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Opinión

  • | 1983/04/18 00:00

    "NO HAY NADA NUEVO SOBRE LA TIERRA"

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"No hay nada nuevo sobre la tierra, Señora, distinto de lo que hemos olvidado" solía decirle el sastre a la Reiná María Antonieta. Sentencia ésta de enorme sabiduría en nuestro tiempo, cuando el orgullo del racionalismo ha conducido al hombre a pensar que, cada día, con cada técnica y con cada disciplina, esta inventando de nuevo la corriente de pensamiento de la humanidad, como si todo lo viejo no valiera nada. Es el caso, por ejemplo, de la economía. Se presenta hoy día como la más actual de las ciencias, llevando su impulso innovador hasta extremos imposibles.
Ningún economista que se respete escribe algo que no tenga tres o cuatro "footnotes", generalmente en inglés, no porque no haya pensamiento económico en otros idiomas, sino porque la cultura francesa nos abandonó hace medio siglo. Las fuentes provienen casi siempre de revistas especializadas que no están al alcance de nadie y que son muestra, por ello mismo, de la sofisticación intelectual del que las lee. Y las citas, invariablemente, son del último semestre... por ello, todo lo escrito cinco años antes parece "obsoleto" como si en economía, como sucede en el campo de las ciencias exactas, se estuvieran descubriendo leyes y principios generales todos los días...
A nosotros los conservadores, sin embargo o 'neoliberales' como hemos resultado ser en la clasificación económica más reciente --nos gusta todavía leer lo viejo; y respetar, en la tradición del pensamiento occidental, la sabiduría cumulativa de la humanidad. Así, a raíz del debate sobre tasas de interés que parece ser la preocupación primordial de toda economía moderna, podemos volver a abrir La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, un libro pionero en su genero --ese sí- escrito hace más de 200 años sobre el tema que nos ocupa hoy en día.
Con la sencillez de los antiguos decía el padre de la economía clásica sobre la tasa de interés: "La tasa de interés más baja debe ser algo más que suficiente para compensar las pérdidas a las que se somete el préstamo de dinero, aun ejercido con tolerable prudencia. Si no fuera superior, la caridad o la amistad serían los únicos motivos para prestar dinero ".
Al referirse al tope legal de las tasas de interés, al que se refirió el Presidente Betancur en distintas ocasiones durante la campaña y, por última vez, la semana anterior, nos dice Adam Smith: "Si la tasa legal se fija por debajo de la tasa más baja del mercado, el efecto será casi el mismo de una total prohibición del interés", situación que puede restringir la formación de capital y colocar a las industrias en manos de los usureros que prestan por fuera de la ley. Una situación como esta la hemos vivido los colombianos en los últimos años, cuando siendo la tasa legal cercana al 18%, el interés del mercado "libre" se acercó al 50% efectivo. Más adelante afirma Smith tajantemente: "Ninguna ley puede reducir la tasa de interés común por debajo de la más baja tasa ordinaria vigente en el mercado en el momento de redactar la ley". La razón es sencilla: La tasa de interés guarda una relación con los precios de la tierra, y con otras inversiones de oportunidad, sobre todo en Colombia. Si se restringe la rentabilidad financiera del capital, éste puede más bien optar por colocarse en Finca Raíz, donde elimina casi totalmente los riesgos aunque deriva un beneficio menor. Una actitud así restringiría peligrosamente el crecimiento del capital financiero y expandería artificialmente los precios de la tierra que hace ya dos años que vienen en baja.
En el caso colombiano dos factores adicionales conspiran contra la baja en las tasas de interés. Por un lado la seguridad de una devaluación constante que el propio gobierno insinúa que llegará al 30% este año, y que sumada al 10 % de un depósito a término en dólares, produce un 40 % exento de impuestos para quien quiera 'fugar' su capital. Por otro lado, el hecho simple de que los propios bancos oficiales captan dinero al 27 o al 29 pero lo prestan al 33% trimestre anticipado que equivale al 41% efectivo. Con la competencia que hacen la banca oficial y el UPAC a la banca privada, esta no tiene alternativa distinta de captar y prestar a un alto interés. En estos temas hay que tener en cuenta que la nacionalización de la banca, que puede resultar de un enfrentamiento entre el gobierno y el sector privado y de un fracaso de la contratación del desarrollo, no sería solución al problema, pues, repito, también los bancos ya nacionalizados prestan al 41 % .
¿Cuál solución habría, entonces al dilema de las altas tasas y el estancamiento industrial? A riesgo de quedar como un economista voy a proponer una. Se trata de bajar la tasa de captación de UPAC los dos puntos recientemente subidos y luego ir controlando aún más, paulatinamente" la llamada "corrección monetaria" hasta que el UPAC captara ahorro alrededor del 20%.
Mucha gente que carece del expertise necesario para invertir en Panamá o en La Florida permanecería en Colombia con su plata, sobre todo cuando el promedio del ahorrador de UPAC es de $100.000. Esto, a la vez aliviaría las presiones que la recesión podría acumular este año, sobre el sistema UPAC. Con un exceso de liquidez y sin que se haya reactivado aún la economía el UPAC podría dirigirse hacia un gigantesco colapso al no haber logrado colocar rápidamente los ingentes recursos que ha captado en el último semestre. Al fin y al cabo, según cifras reveladas recientemente por el ex presidente Pastrana, el sistema UPAC recibe, en amortización de préstamos, 500 millones a la semana y paga 700 millones, cifra que puede haber aumentado en las últimas semanas. Es decir que tiene un déficit estructural de más de 200 millones a la semana, que tendería a agravarse si todo el mundo ahorra y nadie tiene capacidad de demandar crédito para vivienda.
Bajar el UPAC sería la mejor contribución en la guerra contra la inflación y contra las altas tasas de interés. Lo que no se puede es decretar una baja de la tasa de captación bancaria y dejar los papeles del Estado al 29%...
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