Domingo, 23 de noviembre de 2014

| 2013/08/31 00:00

Ni sexo, ni drogas ni placer: pura dopamina

Ni hambre, ni ganas de fumar ni placer por el sexo, su cerebro lo que quiere es liberar dopamina.

Foto: SEMANA.

Muchos de nosotros queremos pensar que tenemos libre albedrío pero la neurociencia dice otra cosa. Gran cantidad de neurotransmisores están constantemente enviando señales y elaborando “cableados” en nuestra materia gris que nos llevan a hacer lo que el cuerpo desea a cambio de una recompensa: placer.  

El placer significa cosas diferentes para cada persona. Pero para los científicos es simplemente una recompensa por hacer lo que el organismo nos ordena. Todos lo hemos experimentado, hay quienes son adictos al deporte, o a los videojuegos, a la música, al trabajo, a la comida, a las aventuras extremas, al arte, al chocolate. Pero no todos sentimos placer o recompensa con las mismas cosas.

A mí, saborear un delicioso brownie con arequipe o nadar en la noche me lleva a liberar una gran cantidad de dopamina. Hay quienes la descargan cuando hacen actividades que los ponen en riesgo; otros, cuando tocan un instrumento o escuchan una canción. 

Cada persona obtiene placer a través de estímulos distintos, algunos con una relación más directa con la supervivencia, como la comida; otros de forma indirecta, como el dinero, y otros con lo abstracto, el caso de la música.

La dopamina es tan poderosa que es capaz de crear adicción. Por ejemplo, quienes van a un casino, donde al ganar en una máquina tragamonedas, el apostador recibe una alta dosis de dopamina en sus neuronas que rápidamente lo convierte en vicio. 

Peor aún, existe lo que los neurocientíficos llaman el near-miss effect, que produce flujos de dopamina aun si la persona no gana. Con solo aproximarse al éxito este apostador descarga la dopamina necesaria para que su máquina siga “tragando monedas” todo el día.

Las grandes marcas conocen y explotan perfectamente el poder de estos neurotransmisores, tienen claro que para que una mujer se sienta “diva” no necesita uno de sus carísimos vestidos: un pequeño monedero con su logo exhibido ampliamente por su usuaria establece ante los ojos de sus amigas que ella “es la que es”. 

Y si alguien tiene dudas de nuestra irracionalidad, lo único que tiene que hacer es mirar ejecutivos negociando el precio de un “Rolex” o un “Cartier”. Lo racional sería que el reloj tuviera una gran etiqueta diciendo Made in China. Esto les diría a los observadores: “soy mucho más inteligente que usted”. Su Rolex le costó 4.000 dólares y el mío me costó 100 dólares”. Claro, eso no generaría ni cinco de dopamina y el estatus del comprador sería cuestionado.

De manera que todo lo que nos hace sentir bien no es realmente aquello que creemos, no es la música, no es el buen vino, no es la persona que se ama, tampoco la cerveza, el sexo o las drogas, sino toda la dopamina que el cebero libera al realizar esa actividad, y ese nivel de dopamina varía en cada individuo. 

Es importante que nuestro cerebro mantenga las dosis justas de dopamina. Si la dosis de esta sustancia está desajustada en el cerebro, por defecto o exceso, las consecuencias son nefastas. Se corre el riesgo de caer en vicios o, por el contrario, perder el interés por las cosas.

La dopamina nos lleva a mantener el nivel de actividad para conseguir lo que se persigue, un mejor trabajo, un logro universitario, destrezas deportivas, habilidades artísticas, por lo que en principio es positiva; sin embargo, siempre dependerá de los estímulos que se busquen. 

Aunque los narcóticos pueden producir dopamina de manera artificial al engañar al cerebro, eventualmente se necesitará una mayor cantidad de dosis para obtener la misma sensación, Por eso, libere dopamina a través de las artes, el deporte, la música, el amor por los demás, con acciones altruistas, o a través de la comida.

Aprender cosas nuevas es mucho más seguro y gratificante. Tocar un instrumento, realizar actividad física, o simplemente escuchar música interviene en el sistema que produce la dopamina, en parte porque al hacerlo se aprende algo y hemos evolucionado de tal manera que gozamos al adquirir nueva información.

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