Lunes, 23 de enero de 2017

| 2004/03/28 00:00

Nos merecemos un Plan Colombia II

Resultó oportuna la visita que por estos días realizó el presidente Alvaro Uribe en Washington para ambientar el inicio de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y la continuación de la cooperación de esa Nación a la lucha contra el narcotráfico que se libra en territorio colombiano.

Nos merecemos un Plan Colombia II

Sobre todo ahora que existen suficientes elementos de juicio para evaluar los resultados del Plan Colombia y no menos para encarar una negociación de un acuerdo bilateral de comercio.

Uno de los territorios sobre el cual se desplegó el Plan Colombia fue el departamento de Putumayo que para 1999 registraba 66.022 hectáreas de coca. Hoy de acuerdo con la información de la Policía Antinarcóticos se registran 7.672 hectáreas, es decir se han erradicado 58.350 hectáreas. De éstas, cerca de 20.000 fueron el resultado de la voluntad de miles de campesinos que arrancaron sus arbustos de coca y se involucraron en programas de desarrollo alternativo. El resto, hay que reconocerlo, fueron destruidas a través de la aspersión aérea.

En estos momentos al pueblo del Putumayo, a pesar del conflicto armado y de albergar en su territorio a 24.888 personas desplazadas (casi el 10% de su población total), le asiste la convicción colectiva de pasar la página de la historia de la coca y construir un nuevo Putumayo bajo los preceptos del desarrollo sostenible. Es justo reconocer que los recursos del Plan Colombia invertidos en desarrollo económico están empezando a dar sus frutos pues gracias a ellos el departamento está a punto de dar el salto de una economía de enclave que a lo largo de su historia (incluyendo la coca) ha generado pobreza y deterioro ambiental, a una agroindustrial que podría generar valor agregado, empleo y riqueza aprovechando de manera sostenible la oferta natural de la región. Incluso, nuestro Ministro de Comercio ha propuesto incorporar en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos una cláusula que permita accesos preferenciales a los productos originados en zonas que hayan erradicado cultivos de uso ilícito.

Por todas estas razones es fundamental que el flujo de recursos de cooperación internacional destinado a inversión social y desarrollo económico continúe hacia el Putumayo. No hacerlo significaría, paradójicamente, un castigo por los esfuerzos de erradicación, significaría también acabar con las esperanzas de un buen número de campesinos que creyeron en el Estado y erradicaron sus cultivos ilícitos, pero además, sería ante todo, el desperdicio de una gran oportunidad para legitimar el Estado en un territorio cuya historia ha sido caracterizada por la ausencia del mismo.

* Representante a la Cámara por el Putumayo.

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