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Opinión

  • | 2004/08/15 00:00

    Neoturbayismo

    Ahora que veo a Turbay apoyar la reelección me doy cuenta de que lo que se nos viene encima es peor que el uribismo: es el turbo-uribismo

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Patria Nueva"... Se queda uno meditabundo al oír ese viejo nombre que el ex presidente Julio César Turbay le puso al movimiento destinado a impulsar la reelección de Álvaro Uribe. Patria Nueva, Patria Nueva... No es muy nueva, claro. No puede ser "nuevo" nada que incluya en su seno al ex presidente Turbay. Y no sólo por su edad -88 años-, sino sobre todo por-

que Turbay encarna en su persona todo lo que hay de viejo y de podrido en la política colombiana: el clientelismo, el oportunismo, la politiquería, la corrupción. No en balde el asesinado Luis Carlos Galán, para combatir los viejos vicios representados por el turbayismo, bautizó su movimiento 'Nuevo Liberalismo'. Pero es obvio que la inspiración de Turbay no viene de Galán: algún rastro de pudor tiene que quedarle al viejo manzanillo. Patria Nueva. Patria Nueva... ¿en dónde hemos oído eso antes?

¡Ah, sí! Así se llamaba la atormentada República Dominicana de la tiranía trujillista. El benefactor y generalísimo Rafael Leonidas Trujillo era además 'Padre de la Patria Nueva', y se hizo reelegir una y otra vez a la presidencia durante más de treinta años, aunque a veces les dejara 'palomitas' a sus secretarios interpuestos. Como decían sus áulicos, Santo Domingo no podía darse el lujo de desperdiciar a un estadista de las calidades del Benefactor, que gobernó su Patria Nueva con mano firme y corazón grande hasta que lo asesinaron. Tras un par de años de turbulencias y un desembarco de marines, las cosas en Santo Domingo volvieron a la normalidad: el poder recayó, de modo casi vitalicio -reelección tras reelección- en Joaquín Balaguer, antiguo secretario suyo y autor del lema de la Patria Nueva: "Dios y Trujillo".

De ahí le vino la idea al doctor Turbay.

No voy a llevar la comparación al extremo, por supuesto. Uribe no es ese dictador chorreante de sangre humana que fue Rafael Leonidas Trujillo. Lo que me preocupa es lo de Turbay.

Porque Turbay, sin llegar nunca a ser en su presidencia un tirano chorreante de sangre humana, fue sin embargo Turbay: el del Estatuto de Seguridad (tímido precursor del Estatuto Antiterrorista de Uribe); el de la corrupción llevada ''a sus justas proporciones''; el del arrodillamiento (no el único, pero sí el más postrado) ante los Estados Unidos: la guerra de las Malvinas, la erradicación de cultivos (ilícitos o lícitos) con paraquat, la extradición de colombianos sin reciprocidad ni respeto a las penas de la legislación local; el Turbay de las torturas en las caballerías de Usaquén; el autoproclamado "único preso político" de Colombia.

Hace unos cuantos meses, en un momento de reblandecimiento, me permití añorar a Turbay, un gobernante en fin de cuentas reblandecido él mismo por haberse educado políticamente bajo la República Liberal de los años treinta. Comparado con Álvaro Uribe, me parecía un demócrata. Pero ahora que lo veo apoyar la reelección de Uribe me doy cuenta de que lo que se nos está viniendo encima es todavía peor que el uribismo a secas: es el turbo-uribismo.

O sea: el Nuevo Turbayismo. La corrupción y el clientelismo sumados a la represión y el autoritarismo. Y a lo peor del populismo: el desabrochado Álvaro Uribe no usa corbatín.
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