Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2010/04/17 00:00

No importa que esté enfermo y que le hagan zancadilla

Desde Lincoln en Estados Unidos y David Cañón en Colombia, no había una persona con barba y sin bigote que llegara tan lejos

No importa que esté enfermo y que le hagan zancadilla

Soy malo para los asuntos de la salud. Me ponen nervioso. Dentro de poco debo realizarme el famoso examen de próstata, y la verdad es que, salvo que me lo haga el doctor Vargas Lleras, no quiero practicármelo. Estoy dispuesto a votar por él si me ayuda. Doctor Vargas Lleras, anímese. Es algo rápido. Aprovecho esta tribuna para dejarle la inquietud.

Soy malo para los asuntos de la salud, digo, pero, curiosamente, cuando me enteré de que Mockus padecía de la enfermedad de Parkinson, la noticia no me impactó: la verdad, no me parece grave que a un presidente le tiemble la mano, mucho menos la derecha, para gobernar. Finalmente, no va a ser mesero: va a ser presidente. Y lo cierto es que a Colombia la han gobernado personas con enfermedades mucho más graves. A Gaviria todavía hoy se le caen los dientes y tiene el síndrome de Peter Pan: va a cumplir 60 años y se la pasa yendo a conciertos vestido con unas camisas de seda tornasoladas que están de moda en Pereira. Mi tío Ernesto tenía elefantiasis y serios problemas de espalda. Andrés Pastrana fue presidente a pesar de la lobotomía que le practicaron al nacer. Y el presidente Uribe padeció la gripa porcina, superada gracias a un equipo de expertos en vacunas y chuzadas que tenía en Palacio.

Más enfermos, si uno los mira bien, están los principales rivales de Mockus. Noemí, por ejemplo. Noemí está al borde de un ataque de nervios. Se ríe sin saber de qué, habla a los gritos. ¿Quién es el asesor que le está dando Red Bull a Noemí? ¿O es Juan, Pedro, María, Luisa? ¿Por qué anda tan sobreexcitada? ¿Qué podemos hacer para no verla así, que es tan irritante? Yo pongo mi grano de arena. Jamás volveré a referirme a su aspiración en términos que no sean compasivos. Los invito a que no nos burlemos más de lo que diga. Al revés: sigámosle la cuerda. Es verdad que su liderazgo solo es comparable con el de las grandes mujeres que han brillado en Latinoamérica; quizás no como una Michelle Bachelet, pero sí como una Alicia Machado, ex señorita Venezuela, que no es poco.

El caso de Juan Manuel Santos también es preocupante. ¿Qué enfermedad tiene Juan Manuel Santos? ¿La enfermedad holandesa? ¿Qué tipo de infección contrajo, que ahora no para de lavarse las manos? ¿Alguien puede curarle el alzhéimer, por culpa del cual ya no se acuerda de lo que hizo en la época del Caguán? Todo lo anterior lo planteo con respeto y sin la alevosa provocación de meterme con su físico. Insisto en que no lo haré. Me parece respetable su cambio de sexo. Cristina de Kirchner, que cuando era varón también empezó con unos retoques en los párpados y la nariz, demostró que una persona que se haya cambiado de sexo puede llegar a la Presidencia sin inconvenientes.

Visto lo anterior, lo de Mockus es un mal bastante menor del cual no hay que afanarse, por más de que a los políticos tradicionales les duela su éxito. 'El Pincher' Arias, por ejemplo, ya dijo que las Farc no se pueden enfrentar con mimos y girasoles: ¿no le parece irrespetuoso decirle mimo al doctor Santos, que mal que bien es su nuevo amo? ¿Y a cuáles girasoles se refiere, si a su paso por el Ministerio de Agricultura acabó con todo lo que había en el campo?

Es cierto que causa curiosidad saber qué hará el doctor Mockus el día en que Chávez saque 10 batallones a la frontera: nadie sabe si el profesor enviará unos saltimbanquis para enfrentarlos, o si se irá, deprimido, a la casa de la mamá y no saldrá de allá durante dos semanas, o si, al revés, resulte más agresivo que el mismo Chávez y mande a Rafael Nieto, Saúl Hernández, Ernesto Yamhure y demás petardos a Caracas, para bombardearla.

Pero Antanas Mockus, señoras y señores, nunca ha hablado con Rodrigo Garavito, no ha ido a la finca de nadie en Anapoima, no come en Pajares Salinas, no rumbea con los hijos de Uribe, no va a toros con José Gabriel, no conoce a Hernán Zajar, no asiste a los almuerzos en Cartagena de 'la Chiqui' Echavarría, y algo aún más bonito: ni siquiera sabe que existe 'la Chiqui' Echavarría. ¿No es eso suficiente para apoyarlo?

Ahora bien: desde Lincoln en Estados Unidos y David Cañón en Colombia, no había una persona con barba y sin bigote que llegara tan lejos. Bien puede hacerle zancadillas el mismo Uribe, que la marea verde sigue subiendo. Aun con gente que era de la U: sé de belfos -belfos probos, belfos de bien- que ya no están con Angelino, sino con Mockus.

Y todo porque demostró que se puede trabajar en equipo y que la unión hace la fuerza. Eso deberían saberlo los otros candidatos: doctor Rafael Pardo y doctor Róbinson Devia: ¡únanse! ¡Dejen a un lado los egos! ¡Derroten, juntos, el margen de error! El doctor Pardo ya está en el tope de sus posibilidades, pero Devia, que despega del 0 por ciento, aún no ha tocado techo. En eso se parece a Luis Alberto Moreno, que tampoco ha tocado techo, salvo aquella vez que Clinton lo alzó en los hombros para que pudiera ver un desfile en Washington.

Doctor Vargas Lleras y doctor Petro: ¡únanse! Si Petro ayudó a elegir al actual Procurador, es porque tiene semejanzas ideológicas con la derecha dura. Únanse, pero háganlo después de que el doctor Vargas Lleras me ayude a superar el incómodo examen que tengo por delante. O por detrás, según se vea.

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