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Opinión

  • | 2012/02/23 00:00

    [Opinión] Los hechos son sagrados, las opiniones también

    Sin duda la sanción impuesta es desproporcionada además de implacable. Sin embargo no se puede perder de vista el origen del problema y la enseñanza que le deja a los reporteros del mundo entero.

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En un artículo escrito por Charles P. Scott, director del Manchester Guardian, acerca de las funciones del periodismo en mayo de 1921, se leía…”Ni en lo que da, ni en lo que deja de dar, ni en el modo de presentarlo debe el rostro límpido de la verdad sufrir ningún mal. El comentario es libre, pero los hechos son sagrados”. Una sentencia que antecede las lecciones sobre el moderno hacer periodístico en las salas de redacción y las discusiones académicas sobre puntos cruciales como verdad y objetividad informativa.

La situación ideal indica hasta ahora, que cualquiera que actúe de reportero o líder de opinión dentro de un medio de comunicación, deberá explicitar su conocimiento sobre los hechos referidos a la realidad o de lo contrario, caerá en el falso dilema que ha arrastrado la mala interpretación del aforismo de Scott…los hechos hablan por sí solos en tanto opino lo que me venga en gana. Ni lo uno ni lo otro. Los hechos en sí no representan la verdad de lo acontecido y opinar exige competencias dentro de un rango de subjetividad ante la misma realidad que enmarcan los sucesos.

Sin duda es la situación que hoy sufre el periodismo en Ecuador. La ratificación por cuenta de la Corte Nacional de Justicia – su máxima instancia- de tres años de cárcel a los directivos del periódico de Guayaquil El Universo y la conminación al pago de 40 millones de dólares cuando su capital no llega a tanto, condenándolo a desaparecer, por cuenta de una columna de opinión escrita un año atrás sobre los hechos de violencia que terminaron con el presidente Correa retenido en un hospital de Quito, evidencia lo álgido en cuanto a si opinar en la prensa es más un ejercicio de especulación con cierta laxitud racional sostenido en la buena pluma y la intuición del opinador, o la tarea rigurosa de una reflexión sobre hechos, datos e interpretaciones para lograr una opinión discrepante que le dé al lector elementos suficientes como para ilustrar a la opinión pública.

Emilio Palacio autor de la columna a la que llamó No a las mentiras afirmaba: “El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente”. Cierra con esta advertencia: “Los crímenes de lesa humanidad, que no lo olvide, no prescriben”.

En los siguientes meses el periódico no pudo probar ante las autoridades de su país que efectivamente el presidente había cometido tales delitos por lo que se terminó por dar vía a la demanda de injuria que él mismo interpuso y a la que ahora todas las instancias de apelación se han agotado a su favor. Es lo grave y doloroso a la vez. La sociedad ecuatoriana podrá preguntarse ahora si el diario fue lo suficientemente responsable como para hacer estas aseveraciones por el costo que ha implicado para todos en semejante ambiente de pugnacidad que allí se vive entre medios de comunicación y gobierno.

Sin duda la sanción impuesta es desproporcionada además de implacable. Sin embargo no se puede perder de vista el origen del problema y la enseñanza que le deja a los reporteros del mundo entero. Los columnistas como los periodistas pueden y deben expresarse sobre lo que quieran entre los temas que son importantes e interesantes para el ciudadano. La libertad de expresión es un derecho humano ratificado en todas las convenciones internacionales y ningún régimen político podrá prohibirle por vías de facto. Sería censura pura.

Pero precisamente por eso, se requiere de responsabilidad individual y corresponsabilidad por cuenta del medio de información que lo permita. Como intérpretes de la realidad social y física, lo menos que les queda a quienes laboran allí es matizar sus observaciones sobre hechos y no conjeturas. Hechos que requieren persistentemente de un principio de contradicción, de contra pregunta, de dejar manifiesta la actitud crítica que debe cargar el reportero competente, el editor responsable, el director comprometido y todo aquel que se sienta en verdad un buen periodista.
Muchos de los eventos que la prensa cubre con regularidad son socialmente controvertibles como lo fueron los acontecimientos del 30 de septiembre de 2010 en Quito. Pero en sí los hechos y sus datos no son suficientes para mostrar la verdad de lo ocurrido que en últimas, es lo que importa al periodismo. Y eso sí le compete por cuenta y riesgo propio.

En nada se compadece la escasa actitud profesional del reportero que se excusa con la expresión “…fueron los hechos” o de marcar la verdad únicamente por los testimonios de sus fuentes – en no pocas ocasiones oficiales - listas a defender intereses espurios. Su labor va aún más allá y debe asumirse con el rigor metodológico de quien busca comprender lo que está ocurriendo para darle, a través de un relato periodístico, sentido social al presente.

Ya no funciona la denostada observación de que “prefiero una prensa desbordada a una prensa amordazada”. Los hechos en Ecuador así lo demuestran.

*Profesor de Ética y Opinión Pública en la Universidad del Rosario.

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