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Opinión

  • | 2013/10/18 00:00

    “Es hora de que los colombianos no nos pongamos de acuerdo”

    Gustavo Gómez opina que debe terminar el consenso si el fin es el beneficio personal.

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Contrario a lo que la lógica indica, sobre todo en momentos en que el diálogo y el entendimiento deben florecer en Cuba para que disfrutemos de eso que llaman paz en otras latitudes y que aquí solo vemos en cine, contrario a lo que indica la lógica, repito, va siendo hora de que los colombianos aprendamos a no ponernos de acuerdo.

Unos colombianos  se pusieron de acuerdo para lograr permisos y ascensos, y terminaron asesinando inocentes que hacían pasar por subversivos.

Unos colombianos se pusieron de acuerdo y se dieron a la tarea de interceptar llamadas y meterse en la vida privada de los demás para manipular la justicia y aferrarse indebidamente al poder.

Unos colombianos se pusieron de  acuerdo y lograron robarse a Bogotá y metérsela enterita en los bolsillos a punta de contrataciones indebidas.

Unos colombianos se pusieron de acuerdo y dejaron en la calle a una cantidad de inversionistas que confiaron en una solidez financiera armada con babas.

Esos apenas unos ejemplos recientes, porque los acuerdos fatídicos de los colombianos arrancan, como mínimo, en 1819 con el nacimiento de la Gran Colombia… 

El recién horneado, verdaderamente vergonzoso, el de unos colombianos que se pusieron de acuerdo, ignorando que fueron elegidos para servir a la justicia, y que ayer fueron capturados en Paloquemao por servírsela para beneficio personal.

Propongo pues que los colombianos no nos pongamos tanto de acuerdo y no nos prestemos para ser semovientes de los hatos de la ilegalidad. Que cese el consenso y la unidad cuando su fin no sea otro que el delito, el beneficio personal, el desgreño y la corrupción. 

Insistamos en no ponernos de acuerdo si el objeto de la identidad es perdernos en el abismo de nuestras costumbres malsanas. Qué pena con el doctor De la Calle, que pide unidad desde la calurosa Cuba cuando cumplimos un año del anuncio, en Oslo, de los diálogos, pero propongo que defendamos el desacuerdo, el disenso, la divergencia, la desavenencia y la sana discordia.
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