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Opinión

  • | 2016/05/10 09:46

    Renán Vega y la pifia que se convierte en censura

    Querido Renán Vega, información y opinión no son lo mismo. La primera es exposición de hechos. La segunda consiste en emitir valoraciones.

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Sé que le indignaron los artículos de La Silla Vacía en los que se hablaba de que usted, aparentemente, había cometido un error en el informe que presentó en el marco de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas-CHCV, creada en los diálogos de paz de la Habana. Por esa misma razón fue que usted interpuso una tutela, que ganó en primera instancia. Creo que tanto la jueza como usted se equivocaron. En este caso, para que sea más fácil, voy a decir qué de mi columna es un hecho y qué es una opinión.

Opinión: El caso del que voy a hablar es grave, pues pareciera que Vega, quien es una figura pública y un académico reconocido, quiere imponer su versión de los hechos y que a nadie se le ocurra siquiera pensar que pudo haberse equivocado.

Hecho: En el informe que Renán Vega presentó como miembro de la CHCV había un aparte titulado “Imperialismo sexual”. Ahí, Vega cuenta que en Melgar y Girardot “53 menores de edad fueron abusadas sexualmente por mercenarios, quienes además filmaron y vendieron las cintas como material pornográfico”. La cifra causó revuelo y se habló de ella en varios medios de comunicación, como Univisión y La Silla Vacía.

Hecho: El 7 de mayo deL 2015, Manuel Rueda, periodista de Univisión, relató una investigación que lo llevó a concluir que no hay sustento sobre la cifra dada por Vega, a pesar de que este dice que se basó en una tesis de una alemana llamada Anna Kucia. El 8 de mayo de 2015, La Silla Vacía escribió un artículo titulado “La pifia histórica de Renán Vega”, con un recuento del impacto del caso en medios y con apartes de lo publicado por Rueda. La Silla Vacía concluye que ni Vega ni su informe aportan una referencia al origen del dato.

Hecho: La gente, incluyendo los medios de comunicación, tiene derecho a pensar que algo es una pifia y que el sustento de una afirmación es insuficiente.

Hecho: El 11 de mayo del 2015, Vega escribió una carta, a la que se refiere como réplica, en la que, entre otras cosas, afirma que La Silla Vacía cometió “infundios” que deben ser rectificados y hace una defensa de su investigación y su método.

Opinión: La carta de Vega, como solicitud de rectificación, es un desastre y no cumple los requisitos que debe tener. En lugar de desplegar 11 páginas de diatriba, podía haber dicho de forma exacta cuál información consideraba errónea, inexacta o falsa.

Hecho: La Silla Vacía tomó la carta, profundizó su investigación e hizo un nuevo artículo, que también deja ver dicha comunicación. El texto, publicado el 14 de mayo del 2015, se tituló “La versión de Renán Vega sobre los 53 casos de abuso sexual”. Ahí, La Silla Vacía revisa las fuentes de la tesis de Kucia, que son una columna de Iván Cepeda y la tesis de la académica colombiana, Claudia Salamanca, quien no habla de abuso sexual y menciona que en varios de los videos de los que se habla aparecen actores porno famosos.

Opinión: Si yo hiciera el mismo recorrido de fuentes, llegaría a la misma conclusión de La Silla Vacía y de Manuel Rueda.

Hecho: Vega tuvo una serie de comunicaciones con La Silla Vacía. El medio le pedía que hablaran personalmente y decía que no era claro qué era lo que Vega consideraba que no era cierto y quería que fuera rectificado.
Hecho: En abril del 2016, Vega interpuso una tutela contra La Silla Vacía y ganó. La jueza dijo que el medio de comunicación debe, en un plazo de 10 días, entre otras cosas, eliminar los artículos mencionados, corregir la información incorrecta, excusarse y publicar la réplica de Vega y una bibliografía remitida por él. La Silla Vacía apeló, pero tiene que cumplir mientras se decide en segunda instancia.

Opinión: La jueza de primera instancia se descachó porque: 1. La tutela no procedía porque Vega no hizo una solicitud de rectificación, la cual es un requisito previo y; 2. Mezcló hechos y opiniones y los calificó de la misma forma.

Hecho: La Corte Constitucional ha dicho que, cuando se informa, se debe hacer con veracidad e imparcialidad. El primero, no es lo mismo que “decir la verdad”, sino “actuar de manera prudente y diligente en la comprobación de los hechos o situaciones a divulgar". El segundo, no equivale a ser objetivo, sino “contrastar con fuentes diversas, la información relevante que se adquiere”. Además, “la opinión no es veraz, en la medida en que no transmite hechos sino apreciaciones sobre los mismos. Tampoco puede reclamarse imparcialidad, pues la opinión es un producto subjetivo del emisor”. No se puede pedir rectificación sobre opiniones, pues implicaría corregir lo que alguien piensa sobre algo.

Hecho: A través de un método de investigación, consistente en mirar el informe que causó la controversia, artículos periodísticos y la tesis que Vega dice que fue su fuente, La Silla Vacía concluyó que el sustento de Vega no es claro y es, por consiguiente, una pifia. En mi opinión, la Silla Vacía cumplió con los deberes de veracidad a imparcialidad y en ningún momento dijo algo que fuera mentira. Además, la conclusión a la que llega ese medio está enmarcada en el derecho a opinar.

Opinión: Es muy grave que se eliminen de internet artículos en los que se dé un punto de vista sobre algo tan importante como el informe de Vega y lo que él dice sobre los 53 casos de abuso sexual. Ni La Silla Vacía ni Vega son dueños de la verdad y la gente tiene derecho a conocer todas las perspectivas. Este académico debería ser más abierto a la crítica, pues la CHCV es un tema sensible que no admite inexactitudes.

*Asesor de la Fundación para la Libertad de Prensa. @EmmanuelVP

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