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Opinión

  • | 2012/01/07 00:00

    Nuevos mandatarios, esperanzas y preocupaciones

    No es seguro que quienes despiertan muchas esperanzas al final presenten una gran obra de gobierno. Pero más difícil es que quienes llegaron montados en el hombro de fuerzas oscuras entreguen grandes realizaciones.

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Tengo la esperanza de que Gustavo Petro, Sergio Fajardo, Aníbal Gaviria, Rodrigo Guerrero, Elsa Noguera, José Antonio Segebre, Carlos Caycedo y Donamaris Ramírez puedan abrir nuevos caminos para las importantes ciudades y los decisivos departamentos que van a gobernar en los próximos cuatro años.

La trayectoria de estos mandatarios, su independencia frente a las mafias y los actores violentos, los planes y propuestas que han anunciado y los gabinetes que han conformado suscitan una gran ilusión. No son gobernantes improvisados, han estado en la política o en la administración por largo tiempo y tienen en su haber grandes realizaciones. Se la jugaron a lo largo de la campaña a tomar distancia de grupos y personas vinculados a la parapolítica o con serios señalamientos por alianza con fuerzas ilegales.

Al asumir el cargo, han insistido en librar una batalla a muerte contra la corrupción. Fajardo anuncia este propósito en la consigna ‘Por una Antioquia Legal’. Se han comprometido a contener el nuevo ciclo de violencias que azota a las grandes ciudades por la acción de las bandas criminales y a buscar salidas pacíficas para la oleada de conflictos que sacuden a la sociedad colombiana. Mención especial merece el debate sobre el desarme de la ciudadanía y la recuperación del monopolio de las armas por parte del Estado que abrió Petro en Bogotá.

En todos los discursos palpitan temas como la inclusión social, la reparación de las víctimas, la modernización del Estado, la construcción de ciudades más humanas y más responsables con el medio ambiente. Temas válidos para todos los municipios y departamentos, pero especialmente significativos para ciudades como Cali, Cúcuta y Santa Marta, que afrontan problemas profundos de segregación social y de pobreza en su territorio, o para departamentos como Antioquia, punto de cruce de las últimas violencias y lugar clave de los retos mineros.

En contraste, tengo una enorme preocupación por los gobiernos de Héctor Fabio Useche, Richard Aguilar, Guillermo ‘el Mello’ Cotes, Francisco ‘Kiko’ Gómez, Facundo Castillo, Nelson Mariño, Alejandro Lyons Muskus y Luis Alberto Monsalvo Géneco. Estos candidatos afrontaron graves cuestionamientos a lo largo de la campaña por vínculos con personas procesadas por parapolítica o por aceptar apoyos de dudosa procedencia.

Tres de ellos: Aguilar, Lions Muskus y Cotes, que gobernarán a Santander, Córdoba y Magdalena, departamentos sumamente complejos, bordean los treinta años y no tienen experiencia política alguna. Es evidente que dieron tremendo salto apoyados en personas de gran poder e influencia que no podían o no juzgaban conveniente presentar su nombre a la consideración de los electores. Pero esos, que están atrás, serán quienes lleven la voz cantante en muchas de las decisiones de gobierno.

Useche, Gómez, Castillo, Monsalvo y Mariño, que tendrán a su cargo el Valle, la Guajira, Arauca, Cesar y Casanare, departamentos que manejaran recursos cuantiosos, tienen una mayor trayectoria, pero, de igual manera, cargan con pesados cuestionamientos y algunos afrontan procesos judiciales y disciplinarios que afectarán, sin duda, su gestión.

Se pensaba que, debido a la vigilancia y a las críticas de la prensa y de la opinión pública, estos gobernadores se inhibirían de nombrar a personas pertenecientes a los grupos cuestionados. No ha ocurrido así. De manera desafiante, los mandatarios han decidido llevar a sus equipos de gobierno a personas claramente enlazadas con la corrupción de anteriores mandatos y con notorios jefes de la parapolítica.

No es seguro que quienes despiertan grandes esperanzas por su historia, sus ideas y sus equipos al final presenten una gran obra de gobierno. La política es un oficio azaroso. Hay fuerzas adversas al acecho y obstáculos que no siempre se pueden eludir. Pero más difícil es que quienes llegaron montados en el hombro de fuerzas oscuras y se empeñan en mantener a estos sectores a su lado puedan al final entregar grandes realizaciones.

En cuatro años sabremos en qué terminarán unos y otros. Pero, entre tanto, sería muy conveniente que los medios de comunicación y la opinión pública ejercieran una veeduría especial sobre los mandatarios cuestionados. No será fácil, pero es una obligación ineludible con la democracia.


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