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Opinión

  • | 1999/12/20 00:00

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    DE HECHO HAY COSAS QUE A UNO NO LE gustan. ¿Y eso a quién puede interesarle? A los muy allegados o, quizás, a más gente, si uno es importante como decir: presidente, ministro o director de diario cervecero.

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De hecho hay cosas que a uno no le gustan. ¿Y eso a quién puede interesarle? A los muy allegados o, quizás, a más gente, si uno es importante como decir: presidente, ministro o director de diario cervecero.

He pensado, sin embargo, que algunos de mis lectores pueden compartir mis disgustos. Y procedo a enumerarlos, aunque su número es infinito:

No me gusta la inmovilidad en que quedamos en Bogotá en aras del espacio público.

No me gustó Antanas como contratante de asfalto.

No me gustan bolardos ni mucho menos petardos.

No me gusta que los guerrilleros se tercien en bandolera el tricolor nacional. El mono aunque se vista de seda.

No me gusta el caminado de Andrés (pies pa’l monte), pero da buenas fotos.

No me gusta el hablado de Rosso José ni el del general Tapias. El uno muy doméstico; el otro muy castrense.

No me gusta la altanería policial.

No me gustan los policías acostados ni las tapas de alcantarilla levantadas.

No soporto ver las grúas del tránsito, industria privada en funciones públicas.

No me gustan los indigentes chantajistas (limosna o rayón). Pero, en general, ninguno de ellos pareciera pertenecer a la ciudad que soñó Peñalosa, una noche de verano.

No me gusta que se premie al periodismo.

Pero no me gusta que se ignoren premios como el Hellman-Hammet (de la Human Rights Watch), otorgado a Fabio Castillo, últimamente alejado de la gran prensa.

No me va a gustar la estatua de Jaime Garzón.

No me gusta el uso de la violencia, en aras de la justicia.

No me gusta el tráfago de automóviles y que no se frene su proliferación, por no molestar al comercio importador.

No me gustaría que se sacara de circulación a los autos viejos, porque son los de los pobres (y los de los coleccionistas).

No me gusta que Carlos Lleras firme sus notas necrológicas como C. LL. de la F.

No me gusta C. LL. de la F.

No me gusta que algunos miembros de la querida familia Cano sigan creyendo que el diario de Bavaria es el mismo de don Fidel. El no bebía.

No me parecen estéticos los hombros desnudos y con pecas de los directores de El Tiempo, aunque usen Rexona.

No me gustan los médicos. Hay un alto índice de mortalidad entre los más notables.

No me caen bien los abogados respetables que se vuelven jefes de policía.

No puede gustarme que los que sacaron ventajas del poder critiquen a los que tal vez lo quieran hacer.

No me gusta la justicia vindicativa.

No me gusta la república de Caquetania, hoy irreversible.

Me fastidian los congresistas que se alimentan ante las cámaras de televisión. Eso para los ciclistas que no pueden bajarse del galápago.

No me gustan los temas de micción en las páginas editoriales.

La vulgaridad me choca. Aunque a veces me río.

No me gusta que le hayan puesto contrafómeque al padre Llano con el padre Gallo.

Me choca el fanatismo de los antitabaquistas y de los que ‘encontraron al Señor’.

Del milenio, no me gustó el papa Urbano II, y menos como quedó descrito por el muy poco clerical estilo de Antonio (Caballero de la Edad Media).

Me enerva que nos castiguen en el exterior.

No me gusta que en Colombia se hable mitad en inglés y mitad en español. ¿O. K.?

No me gusta que haya llegado el siglo venidero.

No me gusta que se amenace a mis colegas. Ni a nadie.

Me indigna que se hable de tú a tú con secuestradores. Pero como que eso no tiene remedio.

Me duele la patria y no me gusta. Pero aquí no soy extranjero. n
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