Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/05/10 16:48

El costo que la improvisación ha generado en las finanzas en Bogotá

Decisiones improvisadas y con deficiente planificación han comprometido las finanzas y el presupuesto de Bogotá.

Lucía Bastidas. Foto: Pablo Andrés Monsalve

Ahora que nos disponemos a estudiar y tramitar el Plan de Desarrollo debemos estar atentos para enderezar el camino y garantizar la sostenibilidad fiscal de la ciudad.

Un caso que muestra la mala planificación son las obras por valorización que se aprobaron mediante el acuerdo 180 del 2005. Todos los proyectos definidos mediante ese acuerdo quedaron totalmente desfinanciados; el 40 % de las obras requirió presupuesto adicional, porque los ingresos cobrados por valorización no alcanzaron, y al final muchas no se ejecutaron.

Un claro ejemplo de lo que implicó en términos de costos es la construcción de la intersección a desnivel (deprimido) de la avenida novena con calle 94. El costo de la obra pasó de una valoración inicial de 85.567 millones de pesos a 166.794 millones en el 2014, y todavía no conocemos su costo definitivo.

La lista de decisiones que impactan las finanzas incluye temas como el mínimo vital de agua potable decretado desde el 2011, y que implica entregar gratis seis metros cúbicos de agua mensuales a hogares de los estratos 1 y 2. Entre el 2012 y el 2015 se generó por este concepto un gasto adicional de 211 mil millones de pesos, que se pagan con el presupuesto.

Sin ir más lejos, encuentro que en 2015 se hizo un giro por 157.000 millones de pesos para el proceso de adquisición de los predios del hospital San Juan de Dios, su recuperación, adecuación y mantenimiento. Con un agravante: que se dispuso de los recursos sin haber solucionado el tema de titularidad del hospital.

Y no hay que olvidar uno de los mayores desangres de los últimos años: el costo de implementación del Sistema Integrado de Transporte Público (SIPT) en su componente zonal (buses azules), que entre 2012 y 2015 generó transferencias del presupuesto de 1,93 billones de pesos para el Fondo de Estabilización Tarifaria. Ha tocado pagar con plata de los impuestos las demoras en la implementación que generó desfase en los ingresos de los operadores. Solo en 2015 los giros fueron de 750.000 millones de pesos. Todo esto se ha querido ocultar con una cortina de humo.

Otros temas como el alumbrado público, que podría tener fuentes nuevas de financiación, también generan gastos para el presionado presupuesto de la ciudad: en el 2015 los gastos por ese concepto fueron de 161.000 millones de pesos.

A estas cifras que evidencian la improvisación y falta de planeación tenemos que sumarle el aumento de los gastos recurrentes en educación, salud e integración social, que entre el 2011 y el 2015 llevaron que el gasto pasara de 11,2 billones a 13,7 billones de pesos. Estos gastos, que en un 34 % están asociados a recurso humano le quitan espacio a nuevas inversiones.

Como si esto no fuera suficiente, este año se sentirá en el presupuesto el pago de indemnizaciones por 240.000 millones de pesos por la catástrofe ambiental que se presentó en 1997 por el derrumbe del relleno sanitario de Doña Juana y una multa por 20 mil millones de pesos por la sanción que la Superintendencia de Industria y Comercio le impuso al Distrito por la implementación del modelo de aseo de la administración de la Bogotá Humana.

Tenemos una gran responsabilidad a la hora de definir nuevas fuentes para financiar las obras y proyectos que la ciudad necesita y que deben estar incluidos en el Plan de Desarrollo. Los errores del pasado no pueden estancar el avance de la ciudad.

Tenemos que recordar que un informe de la Veeduría, al evaluar el cumplimiento del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) aprobado en el año 2000 mostró que en los últimos 15 años se dejó de ejecutar el 86,4 % de los proyectos que en su momento se consideraron estratégicos y urgentes para la ciudad.

En Movilidad, por ejemplo, de 37 proyectos, solo se ejecutaron cinco en 15 años. Mucha negligencia. En temas ambientales, de 14 se realizaron cuatro, y así en todas las áreas.

De ahí mi preocupación para que el Plan de Desarrollo incluya todas las fuentes financieras que se necesitan para garantizar la sostenibilidad fiscal y financiera de la ciudad, pero sobre todo la ejecución de las obras y programas que reclaman hoy los ciudadanos.

*Concejal de Bogotá

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