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Opinión

  • | 2011/12/24 00:00

    Noche buena sin Papá Noel

    Esta vez el Bolillo declaró que por amor a su esposa suele hacer pipí sentado. Qué manera tan bonita de expresar el cariño.

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Me gustan la navidad y todas las tradiciones que la clase dirigente promueve por esta época. Este fin de año, por ejemplo, los protagonistas de la escena política jugaron aguinaldos desde temprano: Petro se trajo a Navarro para jugar 'tres pies'; Uribe juega con Santos a hablar y no responder; Tomás Concha juega 'pajita en boca' con su asesora. Hasta el registrador ruega a quien se le cruce que jueguen al 'beso robado'.

Inspirado en las noticias del último mes, este año soñaba con hacer un pesebre vivo, con personajes reales: que los Nule fueran los tres reyes magos, se llevaran todo el oro y solo les dieran tres años de cárcel; que los uribistas desplazaran a los pastores y les asignaran la tierra a los Dávila Abondano; que el musgo estuviera dramáticamente inundado y que en el portal no hubiera un burro y un buey, sino dos empleadas de servicio negras que sostuvieran bandejas de plata detrás de la cuna. Pero me desanimé cuando supuse que, en ese orden de ideas, el Niño Dios, es decir, el elegido, sería Simón Gaviria, a quien quiero y admiro porque a pesar de sus evidentes limitaciones ha llegado muy lejos, pero quien de todos modos me deprime porque me recuerda a un compañero al que también peinaban con lamidos de vaca.

Descartado el pesebre, quise organizar una cena navideña aprovechando que mi mujer hace un ajiaco que, como el mismo Germán Vargas dijo cuando lo probó, queda para chuparse los ñocos. Era noche de paz. Convoqué a quienes ofendí este año para que dobláramos juntos la página: a Carlos Mattos, para regalarle un bizcocho de cuero; a María Jimena, para darle un babydoll nuevo; a Cielito Lindo Salazar, a quien le tenía un juego de sábanas para su motel. También al presidente Uribe, que confesó recientemente que habla con animales, y al senador Corzo, para que hablara con el presidente Uribe. Incluso a Pachito, para que me ayudara con las instalaciones eléctricas del árbol.

Compré vino y aguardiente por si venía el Bolillo, ya que, como explicó en una entrevista, esos fueron los tragos que mezcló cuando le pegó a la moza: esa es mi gente linda. En esa entrevista hablaba duro, como si estuviera bravo. Ahora le salimos a deber, me dije. Pero después me puse de su lado. La verdad es que acá abunda la doble moral: ¿quién no toma vino con aguardiente y, ya puesto en esas, le pega a una mujer? Además, esta vez el Bolillo fue más allá y declaró textualmente que por amor a su esposa él suele hacer pipí sentado. Qué manera tan bonita de expresar el cariño. Ahora sabemos que si Yidis hacía pipí sentada en las materas era por respeto a Sabas. Y que si el amor de Galat es un poco contenido es por culpa del pañal.

De todos los invitados a mi cena navideña, sin embargo, el más importante era Luis Carlos Restrepo, porque iba a disfrazarse de Papá Noel. En un principio pensé que, dada su abultada talla abdominal, Angelino podía representar ese papel. Pero vi la barba blanca de Luis Carlos Restrepo y supe de inmediato que él era el hombre. Además, imaginaba que irrumpiría en la cena con un ejército de falsos elfos. Angelino, por mucho, habría llegado con un ejército de belfos. De elfos belfos.

Reconozco que en su momento desconfiaba de Restrepo, pero no porque montara falsas desmovilizaciones: finalmente lo hacía en aras de los intereses superiores de la patria, como los tenían enseñados en ese gobierno. No. Lo que me dolía era su mediocridad. Qué desmovilización tan mal montada, Dios Santo. El señor ese que disfrazaron de guerrillero con una boina roja no parecía comandante guerrillero sino mesero de Andrés Carne de Res. ¿No podían esforzarse más? ¡Si en Colombia abunda el talento actoral! Al pobre Jean Claude lo dejaron maquillado y con las mallas listas, por ejemplo.

Desconfiaba de Restrepo, digo, pero eso era antes. Ahora, con esa barba blanca y esa cara roja y congestionada, veo en él una versión mejorada de Papá Noel. Por eso le tenía listo no solo el disfraz para que repartiera los paquetes, sino los paquetes mismos, dentro de los que destacaba Juan Manuel Galán, que ya había confirmado.

Estaba optimista. Quería celebrar que este fue el año del amor: el año en que Juan Manuel Dávila y Valerie Domínguez demostraron que eran de esos amantes que son cómplices en todo; el año en que Petro subió a la Alcaldía gracias a su política del amor. El año, en fin, en que Viviane volvió con Lucio porque, ay, el amor es tuerto.

Quería compartir con todos ellos y orar por este país en que abundan la corrupción y la desigualdad y en el que, en lugar de protestar, la gente ve Suso el Paspi. Quería pedirle a Dios que se acabara nuestra indiferencia, que se acabara nuestra apatía. Y, sobre todo, que se acabara Suso el Paspi.

Pero cuando ya estaba todo listo, la Fiscalía le imputó cargos al excomisionado Restrepo, y este no se apareció por la comida. Ni siquiera se excusó. A lo mejor se fue a Panamá a una rumba con la Coneja Hurtado. Todo fracasó: los invitados se fueron antes de comer, Pachito y los demás niños se quedaron sin regalos y yo rumié un sentimiento de derrota que se volvió de terror cuando el registrador apareció repentinamente y me rogó que jugáramos al 'beso robado'. Que no les pase lo mismo; que tengan la mejor de las navidades: ¡felices fiestas para todos!
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