Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2016/01/07 09:18

A reivindicarse con Cúcuta

Nada mejor para los que quieren hacer algo que cuando todo está por hacer. Y eso es lo que sucede con Cúcuta y la región actualmente: padecen profundos y graves problemas en todos los órdenes que hay mucho por componer.

Pedro Miguel Vargas Núñez Foto: Archivo Particular

En lo económico y lo social van a la zaga en el país en la mayoría de indicadores, en lo único que van ‘viento en popa’ es en lo político: los que la hacen actúan como un todo, van a lo mismo, llevados por la complacencia, indiferencia, falta de ideas para iniciativas y proyectos pero muy listos para buscar todas las formas de satisfacer sus intereses personales de todo tipo.

El futuro no se ve muy halagador si se tienen en cuenta los mandatarios locales que recién comienzan su periodo. El gobernador de Norte de Santander, William Villamizar Laguado, es el más investigado del país de todos los posesionados. Indagaciones todas ellas de su pasado periodo como mandatario seccional, el cual no alcanzó a terminar, por lo que es reconocido entre la ciudadanía como uno de los políticos más corruptos de toda la historia del departamento.

Y el nuevo alcalde de Cúcuta, César Rojas Ayala, también tiene sus ‘peros’. Su candidatura fue abiertamente respaldada por Ramiro Suárez Corzo, ex alcalde de la ciudad que purga una condena de 27 años por asesinato. A Suárez, el cucuteño del común lo recuerda como el “único que hizo algo por la ciudad y robo menos que los demás”. Si la ley permitiera hacer campaña y gobernar a nombre propio desde la cárcel, Suárez contaría con el apoyo ciudadano para hacerlo. Ahora lo va a hacer en cuerpo ajeno. Así de mal estamos.

Pero la vida les vuelve a dar otra oportunidad de pasar a la historia y ser gestores del renacimiento de la región. Es el momento de que esa clase política que tiene a la ciudad en la depresión, desesperanza y resignación económica y social se reivindique planteando soluciones a los ya diagnosticados problemas estructurales, entre los más prioritarios: bajar las cifras de desempleo, informalidad, pobreza y atraer industria e inversión.

Es la hora que se unan no solamente para planear cómo se van a repartir los presupuestos públicos y hacer elegir al que los va a distribuir, sino para presentar iniciativas, proyectos y programas para la región. La coyuntura actual amerita que en Bogotá dejen de ser vistos como los ‘quejetas’ que no son capaces de plantear nada, los que buscan que les hagan todo y que son tan egoístas que prefieren que algunos dineros destinados al departamento se pierdan cuando no pueden meterle la ‘mano’ a la contratación.

Es el momento de dejar de ver a la gente simplemente como votos y buscar lo mejor para el departamento y la ciudad. Y no embarcarse, por ejemplo, en proyectos tan ilógicos como el del acueducto metropolitano, que convertiría a Cúcuta en la única gran ciudad del país en tener un acueducto accionado por bombeo de agua y no por gravedad, como lo enseñaron los romanos con sus famosas obras desde hace 2000 años. Y no es porque sean tan innovadores para hacer que el agua suba por gravedad sino tal vez para repartirse una parte, dicen que aquí no es el 10% como en casi todo el país sino el 30%, de los 420.000 millones de pesos en que ya va la obra.

Solo así es posible pensar que prefieran un proyecto en el cual tienen que trasladar el agua con motobombas por cerca de 20 kilómetros con alturas hasta de 250 metros de cota por sobre el proyecto del Cínera: que liberaría al moribundo Pamplonita de esa tarea y abastecería de agua por gravedad a la ciudad. Además podría generar energía eléctrica más barata, en donde es bastante cara, al mismo tiempo que serviría para el turismo y la recreación.

Pero la clase política dice que el uno no excluye al otro: que primero el acueducto metropolitano y después el Cínera. Y a lo mejor harán sus cuentas: los 420.000 millones del primero más un billón de pesos del segundo, son 1,4 billones de pesos. No se necesita ser matemático para saber que es mejor el 30% de 1,4 billones que de un billón de pesos.

Pero también es hora que los habitantes se reivindiquen con la ciudad, la región y
con ellos mismos y comiencen a ejercer una veeduría para fiscalizar los dineros públicos y que no se sigan perdiendo y embolatando de manera tan fácil y descarada.

Existe una buena y perentoria oportunidad de reivindicarse con una región que ha dado tanto a todos y que, en cambio, tiene muy poquitos dolientes.

*Periodista y especialista en resolución de conflictos.

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