Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/10/17 00:00

¡ Nos despelotamos! (¿o nos empelotamos?)

Para explicar las mejores técnicas de masturbación utiliza un papelógrafo en el que dibuja todo con pelos y señales. Y el público, quieto

¡ Nos despelotamos! (¿o nos empelotamos?)

No me considero una zanahoria ni una moralista a ultranza. Pero la verdad es que he venido observando con asombro cómo la radio, la prensa, la televisión y las revistas han pasado en lenguaje e imágenes de sexo unos límites que en otras partes del mundo todavía escandalizarían, mientras que aquí ya casi bordean lo cotidiano.

Quién iba a pensar, por ejemplo, que entre dos caballeros como Poncho Rentería y Salvo Basile se armaría una polvareda jurídica porque el segundo acusó al primero de ser famoso por su mal desempeño en materia sexual. Claro. Los abogados que va a contratar Poncho van a tener que lidiar con un lenguaje más duro, que yo no me atrevo a repetir aquí, porque haber visto esa palabra publicada en El Tiempo es equivalente a encontrarse con la palabra gringa de cuatro letras que empieza por 'F' publicada en el New York Times.

Allí no ha pasado nunca, ni pasará tal vez jamás. Pero pasó en Colombia, en el principal periódico del país. Y en lugar de producir escándalo muchos lo interpretamos como un episodio de la picaresca criolla, capaz de arrancar más sonrisas que bochorno.

En la radio la cosa viene desde antes. Con su gracia y agudeza intelectual, Julio Sánchez se atrevió hace mucho tiempo en su programa a tratar temas que antes nadie había osado tocar. Y aunque todavía hay algunos que se manifiestan ofendidos, no hay duda de que sus atrevimientos en materia de temas sexuales han sido parte de su éxito, por entretenidos, originales e inverosímiles en muchos casos.

La última semana María Elvira Arango salió a patrullar en un insólito prostíbulo que tiene una piscina en pleno centro de Bogotá, y con el mayor desparpajo y su gracia habitual les hizo a las niñas unas preguntas inimaginables por lo directas y descarnadas.

Y qué decir del lío en que se metió Félix de Bedout para averiguar si Natalia París se había tomado sus últimas fotos en una conocida revista con calzones o sin calzones, porque el chisme decía que mostraba más de lo debido. Pero hábilmente, Félix salió del lío diciéndole a Natalia que de cualquier manera había salido muy "cuca" en las fotos.

Y a propósito del otro significado -ese sí muy vulgar- que tiene esa palabra de cuatro letras, no podía creer lo que vi la semana pasada en un programa de televisión español: una peluquería especializada en darle formas estéticas a esa parte de la anatomía femenina.

El programa en cuestión, que se llama Dos Rombos, es de pies a cabeza sobre sexo. Su conductora es una mujer muy dulce y didáctica para quien no existen límites temáticos en esta materia. En medio de un público completamente serio y de invitados que aportan atrevidos conceptos, la conductora del programa tiene de adorno en la mitad del set una vasija donde revuelve toda clase de ayudas sexuales que enseña a manejar al público con los más mínimos detalles incluidos. Para explicar las mejores técnicas de masturbación utiliza un papelógrafo en el que dibuja todo con pelos y señales. Y el público, quieto.

Más que un programa sobre sexo, a uno le parece estar viendo uno de los consejos comunales de Álvaro Uribe.

Bueno. Al fin y al cabo, España es famosa por el atrevimiento de sus medios en el tema del sexo. Pero cuál no sería mi sorpresa al encontrar aquí en Colombia, en CityTv, un programa recién inaugurado con el nombre de Ciudad X en el que la peluquería de marras es muchísimo más explícita que en el programa español, y la seriedad del conductor y el público, la misma que la de los consejos comunales.

Atrevidísimas escenas de sexo van pasando a espaldas del presentador a manera de backing. Un travesti se confiesa, un grupo de invitados al programa juegan 'prendas' hasta quedar empelotos, la aseadora de un burdel lo cuenta todo, los miembros del 'club Jackass' se divierten con el dolor físico...

Ya mucho tiempo antes la revista SoHo había roto todo tipo de barreras. Confesiones de orgasmos de lesbianas, descripciones detalladas de parejas swingers y apologías del sexo oral, sensualísimas fotografías de hermosas mujeres a las que al contrario de Natalia París, sobra preguntarles si al momento de ser fotografiadas tenían calzones o no.

Este grado de liberalización del lenguaje imágenes sexuales se está dando cada vez más desenfrenadamente en Colombia, mientras en Estados Unidos pasan cosas como que Janet Jackson es multada con medio millón de dólares porque su compañero en el escenario le arrancó la blusa dejando al aire una parte muy especial de su anatomía durante el super-bowl. Qué contrastes, caramba.

Yo no sé si esta apertura es buena o mala. De lo que sí estoy segura es de que todo es preferible al más mínimo intento de censura, que es la verdadera culpable de que las cosas que trata de tapar se vuelvan realmente malas.

ENTRETANTO. ¿No es mucha gracia que ad portas de una reforma tributaria que nos soba a todos, Mario Aranguren haya pasado de ser un funcionario medio odiado a uno de los hombres más serios y respetados del gobierno?

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