Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1992/12/14 00:00

Nombres vicepresidenciales

El principal requisito de un vicepresidente es el de poseer temperamento para el manejo de las crisis.

Nombres vicepresidenciales

LOS VICEPRESIDENTES, POR LO GENERAL, deben diferenciarse, más que parecerse, a los presidentes, pues juegan a ser complemento de estos últimos en los vacíos o puntos débiles que tengan. Más aún en un país como Colombia, lleno de resentimientos de todo tipo, que podrían ser neutralizados con un vicepresidente apropiado: por ejemplo, al candidato presidencial que le interese atajar los resentimientos generacionales, pues se irá por un vicepresidente de perfil joven. Al que le preocupen más los resentimientos regionales, se decidirá por un costeño. Al que desvelen los resentimientos sociales, se aliará con un sindicalista. Y el que prefiera lidiar con los resentimientos sexuales, preferirá escoger una candidata mujer para la vicepresidencia. Pero el vicepresidente también podría complementar al presidente matizándolo ideológicamente, asesorándolo en campos que no domine, o manejándole aquellos en los que prefiera hacer énfasis, como la economía o la política internacional.
Ya comienzan a sonar nombres de posibles candidatos a vicepresidente, que llenarían cualquiera de estos vacíos. Por ejemplo, nombres como los de David Turbay o Fuad Char acercarían los votos de la Costa a cualquier candidato presidencial. Si de lo que se trata es de explotar la alternativa femenina, nada mejor que esa especie de "rosa de los vientos" en que se ha convertido la actual canciller, Noemí Sanín. Nombres como los de Juan Manuel Santos, o Fernando Botero, serían el complemento joven no manzanillo, con perfil de políticos modernos, que además se desempeñarían a las mil maravillas en el campo internacional. Si lo que se busca es perfil partidista, en el campo liberal, o antipartidista, en el conservador, pues ahí están nombres como el de Humberto de la Calle u Horacio Serpa.
Pero si el candidato conservador se decidiera por un vicepresidente conservador, existen innumerables nombres con categoría de coroneles que serían excelente pareja electoral: un Augusto Ramírez, experimentado en las lides internacionales, un Jaime Arias, interesante alternativa joven, un Enrique Gómez, con llamativos planteamientos morales, o un Carlos Holguín, experimentado político con representatividad regional, o un Juan Diego Jaramillo, con modernas ideas partidistas, o incluso un Juan Carlos Esguerra, con perfil de jurista joven poco contaminado por la política.
Pero ojo: de una simple dignidad, la vicepresidencia podría pasar a jugar un papel clave, tal como gradualmente viene sucediendo en los EE.UU. En este país, el único del mundo con tradición vicepresidencial, este cargo no tenía ninguna importancia, hasta hace 40 años. A tal punto que se hizo célebre una frase que el primer vicepresidente de los EE. UU., John Adams, durante la presidencia de Washington, le escribió en una carta a su señora: "Mi país me ha inventado en su inmensa sabiduría el cargo más insignificante e inútil que la imaginación pueda concebir". Y esta otra frase, de John Gardner, vicepresidente de Roosevelt: "La vicepresidencia no vale ni una escupa en un día de verano".
Pero esa poca importancia se creció radicalmente en los últimos 15 años, especialmente después del caso Watergate. El vicepresidente norteamericano pasó de un papel ceremonial, a ejercer uno de verdadero asesor, tanto en temas domésticos como externos. Hoy por hoy los "vices" norteamericanos son presidentes del Senado, miembros del Consejo Nacional de Seguridad, representantes diplomáticos en el exterior, y vicepresidentes del partido. Pero lo más importante es que en los EE.UU., la vicepresidencia es efectivamente un camino hacia la presidencia. De 42 presidentes norteamericanos, 14 han sido previamente vicepresidentes. De los últimos 10 presidentes, la mitad ha salido de la vicepresidencia. Lo que significa que los vicepresidentes de los EE.UU. tienen un 50 por ciento de posibilidades de convertirse en presidentes.
Por lo general, los "vices" norteamericanos han servido de complemento regional del presidente. Eisenhower era del centro del país, y Nixon de California. Kennedy era del norte y Johnson del sur. Carter era "outsider" de Washington y Mondale "insider". Pero también ha habido complementos ideológicos: Nixon era experto en política externa, por lo que buscó a Agnew, que lo era en política doméstica. Reagan era del ala radical del conservatismo, y Bush de la moderada. Y en el caso actual, Clinton carece de la experiencia en política exterior que buscó complementar con lo que le sobra a Gore, además de que el perfil de mujeriego del nuevo presidente de los EE.UU. se lo neutraliza la imagen de hombre de familia que tiene Gore.
Sin embargo, hay un requisito más. Los vicepresidentes tienen que tener temperamento para el manejo de las crisis, pues su verdadero papel es el de ejercer en ausencia del titular. Truman lo hizo a la muerte de Roosevelt, Nixon temporalmente cuando el infarto de Eisenhower, Johnson cuando la muerte de Kennedy, Gerald Ford cuando la renuncia de Nixon...
Todo lo anterior significa que el próximo vicepresidente colombiano no debe ser tomado a la ligera. Al contrario, podría estar cobijado por las reflexiones que en cierta oportunidad hacía Thomas Jefferson, cuando era vicepresidente de John Adams: "Soy consciente de que no soy nada, pero que a la vez de que puedo serlo todo". -

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