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Opinión

  • | 1982/12/06 00:00

    "NO VEO FACIL LO DE GABO"

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Semana: El 21 de octubre un editorial de "El Tiempo" señaló que usted había cometido una "infidencia" al divulgar apartes de un reportaje concedido por el ex-presidente Turbay Ayala a Enrique Santos Calderón y a Roberto Posada. Allí mismo el periódico ofrece disculpas a "algunos lectores" y al propio expresidente por ello. Cinco días después usted recibe un premio de reconocimiento internacional a su trabajo como periodista y otro editorial de "El Tiempo" elogia su labor diciendo que usted "no ha escrito una sola página en la que el periodista y el caballero no hayan hecho un camino común. ¿Considera que se trata de una contradicción o de una descalificación para usted ? Daniel Samper: Tengo que aceptar que no se trata de un modelo de sindéresis y que el editorial del 21 de octubre encierra, sin duda, una descalificación bastante molesta. Pero como creo que la gente tiene derecho a una explicación, le doy la mía: no hubo infidencia alguna. Los apartes que publiqué del reportaje con Turbay provenían de una grabación que se hizo de la entrevista, donde al expresidente se le formulaban preguntas para publicar y él daba respuestas para ser publicadas. El material resultó demasiado largo y mis compañeros tuvieron que escoger sólo una porción mímina del mismo. Entre ese material que no cabía en dos páginas del periódico, pero que formaba parte de las respuestas dadas por Turbay --y no de comentarios susurrados en la cocina ni de observaciones hechas al oido a la hora del té--, había muchos párrafos que revelaban aspectos interesantes del ex-presidente. Más interesantes para los lectores que para él, por supuesto. Autorizado por mis dos colegas revisé la transcripción, escogí algunas de esas observaciones y las incluí en una columna que ellos conocieron y aprobaron antes de que fuera publicada. ¿Qué infidencia podía haber si los propios autores de la entrevista consideraron que cabía bien divulgar esos párrafos sin atentar contra confidencialidad alguna? Un editorial posterior de "El Tiempo", que habla de mi elección para el premio Moors Cabot, viene a ser una especie de sobreseimiento definitivo a mi actitud. Al menos así lo entendí yo. No sólo reafirma mi condición de periodista, sino que deja en claro mi calidad de caballero, cosa totalmente nueva para mí.
S.: ¿Significa lo anterior que hay o hubo crisis en "El Tiempo", como lo aseguró "El Siglo "?
D.S.: En ningún caso. Lo bueno de "El Tiempo" es que la libertad de opinión no es allí un mero concepto, sino un ejercicio cotidiano. Los columnistas tenemos posibilidad de discrepar del editorial, y el editorial tiene suprema autoridad para llamar la atención a los columnistas. Así debe funcionar un periódico, y creo que eso, a los ojos de los lectores, da vida e interés a sus páginas. Además "El Tiempo" me tiene el cariño que se le tiene a un hijo desaplicado, y yo le profeso el que tiene un hijo desaplicado a la mamá que a veces lo regaña.
S.: ¿Cómo trabaja "un hijo desaplicado"?
D.S: Con la mayor aplicación posible. Yo creo que hace rato terminaron los tiempos del periodismo bohemio, en que se pensaba que las mejores páginas eran las que se escribían desde la habitación de un alegre burdel con una botella de cognac a la mano. Este es un oficio serio, como ser médico o tocar violoncelo. Eso implica leer, escuchar, levantarse a la seis, camellar desde tempranito. Pero, como el periodista no puede tener un pacto de no intervención con la vida cotidiana, que es parte de su materia prima, también debe vivir como cualquier ciudadano: bailar salsa, ir a cine, oir boleros, asistir al estadio. Para un columnista es tan grave ignorar quién es Willy Colón como no saber quién fue Ortega y Gasset.
S.: ¿Cree que hay cabida para un tercer periódico nacional, como aspira García Márquez a que sea el suyo ?
D.S.: Me parece que en Colombia no hay espacio sino para un periódico y medio a nivel nacional. Allí han logrado acomodarse dos, pero, no veo fácil que se acomoden tres. A menos que se busque un público distinto al que hoy tienen "El Tiempo" y "El Espectador". Por eso pienso que el periódico de Gabo tendría que aspirar a una circulación menos vasta, pero a una influencia más definida y concentrada, que se ejerza sobre lectores bastante más sofisticados que los que compran "El Tiempo" para buscar un televisor viejo en los limitados o "El Espectador" para ver las fotos del partido de fútbol de la víspera. Sería un lector que adquiriría el nuevo diario como complemento de uno de los otros no como sustituto suyo. Si Gabo hace un periódico bien escrito y de análisis --que lo puede hacer, porque GGM es un extraordinario periodista-- podría encontrar un sitio bajo el cielo. El país lo necesitaría. Incluso los demás periódicos, para sentirse estimulados.
S.: ¿Cómo hace un periodista como usted para ganarse un premio por sus méritos en materia de "entendimiento periodístico interamericano "?
D.S.: Es sencillo: basta con que los jurados se equivoquen. Hay un grupo de eminencias en la Universidad de Columbia que cada año examinan propuestos por antiguos ganadores del premio, candidatos de todo el continente. Uno siempre debe contar con el error ajeno. Incluso con dos errores ajenos. El primero fue cuando alguien me postuló (yo no fui, se lo aseguro) y el segundo cuando los jurados le creyeron. Pero ya el mal está hecho, y ahora trataré de que no se desprestigie mucho el premio. Sin embargo, viéndolo bien, me parece que he hecho bastante por el "entendimiento interamericano": soy hincha de la selección del Brasil, tuve una novia boliviana, me fascinan los humoristas argentinos, cargo foto de la chilena Violeta Parra en mi billetera, me encanta el ceviche de Guayaquil, creo que el mexicano Juan Rulfo es un genio, bailo salsa como un antillano y soy adicto perdido de las hamburguesas gringas. Para no hablarle de que estoy tratando de estrechar aún más, si cabe, los lazos con Sonia Braga.
Daniel Samper acaba de regresar de los Estados Unidos, de recibir el premio "Moors Cabot", que "El Tiempo " ha calificado como "el Nobel de los periodistas". Con este motivo, lo entrevistó SEMANA.
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