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Opinión

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Con motivo de la guerra de Yugoslavia escribe Noam Chomsky un severísimo artículo
sobre la hipocresía de la política internacional norteamericana titulado 'Juzguemos a EE.UU. por sus hechos,
y no por sus palabras'. Esa severidad no es nueva en Chomsky, ni mucho menos. Lo que sí es nuevo _y lo
demuestra el que esta vez su artículo sea reproducido por una docena de grandes periódicos europeos_ es
que empiece a ser ampliamente compartida. No voy a glosar el texto de Chomsky, que _como es habitual
en él_ es largo y denso. Sólo quiero referirme aquí a uno de los ejemplos que cita, referido a Colombia.
Explica que, en casos como el de las masacres de Kosovo que sirvieron para justificar esta guerra, las
potencias extranjeras al conflicto interno tienen tres posibilidades: "1: Contribuir a la escalada del
desastre. 2: No hacer nada. 3: Intentar mitigar la catástrofe". Concluye que los gobiernos de Estados
Unidos escogen siempre la primera en nombre de la tercera. Y, hablando del caso de Colombia, dice
así:
"En este país, según los cálculos del Departamento de Estado, el volumen anual de asesinatos políticos
llevados a cabo por el gobierno y sus colaboradores paramilitares es parecido al que había en Kosovo antes
de los bombardeos, y el número de refugiados que huyen, sobre todo de esas atrocidades, sobrepasa
ampliamente el millón de personas. Colombia ha sido el principal beneficiario de las armas y el
entrenamiento estadounidenses en el hemisferio occidental a lo largo de los años 90, al mismo tiempo
que la violencia iba en aumento, y la ayuda está incrementándose en la actualidad con el pretexto de la
'guerra contra las drogas', una excusa que desechan casi todos los observadores de cierta entidad".
Lo que dice Chomsky es evidente. Pero ¿significa eso que los gobiernos de Andrés Pastrana, Ernesto
Samper y César Gaviria (para no salirnos de esos años 90) son comparables al régimen criminal de
Slobodan Milosevic, justamente considerado 'el carnicero de los Balcanes'?
Por sus intenciones, probablemente no. O más bien, para analizar, como Chomsky, desde el ángulo de la
hipocresía, por sus intenciones declaradas. No es fácil creer que el objetivo de gobierno de esos tres
presidentes colombianos sucesivos (más los anteriores) haya sido una 'limpieza étnica' (en el caso
colombiano, limpieza social: la inmensa mayoría de las víctimas son pobres). Y tampoco comparables
por sus medios: pues lo cierto es que, a diferencia del presidente serbio, los de Colombia no mandan de
verdad sobres sus propias fuerzas de limpieza. Ni sobre sus militares, ni, menos aún, sobre sus
paramilitares. No mandan, pero tampoco se esfuerzan ni por combatirlos ni por controlarlos.
Gaviria, que los heredó del gobierno de Barco _del cual era ministro_, les dio alas. Samper los maquilló de
'Convivir'. Pastrana quiere darles estatus político.

Pero a los gobiernos no hay que juzgarlos por sus intenciones (siempre buenas y justas: el propio
Milosevic afirma que en Kosovo no hace nada distinto de combatir una guerrilla terrorista). Sino por sus
resultados. Y los resultados obtenidos por los últimos tres gobiernos de Colombia sí son equiparables, en
términos de sufrimiento humano, a los logrados por Milosevic en su país.
Sólo existe _volviendo a Chomsky_ una diferencia entre ellos y el tirano de Belgrado. Que esos resultados
los han obtenido, y los siguen obteniendo, con la bendición explícita del gobierno de Estados Unidos, y con
su ayuda: con su dinero, con su entrenamiento y con su armamento. Ni siquiera Samper, llamado 'paria' y
privado de su visa, dejó en ningún momento de recibir ese dinero, ese entrenamiento y esa ayuda. Es
esa diferencia, y sólo esa, la que explica que Gaviria, Samper y Pastrana no sean considerados criminales
de guerra por la opinión pública internacional. Por el contrario: son considerados luchadores por la libertad.
''Freedom fighters", llamaba también el Departamento de Estado norteamericano a los jemeres rojos de Pol
Pot en Camboya y a los talibanes islámicos de Afganistán en su momento, cuando los unos combatían a
los vietnamitas y los otros a los soviéticos. Y así como César Gaviria es secretario general de la OEA, Pol
Pot hubiera debido convertirse en secretario general del pacto asiático llamado ASEAN. Y así como
Ernesto Samper dicta clases de buen gobierno en las universidades de España, Pol Pot hubiera
debido dictarlas en las de Francia. Y así como Andrés Pastrana es recibido con honores por el presidente
Bill Clinton y por el Papa Juan Pablo II, así debiera ser recibido Slobodan Milosevic.
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