desmovilización, las garantías de no-repetición, la verdad y la reparación de las víctimas. Si no se cuenta con el respaldo de la sociedad en su conjunto, la legitimidad de estas medidas sería mínima lo cual puede poner en peligro el proceso de paz. La posibilidad de participar directa e indirectamente en la construcción de paz necesariamente lleva a la sociedad y las comunidades a responsabilizarse por los resultados del proceso.

El discurso de la guerra y la cultura de la violencia tienen que ponerse en la agenda pública y remplazarse por debates y reflexiones sobre la construcción de paz. Allí la sociedad civil y los medios de comunicación tienen un papel fundamental porque por un lado tienen un discurso sobre estos temas, por el otro los instrumentos para llegar al público.

Ahora, esto no significa necesariamente que los actores de la sociedad civil, de la academia o de los medios de comunicación estén más cercanos a la paz que otros. La afirmación que la participación de la sociedad civil organizada en sí ya garantiza la paz me parece equivocada. La sociedad civil organizada tiene la ventaja de una cercanía a la población y de haber tratado los temas de paz y derechos humanos directamente. Sin embargo, con frecuencia las organizaciones tienen estructuras verticales con sistemas de poder jerarquizados donde la obediencia es más importante que la reflexión y el análisis. Hay organizaciones que no toleran ninguna desviación de la línea política establecida por los líderes lo cual no las convierte en referentes de democracia y paz. Entonces, como todos los demás actores también la sociedad civil organizada necesita hacer un proceso de cambio de las estructuras creadas en la resistencia a la guerra las cuales deben transformarse en estructuras de paz.

En síntesis, en todos los niveles de la sociedad hacen falta referentes de paz. En una de las comunidades un líder de unos 75 años dijo: "Yo nunca he vivido en paz; no sé cómo es vivir en paz. A nosotros simplemente nos faltan los ejemplos de la paz. Desde la niñez hemos visto muertos y violencia". En tales contextos se requieren procesos profundos de escucha, aprendizaje y transformación. Los diálogos, por importantes que sean, no van a poder crear este ambiente de paz que todos anhelan.

*Trabaja en diferentes zonas de conflicto en Colombia y escribe su tesis doctoral sobre justicia transicional de la tercera generación.
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