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Opinión

  • | 2005/02/06 00:00

    Nivel de incompetencia

    ¿Conocen ustedes, lectores, periodistas peores que los colombianos? No saben leer, no saben escribir, no saben hablar

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Desde lo alto de esta columna yo vivo criticando a todo el mundo. Y, en particular, a casi todos los demás colombianos. A los políticos, sí; pero no sólo a ellos. A los otros también. Y es porque me parece que los colombianos (y, para ser políticamente correcto, también las colombianas) solemos estar muy por encima de lo que en uno de los corolarios al célebre

Principio de Peter se llama "nivel de incompetencia".

No me refiero a los oficios en los que la competencia es mensurable en términos más o menos físicos y objetivos. En ellos muchos colombianos han sabido descollar de manera admirable. Cirujanos, ciclistas, ingenieros (aunque no ingenieros contratistas), poetas, artesanos de la palma o la guadua, músicos, maestros de obra, narcotraficantes, pilotos de avión, o incluso choferes de bus, cuando no van borrachos. También hay, como es natural, mediocres cirujanos y narcotraficantes ineptos. Pero cuando son buenos, los colombianos que se dedican a esas cosas son de verdad buenos. Y así los hay que ganan un premio Nobel en Estocolmo, y los que inventan una válvula cardíaca, y los que venden un millón de discos de sus canciones. Gente capaz.

Me refiero a los otros. A nosotros. A los que somos malos sin excepción, a los que estamos sin ninguna duda, y solamente porque no hay competidores, por encima de nuestro nivel de incompetencia. Y debiéramos, si tuviéramos vergüenza, dedicarnos a otra cosa (pero para qué, si nos va tan bien en ésta). Me refiero a los colombianos que practicamos oficios vagos, y mal definidos: los curas, los filósofos, los periodistas, los rectores de universidad. Los llamados 'dirigentes': sean gremiales, empresariales, sindicales o intelectuales. Nos va bien, ya digo: llegamos a alcaldes o a embajadores o a presidentes de la República. Llegamos a políticos. Y somos los peores.

Por ejemplo: no hay nadie más inepto para hacer lo que hace que un presidente de Colombia. Tanto los presidentes que no hacen nada, a la manera de Andrés Pastrana, como los que pretenden hacerlo todo, al estilo de Álvaro Uribe. Y casi tan ineptos como ellos -o igual, aunque se nota menos porque su ámbito de acción o inacción es menor- son los gobernadores y los contralores y los personeros y los... ¿Han visto ustedes el abismo de ineptitud a donde es capaz de llegar, digamos, un curador urbano? ¿O un Procurador General de la Nación? (Para no hablar de un ministro de Hacienda).

O bueno: los militares. Nadie más incompetente que un militar colombiano, en cualquiera de sus modalidades: general del Ejército, comandante guerrillero o cabecilla paramilitar. Militares capaces son los que triunfan con soltura y rapidez: el Julio César de la guerra de las Galias ("Veni, vidi, vici": vine, vi, vencí), o el Heinz Guderian de la blitzkrieg que en una semana conquistó Bélgica y Francia. Sung Tzu, el gran tratadista militar chino de hace cuatro mil años, explica en su Arte de la guerra que el buen general es el que gana batallas sin necesidad de combatir. Los nuestros llevan medio siglo combatiendo sin haber conseguido ganar ni una sola batalla.

Y los abogados. En este llamado 'país de los juristas' que es Colombia todo está jurídicamente mal concebido, mal hecho, mal rematado. Todas las leyes se caen por inconstitucionales, incluidas las reformas constitucionales. Todos los contratos resultan chimbos. Todas las condenas judiciales acaban siendo ilegales, y todas las absoluciones también.

¿Y los empresarios? Todos quiebran. Y cuando no quiebran, venden y se van. Pero los periodistas los aclamamos entonces como "creadores de riqueza", cuando lo que han hecho es robar la riqueza que ya existía, o destruirla.

Ah, sí: y los periodistas. Nosotros, los que llamamos "creadores de riqueza" a los empresarios piratas, y "próceres de la patria" a los políticos corruptos. ¿Conocen ustedes, lectores, periodistas peores que los colombianos? Los de la prensa escrita, los de la televisión, los de la radio. No saben buscar la información, ni saben darla. No saben leer, no saben escribir, no saben hablar, ni saben de qué hablan. Debo decir: no sabemos. Porque yo mismo, por ejemplo, que he alcanzado prestigio como periodista taurino, no sé nada de toros. Y no lo digo por falsa modestia: pregúntenle a cualquier torero (hay muchos toreros colombianos que sí saben de toros), y verán que es cierto.

O tal vez no. No se lo dirá ninguno. Porque aquí los toreros, los cirujanos, los ciclistas, los poetas, los artesanos y los músicos no se atreven a denunciar la mentira de los que vivimos del cuento: los periodistas, los juristas, los políticos. Nos tienen miedo.
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