Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/07/15 00:00

Ni Tanto que queme a Santos

El tercer canal se ha convertido en una fogosa odisea. Diferentes hechos han conspirado como el que más para dar al traste con un proceso que a pesar de todo aún puede llegar a buen puerto.

Fernando Álvarez Corredor, ex comisionado de Televisión. Foto: SEMANA

El tercer canal se ha convertido en una fogosa odisea. Los poderosos intereses cruzados, la guerra sucia de los preocupados, la intromisión excesiva de una ministra, la escasa comprensión de la palabra autonomía por parte de los comisionados nombrados por el Gobierno y la “ñapa” de la acomodaticia actitud de un ex director de la CNTV, han conspirado como el que más para dar al traste con un proceso que a pesar de todo aún puede llegar a buen puerto para que los colombianos tengan una mejor oferta televisiva.

Si nos remontamos a los comienzos, tendríamos que darle la razón al entonces comisionado Eduardo Noriega en que el proceso se debió abrir hace casi cuatro años, cuando él lo propuso. Pero la poca contundencia que exhibió para este propósito y la casi nula credibilidad que tenía por sus manejos clientelares en la CNTV no dejaron ver muy bien las posibilidades y aun las bondades de su propuesta.

Habría que sumar la flojera que invadía a los comisionados del Gobierno al tener que enfrentarse a los cacaos de la TV en ese momento, con lo cual se completaba el escenario de dilación para un tema que debió tener manifiesta urgencia si se hubiera pensado en el beneficio del televidente. No quiero omitir mi mea culpa por no haber tenido la capacidad de evitar que el árbol de la politiquería de mi compañero de junta me hubiera impedido ver el bosque de las oportunidades para la industria, para los profesionales del sector y para el ciudadano televidente en esos días.

Pero luego vino la cadena de errores de la CNTV. En su momento la directora mezcló inoportunamente este debate con el del precio de la prórroga de los canales privados. El protagonismo y el poco sentido de las proporciones la llevaron a confundir escenarios y terminó cantando, como si se tratara de la definición del estándar digital, la cifra que pagarían Caracol y RCN, en medio de un grotesco desafío a los canales que devino en un muy poco decoroso ejercicio de disminución en escalera del estrafalario monto original, con llamado de atención y mediación presidencial y todo.

Luego apareció la ocurrencia de algunos comisionados de querer ser más papistas que el papa para intentar sacar a uno de los participantes, casi a sombrerazos. Los comisionados del Gobierno parecían haberse creído la especie que echaron a andar los enemigos del tercer canal de que en Palacio tenían interés en que ganara un aspirante, ya que un estigmatizado asesor tenía cercanías con ese grupo. Con recursos poco jurídicos, y más bien con mucha subjetividad, la mayoría en la CNTV logró generar tal clima de desconfianza entre los interesados, que, asociado a los afanes de última hora del ministerio en ese momento, consiguieron que no se presentara sino un proponente a la subasta y provocaron la consiguiente reacción de la Procuraduría y la Contraloría para suspender el proceso precisamente por ese motivo.

Posteriormente se reorganizaron las cargas en la CNTV, se fue la ministra, se garantizó el acompañamiento de la Procuraduría y se encaminó el nuevo proceso. Pero vendrían nuevos y mezquinos intereses en los comisionados del Gobierno. Su convicción cada vez más fuerte de que el gobierno saliente necesitaba dejar resuelto el tema y con nombre propio, y la para nada oculta intención de querer ganarse la ratificación en el puesto frente al Presidente electo, los pusieron a correr y a saltar matones para sacar el canal a como diera lugar antes del 7 de agosto.

Superado el tema de garantizar la optimización de recursos si sólo había un proponente, y ante los errores cometidos por el director que presidió la audiencia de riesgos cuando ya se le había terminado su período, más la controversia que desató la Procuraduría porque asistía otro comisionado cuyo período legal había vencido, el nuevo director decidió jugársela en paro, sacó de la nómina al comisionado de período vencido y persuadió a la Junta para apretar el calendario. Se revocaron las audiencias, que son actos de trámite, pero no el acto administrativo como lo ordena la normatividad jurídico-administrativa y apostaron el todo por el todo al alumbramiento con fórceps del tercer canal.

Luego, una decisión de la Corona española sobre participación extranjera los puso nuevamente al borde de un ataque de nervios y ante la posibilidad de que no pudiera dar a luz la adjudicación antes del 7 de agosto, optaron por tomar la interpretación que menos tiempo les tomara, sin importar que no se garantizara plenamente el tema de la pluralidad de oferentes. El plazo de ley que pidieron los aspirantes afectados por cambio de condiciones no se les dio ante la posibilidad de que se apaguen las velas del cambio de gobierno sin que haya luz al final del canal.

Y ahora los del Gobierno quieren que se encienda el tercer canal sin la mayoría calificada para adjudicarlo. No la creen necesaria en su curiosa y urgida interpretación de la ley. Y eso sí que es un riesgo jurídico porque del afán no queda sino el cansancio. Nunca entendieron estos comisionados que Planeta no necesitaba ayuda, que iba a ganar porque a todas luces era el grupo mejor preparado, que siempre tuvo sus cuentas claras y sus papeles en regla, hasta el punto de que eso fue precisamente lo que generó suspicacias a sus contrincantes.

Les costaba creer que el grupo Planeta en sana lógica aceptara las condiciones en materia de redes y de frecuencias desde un principio. Pero Planeta tenía cómo ganar y estaba listo para la puja económica. Sin embargo, flaco servicio le prestaron quienes creyeron que ayudaban al Presidente o al nuevo Presidente o que se ayudaban ellos, porque lo que hicieron puso un sello de apuro que puede empantanar nuevamente el proceso. Lástima que se les fueron las luces y sus visiones cortoplacistas y sus prestezas particulares los llevaron a alumbrar inadecuadamente el escenario y ensombrecer innecesariamente la licitación.
 
* Ex comisionado de Televisión.

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