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Opinión

  • | 1986/09/15 00:00

    OCASO EN EL MEDIODIA

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La dueña al director: "Los socíos de Telestudio somos liberales y apoyamos al nuevo gobierno liberal presidido por el doctor Barco. Si alguna política se refleja en el Noticiero del Mediodía deberá ser la de los socios, no la de ninguno de los empleados de Telestudio. (...) En ningún caso el Noticiero del Mediodía presentará personas que por cualquier causa se encuentren fuera de la ley sin consultar previamente con los socios de Telestudio".
El director a la dueña: "Por razones obvias que resulta innecesario enumerar aquí, presento renuncia irrevocable como director del Noticiero del Mediodía. Empiezo a pagar desde hoy el preaviso correspondiente".
El CPB a la dueña y al director: "La pretensión de los socios de Telestudio de imponer en las informaciones su personal criterio político, de crear vetos para la oposición, de someter el juicio profesional de los periodistas sobre las noticias a una junta de socios propietarios; y de subordinar el carácter noticioso de un hecho a los intereses económicos de la empresa, entra en abierta contradicción con el objetivo que se proponen los códigos de ética y responsabilidad periodística...".
El anterior es, un tanto macheteado, el resumen del incidente ocurrido la semana pasada en el Noticiero del Mediodía, que culminó con la renuncia de su director, Heriberto Fiorillo. Este consideró imperdonable que la dueña del noticiero, María del Rosario Ortiz, le hubiera escrito una carta para imponerle la orientación política del espacio noticioso, por considerar que atentaba contra su formación y ética periodísticas.
Y desde luego tenía razón en renunciar. Pero no porque la señora Ortiz le hubiera recordado la filiación política del noticiero y la necesidad de que los intereses de los socios no fueran afectados por su contenido. Sino por haber recibido todas estas instrucciones por escrito.
En este sentido, la carta de la dueña del noticiero puede considerarse como un monumento a la torpeza, y ciertamente lo es. Pero también como un monumento a la honestidad, al haberse atrevido a escribir todo lo que nadie había osado decir, salvo verbalmente: que en Colombia, como en cualquier país capitalista, el que manda es el dueño.
Se escandalizarán los estudiantes de primer semestre de periodismo, los filántropos, los galanistas y los miembros del comité de ética del CPB, pero esa es la realidad.
Y nadie la ilustra mejor que Fidel Castro, en una respuesta a un periodista que le pregunta por qué en Cuba no hay libertad de prensa: "Mira, chico, le dice, libertad de prensa no hay en ninguna parte del mundo. La diferencia con otros sitios es que aquí no somos hipócritas. En todas partes del mundo solamente se publica lo que le da la gana al dueño. En los países capitalistas los dueños de los medios de comunicación son particulares, y aquí en Cuba el dueño es el Partido Comunista".
La dialéctica del Comandante explica a la perfección el incidente ocurrido en el Noticiero del Mediodía. Al parecer, la dueña y los socios del noticiero estaban aburridos de ver desfilar a la guerrilla por su espacio, y decidieron decírselo al director. Y hasta ahí estaban en su derecho de acuerdo con el funcionamiento del sistema capitalista.
La equivocación, repito, fue haberlo hecho por escrito. Se necesita ser un ingenuo para desconocer que existe un acuerdo tácito entre empresarios y periodistas. Si se entra a trabajar en un medio es porque se está aceptando un cierto margen de adaptabilidad, que implica el ejercicio de una dosis de auto-censura. Esta comienza a funcionar en el momento en el que el periodista se ve obligado a tragar los intereses particulares -personales o políticos--de los dueños del medio. Y termina en el momento en el que esos intereses amenazan su ética e integridad profesional.
Eso no se escribe en ningún contrato de trabajo, pero se practica a todo lo largo y ancho de los medios de comunicación. Jamás se publicaría en El Espectador por ejemplo, la noticia hipotética de que allá pagan los sueldos más bajos del país, ni se transmitiría en RCN un comentario contra el alza de las gaseosas. De manera que, perfectamente, la dueña del Noticiero del Mediodía , podía exigir que se cumplieran ciertas pautas que ella deseaba marcarle al contenido periodístico, incluyendo su orientación política.
El problema es que eso, dicho por escrito, violó las reglas de juego de ese consenso entre periodistas y empresarios. Y el señor Heriberto Fiorillo, que se caracteriza por su independencia, competencia e indudable talento -que ya comenzaban a reflejarse en la evidente recuperación del noticiero- se vio obligado a renunciar, porque de no haberlo hecho, esa carta habría dejado protocolizado por escrito su falta de objetividad y de integridad periodística.
Pese a todo lo anterior, y después de aceptar que en un sistema capitalista como el colombiano el dueño manda, así sea en una fábrica de cremalleras o de noticias, hay que reconocer que los noticieros colombianos son de los más independientes del mundo, salvo los norteamericanos, que lo son totalmente frente a los gobiernos de turno.
Ni a los noticieros ingleses se les permite hacer apología del IRA ni a los españoles de la ETA.
En Colombia, sin embargo, el proceso de paz permitió que la guerrilla, que estaba proscrita de la televisión, pudiera desfilar por las cámaras, con tanta libertad que incluso se llegó al exceso de entrevistar en vivo al asesino del abogado patronal Mustafá, suegro de la hermana de la entonces ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín.
Pero eso no es todo. El día en el que un periodista de algún noticiero se pare al frente de una cola del Seguro Social a decir que ese organismo constituye un modelo para el mundo, tendremos evidencia suficiente para pensar que ese medio se entregó al gobierno.
Mientras tanto, no nos escandalicemos al descubrir que mientras en los regímenes comunistas se publica lo que quiere el partido, en los capitalistas no se publica lo que no quieren los dueños. La diferencla está en que aquí, en contraste con Cuba, Heriberto Fiorillo pudo renunciar.
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