Lunes, 23 de enero de 2017

| 2003/01/12 00:00

¡Ojo, Lucho!

El tema de los vendedores ambulantes se ha tratado con tan poca autoridad que ya hay varios sectores invadidos

¡Ojo, Lucho!

Lucho Garzón arranca su alcaldía, pero no sin producir ciertas tempranas preocupaciones. La primera advertencia provino del propio Antonio Navarro, cuyas civilizadas diferencias con Lucho son "vox populi". En reciente entrevista Navarro se le adelantó a hacerle unas recomendaciones sobre su programa de comedores comunales para los niños bogotanos, advirtiéndole en otras palabras que la tentación de populismo no podía ir hasta la equivocación de sufragar alimentación gratis para quienes podían pagarla. Esta temprana intromisión en un programa bandera de Lucho no le debió caer muy en gracia al nuevo alcalde. ¿Será por eso que andan contando por ahí, que en un reciente almuerzo, Lucho dijo en público que el candidato del Polo para las próximas elecciones presidenciales era Horacio Serpa? Pero la palabra "populista" también la utilizó recientemente en otra entrevista su antecesor Antanas Mockus, confesando que no está con el Polo porque este movimiento no pudo plantear una cosa tributaria sensata. Y ahí fue cuando le mandó el indirectazo a Lucho: "Me parece complicado tener una agenda social fuerte y al mismo tiempo sin tributación. Me dan susto las tentaciones populistas". Todas las anteriores son advertencias de las tentaciones que no deben contagiar a Lucho, si desea que su paso por la alcaldía de Bogotá deje alguna huella. Pero las preocupaciones que comienza a despertar Lucho no sólo se limitan a posibles debilidades de su carácter. Algunos de sus subalternos han comenzado a soltar los primeros pinitos de los que serán unos próximos cambios en la administración de la ciudad, y más vale que los bogotanos saquemos las antenas. Ha corrido la bola de que la nueva alcaldía estaría pensando en acabar con la ley zanahoria. ¡Cuidado, Alcalde! Esta disposición fue fruto de muchos ensayos y mediciones en las dos anteriores administraciones y la conclusión contundente fue que los índices de violencia y criminalidad se controlan ostensiblemente mejor cuando se restringen los horarios de la rumba nocturna. Por ahí le escuché en la televisión al secretario de Gobierno, Juan Manuel Ospina, una voz mesurada de la administración, que lo malo no eran los horarios nocturnos sino el comportamiento de la gente. Pero a veces, planteamientos sensatos como éste no tienen pies en la realidad. Si las noches son más cortas la gente tiene menos tiempo de comportarse mal. Y esta es la conclusión que las estadísticas de las dos administraciones anteriores arrojan. Otro cambio que, se dice, están estudiando los asesores de Lucho, preocupados con razón por los trancones que por lo menos en un año y medio más tendrá que padecer la ciudad por cuenta de la construcción de las nuevas troncales del Transmilenio, es el de volver temporalmente el pico y placa permanente. Es decir, dos veces a la semana sin carro. Haber llegado a los horarios a los que se llegó no fue fruto de la improvisación de Peñalosa o de Mockus. Fueron varios meses de ensayos, de ajustes, de pedagogía ciudadana. Y la mitad de la ciudad estaba siendo removida entonces para construir los tramos del Transmilenio. Por otro lado, así como el impuesto del 3 por mil que empezó siendo dizque temporal, lleva dos años y ahora va en el 4 por mil, lo mismo podría suceder con el pico y placa permanente-temporal. Un año y medio de este experimento y ahí quedaremos los bogotanos sin carro dos días por semana. Esperemos que el nuevo alcalde no se lance en esta aventura sin una cuidadosa planeación de sus consecuencias. Por otro lado, el tema de los vendedores ambulantes se ha tratado con tan poca autoridad que ya hay varios sectores de la ciudad en los que la mercancía ha vuelto a tomarse los andenes. Es cierto que la gente tiene que comer. Pero me preocupa que en un ambiente de franca permisividad con los vendedores ambulantes el alcalde Lucho no tenga a su vez un plan de verdadero empleo que en lugar de incentivar el sector informal, logre formalizar a los informales. Por último, vi algo en la televisión que me tiene escandalizada: Un proyecto de algún nuevo concejal que pretende que la chicha sea declarada un símbolo nacional. Una lucha contraria la llevó hace más de 30 años, de manera muy valerosa y decidida, el ex ministro de Salud, profesor Jorge Bejarano. Su conclusión era que la chicha producía degeneración cerebral, hijos con taras, violencia y toda clase de horrores entre la población. Logró que una ley la prohibiera y este horrendo brebaje desapareció formalmente de las ventas callejeras. Hoy no sólo se está volviendo a vender sin ninguna contra-presión de las autoridades, sino que ahora algún loco propone convertirla en símbolo nacional. Noto en ello cierta tolerancia en la administración central. Alcalde Lucho: No permita que la chicha vuelva a los expendios. No siempre lo más popular, ni lo más típico, es lo que más le conviene al pueblo. Y usted lo sabe, porque es un hombre de pueblo. ENTRETANTO. Posibles títulos para la primera columna de Fernando Londoño en El Tiempo: "Cómo gané el referendo". "De trabajador a ministro". "La conspiración de los medios". "Mi amigo Urbina". "El Congreso: Marihuanero pero admirable". "Cómo sacarse el clavo en el 2006". "Uribe: Un amigo o ¿un pusilánime?"

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