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Opinión

  • | 2014/12/18 18:45

    Las reformas que deberían hacerse y que nunca serán

    Todas estas concentraciones de poder son antidemocráticas. Las reformas consiguientes, sin embargo, no parecen tener ninguna posibilidad de hacerse realidad en la Colombia de nuestros días.

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Nos enseña el Ex presidente conservador francés Valéry Giscard d´Estaing que “Una sociedad de libertades democráticas necesita una estructura pluralista del poder. Pero este pluralismo no debe ser sólo político: Debe ser total”. Y agrega: “El pluralismo de la sociedad entera implica que los diversos poderes actuantes en nuestras sociedades no puedan confundirse en ningún caso, y principalmente, los cuatro tipos esenciales de poder, que son: El poder del Estado, el poder económico, el poder de las organizaciones de masas y el poder de la comunicación de masas. Este es el nuevo sentido que tiene hoy la regla de la separación de poderes. Parodiando una frase célebre, podemos decir que cualquier sociedad en la que no estén separados estos poderes, no respeta el pluralismo. Una sociedad auténticamente democrática debe ser íntegramente pluralista” (DEMOCRACIA, Plaza y Janes S.A. Editores, 1.977, p.88).

Según lo anterior el poder económico privado no debería tener la opción de “comprar la Presidencia”, como exitosamente lo hicieron J.P.Morgan, John D. Rockefeller y otros en 1.896 en U.S.A., para evitar que Bryan, enemigo de los monopolios, fuera elegido presidente.

De la misma manera, el poder económico privado no debería tener la opción de adquirir los medios masivos de comunicación: Ni los escritos, ni los televisivos, ni los radiodifundidos.

El Estado no debería tampoco tener la opción de controlar ni los medios masivos de comunicación ni monopolizar el poder económico.

Todas estas concentraciones de poder son antidemocráticas. Las reformas consiguientes, sin embargo, no parecen tener ninguna posibilidad de hacerse realidad en la Colombia de nuestros días.

Me referiré a algunas otras reformas puntuales que probablemente tampoco verán nunca la luz del día:

1) Eliminación de la financiación privada de las campañas. Y sin embargo, no habrá igualdad de oportunidades para acceder a los cargos de representación: A la Presidencia y a los cuerpos colegiados, por ejemplo, si subsiste la financiación privada de las campañas, porque los candidatos más próximos a los grandes grupos de intereses, voceros del statu quo, siempre contarán con mayores recursos financieros que los otros.

Dos razones adicionales: a) Para que no se cuelen a las campañas a través de ese canal dineros mal habidos. b) Porque es la única manera de garantizar que los elegidos estarán al servicio del bien común, de la defensa de los derechos de la ciudadanía y sin  corazones agradecidos con quienes los financiaron.

2)     Señalaba el Gobernador de Antioquia en El Tiempo del 6 de octubre (p.14): “El reto es la lucha contra el clientelismo y la politiquería que son la puerta de entrada a la corrupción y a la cultura de la ilegalidad”. Podría haber agregado: Y a la ineficiencia e ineficacia de los servicios prestados por el Estado. Se requiere pues una reforma de la política para eliminar el do ut des que tanto daño le hace al país. Si lo lográramos sólo los cargos políticos serían de libre nombramiento y remoción: Ministros, viceministros y jefes de dirección, por ejemplo, y los administrativos y técnicos serían cubiertos con base en el mérito, serían de carrera. Sus titulares nunca temblarían con los cambios de gobierno como ahora en el Estado clientelista.

Hay que erradicar, asimismo, en razón de los principios de igualdad de oportunidades y de planeación, los cupos indicativos, que juegan en la conquista del voto popular el mismo papel de los antiguos auxilios parlamentarios y hacen fraude al siguiente precepto: La ley de apropiaciones deberá corresponder al plan de desarrollo. (a.346 C.P.)

3) Primero fue el Frente Nacional con su paridad entre liberales y conservadores en todos los cargos del Estado. Después la representación adecuada y equitativa del partido que le seguía en votos al del Presidente de la República. Desde finales de la década del 50 los partidos políticos colombianos cambiaron la mística por sus ideas y sus ideales, su misión de conquista del poder, por su apetito burocrático, que los ha llevado a la crisis actual en la que aproximadamente el 75% de los colombianos se declaran ciudadanos sin partidos.

Tenemos que rescatarlos, no a través del 3% del umbral que excluye a las minorías como lo hizo el Frente Nacional, sino estableciendo una norma contraria a la del espíritu frentenacionalista: Estatuir constitucionalmente que el partido que le sigue en votos al del Presidente elegido no puede hacer parte del gobierno a ningún título, salvo en caso de guerra exterior.  En los países de democracia avanzada como los de Europa y los Estados Unidos, por ejemplo, a este resultado se llega en función de la cultura política de esos pueblos. Ellos practican el tándem gobierno—oposición. Es lo que tenemos que establecer en Colombia para, adicionalmente, combatir exitosamente la corrupción que nos carcome y los malos gobiernos. Ya lo dijo Disraeli: “Ningún gobierno puede mantenerse sólido mucho tiempo sin una oposición temible”.

4) Que los políticos no elijan a los Jueces para que la política no interfiera en la justicia.

5) La eliminación de la Procuraduría General de la Nación que es un organismo superfluo pues todas sus funciones son cumplidas por alguna otra institución del Estado. Su aparato burocrático es enorme: 4.137 cargos. Su presupuesto, cuantiosísimo: $533.608 mil millones para 2.015.

No obstante todo lo dicho, viene a mi memoria el siguiente refrán del pueblo de Ashanti: “Nadie puede escribir la historia de la próxima aurora”.
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