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Opinión

  • | 1999/11/01 00:00

    NUESTRO REAGAN

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La gran polemica del momento en Estados Unidos es la que se ha armado alrededor de un
libro llamado Dutch que acaba de salir del horno. Se trata de una biografía del ex presidente norteamericano
Ronald Reagan, quien, en opinión de amigos y de enemigos, indudablemente cambió a fondo a Estados
Unidos, al devolverle el orgullo y el patriotismo a su pueblo, y dejó su huella en la política universal por
cuenta de su influencia en la caída del comunismo.
La polémica sobre le libro es de forma y es de fondo. De forma, porque algunos consideran demasiado poco
ortodoxo que en la biografía de un personaje público, basada en hechos ciertos y datos confirmado, aparezca
un personaje de ficción que es el que narra la vida de Reagan. De fondo, porque según los analistas, el autor
del libros, Edmundo Morris, echó mano del personaje ficticio como un mecanismo literario de protección al
descubrir, después de 14 años que invitió en la investigación de la vida del ex presidente y de los tres
millones de dólares que le pagaron por escribirlo, que definitivamente no había podido captarlo.
A Reagan, el autor lo encontró superficial, simplista y frío como témpano. Pero concluye que la
característica principal de esa personalidad que logró transformar el mundo y producir los cambios más
importantes en Estados Unidos desde la época del presidente Truman, se basó en ser un hombre de tres
ideas, que defendió divulgó y defendió apasionada, testaruda y permanentemente durante sus ocho años de
gobierno: el comunismo es malo, los impuestos que se les cobran a los norteamericanos son muy altos, y el
gobierno es muy grande. De alguna manera veo reflejado en el caso de Reagan algunas características de la
personalidad de Andrés Pastrana y las posibilidades políticas de su gobierno.
Claramente los colombianos saben que Andrés Pastrana no es un gran experto en ningún tema de gobierno.
Y que en el estilo, se han parecido más un Lleras, un López o un Gaviria entre sí, que Andrés Pastrana con
alguno de ellos.
La diferencia del actual Presidente colombiano con la tradicional personalidad de sus antecesores, es que
Pastrana es un hombre de instintos más que de conocimientos, lo que determina que no sea un
gobernante de tesis sino de temas.
Y sus temas son tres: la paz es obtenible, la dignidad del país es recuperable y la economía es rescatable.
De la forma como viene insistiendo testarudamente en ellos es indicativo que en el esfuerzo de concretarlos lo
tienen sin cuidado las encuestas de opinión.
Una anécdota indica hasta qué punto Andrés Pastrana es obsesivo con sus temas. En alguna isla del Caribe,
a donde viajó a recuperarse de su derrota política frente a Samper, le comentó a algún amigo cercano: "Lo
que más siento de haber perdido las elecciones es que realmente creo que yo hubiera podido hacer la paz".
Y en lo que va corrido del experimento con las Farc, Pastrana ha demostrado precisamente todo lo que
confía en su instinto. Probablemente es por eso que no ha manejado la paz asesorado por conocidos expertos
que tiene el país, sino que al proceso le ha puesto su sello personal basado en una simple premisa, que tiene
muy poco de académica: la de que cree en la palabra de 'Tirofijo'. Si, por el contrario, Pastrana fuera un
hombre de tesis, la fallida comisión de verificación habría sido una muy firme e irreversible decisión que
no hubiera dejado desenredar el proceso.
Reagan logró derrotar al comunismo después de cuarenta años de exitencia, cuando quebró al gobierno
soviético obligándolo a entrar en una carrera armamentista que no pudo sufragar.
Pastrana indudablemente ha logrado poner en el centro de los temas del país el del conflicto guerrillero, y en
cuanto al exterior, después de cuarenta años, el mundo recién se entera de la existencia de la guerrilla
colombiana y de los esfuerzos que está haciendo el gobierno para neutralizarla.
Sin ser tampoco un experto en el tema económico el instinto de pastrana le ha permito tener absolutamente
claro cuáles son las cinco cosas que necesita el país para rescatar su economía. En su reciente visita a
Estados Unidos los expertos con los que se entrevistó quedaron convencidos de que el Presidente
colombiano tiene muy claro cuál es el camino. Y la forma como viene comportándose el dólar después de la
caída de la banda cambiaria indica que incluso los propios colombianos están recobrando gradualmente el
optimismo. Y en cuanto a la recuperación de la dignidad de Colombia en el exterior, sólo algunos de sus
más recalcitrantes opositores no creen que Pastrana inauguró ya el duro y difícil proceso.
El ejemplo de las tres ideas que obsesionaron a Reagan y los resultados que obtuvo al aplicarlas nos
permiten, en conclusión, hacer algunas reflexiones sobre el gobierno Pastrana. Si nuestro Presidente logra
poner en práctica los tres temas de su gobierno, no necesitará ser un Winston Churchill, para terminar su
gobierno convertido en uno de los presidentes colombianos más influyentes del siglo.
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