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Opinión

  • | 2014/07/19 00:00

    Oponerse no es obstruir

    Por primera vez se podrá ver un ejercicio serio de oposición por parte de un partido con una representación importante en el parlamento.

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Luego de tres décadas existen las condiciones para retomar el esquema gobierno-oposición. Durante la campaña de 1986 el candidato presidencial Virgilio Barco Vargas planteó en las plazas públicas que el derrotado debía ejercer la oposición. Misael Pastrana aceptó el desafío y declaró la “Oposición Reflexiva”. En 1998 el turno le correspondió al liberalismo. Horacio Serpa lideró la llamada “Oposición Patriótica”. En ambos casos los partidos resultaron divididos. La decisión generó desbandadas en organizaciones dependientes para su reproducción electoral del acceso al aparato burocrático y al presupuesto público.

Ahora es diferente. Por primera vez se podrá ver un ejercicio serio de oposición por parte de un partido con una representación importante en el parlamento, además de disciplinado y blindado, dado su particular origen, ante las tentaciones de la división clientelar. No se trata de las tradicionales y muy pequeñas expresiones de la izquierda, con doctorado en oponerse a todo, sino de 39 congresistas que hicieron campaña con la bandera de la oposición y que interpretaron la inconformidad ciudadana respecto al gobierno de Juan Manuel Santos.

El experimento es en sí mismo la más importante reforma al Congreso de las últimas décadas. El problema del Legislativo y de la oposición, más que de las normas que enmarcan su funcionamiento, es de la calidad de los liderazgos y de la actitud política de sus integrantes. Un organismo cooptado por el Ejecutivo se convierte en sinónimo de pupitrazos a favor del gobierno y nunca en el instrumento prevalente de control político, naturaleza de los parlamentos.

No hemos contado con partidos de gobierno ni partidos de oposición. Con la consolidación de la Unidad Nacional se esperaría que esta ejerza su carácter de coalición gubernamental y el Centro Democrático la de oposición. El caso de hemafroditismo político del Polo Democrático es curioso: tiene las dos camisetas. Por los hechos, resultó en cabeza de Clara López ser la fuerza decisiva en la reelección y, por el discurso, pretende ser la oposición, mientras le cobra a Santos el apoyo.

Ejercer la oposición es igual de complejo a estar al frente del Gobierno. La bancada de Álvaro Uribe tiene el desafío de fiscalizar, al igual que proponer y proponer cosas serias, viables, convenientes, plausibles y que congreguen la voluntad popular. Debe procurar ser escuchada y transmitir un mensaje capaz de romper una narrativa que ha simplificado artificialmente la política a “los amigos y enemigos de la paz”, al igual que en medio de la estigmatización convertirse en un referente de pulcritud en el ejercicio parlamentario.

No será nada fácil. Se deben hacer al menos cuatro cosas. A pesar de que el Centro Democrático existe por Uribe y sólo por Uribe, en el Congreso deberá importar más el partido como bancada que el líder como gladiador. Ese es el sentido de un partido en la democracia. Además, se evita que los ataques al expresidente sean suficientes para neutralizar a ese grupo parlamentario.

Segundo. Deberá fijar una estrategia clara en temas en los que obviamente será incisivo, ejemplo, la seguridad y la paz. No basta con la denuncia y las manifestaciones de repudio al escalamiento del terrorismo, la extorsión, las bandas criminales, la impunidad, la elegibilidad de responsables de crímenes atroces y los premios a las FARC. Para ser alternativa, se requiere dar un paso adelante con propuestas concretas. La crítica sirve hasta un punto, pero quedarse en ella a la larga no da credibilidad ni proporciona nuevos apoyos.

Tercero. Debe estar dispuesto al consenso. Algunas de sus iniciativas pueden tener respaldo de miembros de la coalición predominante y del propio Gobierno. Las diferencias son el punto de partida de la construcción de puntos de encuentro en materias que así lo requieran, también una oportunidad para aprovechar las contradicciones internas de la bancada gobiernista. Oponerse no es obstruir.

Cuarto. La oposición debe entender que su papel es apelar a la opinión pública. Su eficacia no está en pretender cambiar lo que su condición minoritaria no le permite en el seno del Congreso, sino en evidenciar su discrepancia, denuncias y propuestas ante los ciudadanos. El esquema gobierno-oposición es ante todo un régimen de opinión pública.

Por su parte, Santos puede convertir la presencia del uribismo en un capital político para su gobierno y la búsqueda de la paz. Si en vez de polarizar trabaja para crear un ambiente donde las consignas pesen menos y los argumentos más, la activa oposición termina legitimando las decisiones que su coalición mayoritaria tome. Lo otro, la torpeza, es seguir jugando a criminalizar el uribismo para crear un modelo hegemónico de dominación.

Y la oposición, minoritaria, si se da cuenta de que su papel es convertirse en alternativa de poder, deberá ser más audaz y cerebral, so pena de mantener una alta crispación política que al final le abra el camino al llamado Frente Amplio por la Paz, que en realidad es la semilla de la coalición con la cual las FARC pretenderá llegar de la mano de la izquierda al poder. ¡Ojo! ¡Nadie sabe para quién trabaja!

Nota: Increíble que la justicia en Colombia no entienda que ANNCOL es parte de las FARC. ¡Ni con plastilina!

Sígame en twitter @RafaGuarin









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