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Opinión

  • | 2013/11/02 00:00

    El magistrado lenguaraz

    Jorge Ignacio Pretelt negó que filtró el salvamento de voto a la prensa. Tuvieron que mostrarle un correo para que aceptara su responsabilidad.

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No es la primera vez que el magistrado Jorge Ignacio Pretelt se roba el show. Tampoco es la primera vez que se salta el reglamento de la Corte Constitucional con tal de aparecer en los medios de comunicación.

Aunque está claro que la vocería plena del tribunal constitucional la asume el presidente de turno, Pretelt ha salido varias veces a dar entrevistas sin autorización. Pero lo que ocurrió la semana pasada fue la más grave bofetada a sus colegas y la demostración de que tenemos jueces a los que les importa más la figuración y la política que la correcta administración de justicia.

Y es que Pretelt acusó a sus compañeros de inventarse un vicio “para evitar debatir el fondo de una figura tan importante para las Fuerzas Militares como es el fuero penal militar”. Esto, traducido al lenguaje jurídico, constituye una grave acusación de prevaricato contra las mayorías de la Corte que hundieron la reforma del fuero.

Pretelt ha negado que haya sido él quien filtró el descortés salvamento de voto a la prensa. Tuvieron que mostrarle una copia de un correo que salió desde su oficina dirigido a los principales medios, para que no le quedara más remedio que aceptar su responsabilidad.

La Academia Colombiana de Jurisprudencia, lo mismo que varios exmagistrados de la Corte, censuró la conducta del locuaz magistrado, que no es ni valiente ni heroica, como dijo la columnista María Isabel Rueda, sino inoportuna y patana, en el sentir de los juristas más decentes.

Sin embargo, quienes conocen a Pretelt saben que esta no es su primera salida en falso. El magistrado, que con frecuencia cede a la libido de los micrófonos y las entrevistas de página entera, tiene fama entre sus colegas de no ser propiamente un caballero en el trato con sus pares.

¿Es cierto, doctor Pretelt, que alguna vez llamó ‘güevón’ al magistrado Nilson Pinilla en una sesión de la sala plena? ¿Es verdad que cuando la magistrada María Victoria Calle mencionó a uno de sus amigos, usted la gritó como nunca nadie debe gritar a otra persona, menos a una colega mujer? ¿O acaso es verdad que en un debate sobre los derechos de las parejas del mismo sexo, usted repitió la faena con la entonces magistrada (e) Adriana Guillén?

El magistrado, famoso anfitrión de fiestas en su finca de Córdoba, como la que registró hace ya varios meses la columnista Cecilia Orozco, y también experto en engavetar sentencias, como la relacionada con la familia Char que no quiso firmar a tiempo, no sólo tendría que ser un magistrado con todas las de la ley, sino también parecerlo.

La justicia ya tiene suficiente mala imagen y problemas como para agregarle conductas erráticas y francamente inapropiadas de magistrados de la Corte Constitucional que parecen empeñados en desacreditar el último bastión de honorabilidad que le queda al sistema de justicia.

El doctor Pretelt debería tratar a sus colegas de la Corte como lo hace con los miembros de la bancada costeña conservadora en el Congreso, con quienes tiene tan buenas migas.

La controversia es siempre deseable en las altas cortes, pero el respeto entre sus miembros y el acatamiento de las reglas de juego debe ser requisito indispensable para ocupar esos cargos. De otra forma, a más de uno la toga le puede quedar demasiado grande.


Twitter: @JoseMAcevedo
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