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Opinión

  • | 2015/12/26 09:22

    El otro ‘Súper’

    Menos pantallero que sus colegas, el Superintendente de Sociedades ha emprendido una revolución en su entidad que merece ser aplaudida.

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No hay un solo recuento de personajes del año que deje por fuera al Superintendente de Industria y Comercio, Pablo Felipe Robledo. Su lucha en favor de los consumidores y en contra de los que él llama ‘carteles’ le aseguró un puesto en esos rankings que acostumbran a hacer revistas y periódicos por estos días con la gente más destacada del 2015. Sus asesores de prensa –y de imagen– se mueven como peces en el agua entre los medios de comunicación capitalinos y él ha sabido establecer un inteligente contacto con algunos directores de espacios noticiosos que le han servido de escuderos en momentos difíciles de su gestión.

Su inteligencia social y mediática no es, ni mucho menos, un pecado. Sabe comunicar y esa es una escasa virtud entre los funcionarios públicos, pero por cuenta del excesivo cubrimiento que le damos los medios a su despacho nos olvidamos con frecuencia de que no es el único superintendente del país y que hay otras oficinas de la misma naturaleza que merecen nuestra atención por lo bueno y por lo malo que pasa en ellas.

La silenciosa pero eficiente revolución que adelanta otro ‘súper’ desde su entidad merecería, por ejemplo, más espacio en la prensa. En la Superintendencia de Sociedades, tradicional fortín burocrático de los presidentes y ministros de comercio, están pasando cosas interesantes gracias a la gestión de Francisco Reyes Villamizar quien llegó allí hace algo más de un año.

En un país ciertamente corrupto, como el nuestro, la SuperSociedades logró en este 2015 el primer puesto en el Índice de Transparencia entre 147 entidades públicas. El superintendente Reyes se la ha jugado a fondo por combatir las mafias de liquidadores y hace unos meses, automatizó e impuso reglas claras en la escogencia de esos agentes acostumbrados a llevarse una porción importante de cada empresa que intervenían.

Hoy las cosas, a pesar de la resistencia de esas roscas, funcionan distinto. Además, la SuperSociedades es un ejemplo de rapidez administrativa y de cómo la tecnología debería usarse para reducir tiempo y complejidades. Reyes, obsesionado por combatir la ‘tramitomanía’, ha sistematizado la recepción de información financiera y en los casos en los que la superintendencia administra justicia, su procedimiento funciona de manera acelerada y en menos de tres meses hay decisiones de fondo frente a las controversias que se presentan ante ese despacho. Las funciones jurisdiccionales que ejerce la superintendencia deberían servir de inspiración para la Rama Judicial que sigue tardando más de diez años en algunos casos para resolver de fondo una disputa.

Finalmente y tratándose de conflictos societarios, la Superintendencia ha puesto en marcha un sistema de arbitramento ágil y mucho más económico que los arbitrajes tradicionales que llevan a cabo las Cámaras de Comercio y que se volvieron un impúdico negocio con el prurito de la rapidez con la que se fallan esos casos.

Aplauso entonces para la Superintendencia de Sociedades en cabeza de Francisco Reyes, discreto pero meritorio funcionario que ya había estado en ese cargo y que, ahora a su regreso, está probando que el servicio público honorable con criterio gerencial y no político sí paga aunque los medios no le demos el eco que se merece.

Ah, y por si acaso ni mi familia, ni mis amigos cercanos ni yo tenemos contratos con la superintendencia en cuestión. Como este fue el año de los opinadores-contratistas la aclaración no está de más.

***
Por lo pronto, ¡un muy feliz 2016 para todos ustedes, amigos lectores!

*Twitter: @JoseMAcevedo
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