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Opinión

  • | 2017/05/22 08:30

    ¿Ideología?: Venganza y Odio

    Tal vez estamos condenados a cambiar sólo un odio por otro: el odio a las FARC por el odio a Santos, el odio a Castaño por el odio a Uribe.

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No es un fantasma, es una realidad que recorre el Sur de las Américas.
Desde el extremo hasta nuestro borde en Panamá, la sed de venganza y el odio se adueñaron de los partidos y formaciones políticas, trasladando a la gente de nuestros países la polarización como pócima mágica, que garantiza el éxito político.

Mientras la Inteligencia Artificial desvela a líderes y académicos de buena parte del mundo, nosotros al igual que el Estado Islámico hemos decidido que los opositores de un lado u otro merecen la vindicta pública, la expulsión y hasta la mano cortada como se hizo con Iván Ríos, de las FARC.
Esperemos no retornar a la decapitación, la incineración, las violaciones, la persecución física y escarnio público contra la población LGBTI, los desplazamientos masivos de población que se llevaron a cabo en tiempos de la guerra del paramilitarismo originado en Córdoba y a través de franquicias extendido con el nombre de Autodefensas Unidas de Colombia AUC.
No exagero. Todo eso pasó aquí en Colombia, con el aplauso público o privado y con el apoyo de muchos compatriotas.

Es cierto que la venganza política y el odio como formula no son un síntoma exclusivo de Colombia. No.

El odio y la sed de venganza enfrentan al Presidente-empresario Mauricio Macri, con la señora Kirtchner en la Argentina. A Correa con sus opositores en los medios y el empresariado Ecuatoriano, amenazando al recién elegido presidente Lenin Moreno en el vecino país.
A los seguidores de Keiko Fujimori con los de Toledo en el Perú.
En Venezuela a la Tintori, Capriles, y todos los matices de la oposición antichavista con el gobierno de Maduro y Diosdado quien, garrote en mano dirige su programa de televisión “Con el Mazo dando”.
A los seguidores de Lula y Dilma con los de Temer en el Brasil y obviamente a los de Uribe con los de Juan Manuel Santos en nuestro país.
No hay debate posible sin que asomen las orejas del odio, ni temor más evidente que el que se tiene a la llegada en el 2018 de la “revancha uribista al poder”.
Alguién me escribía por estos días: “A los que defienden el acuerdo de paz hay que darles de su misma mermelada”
En esa frase expresa el sentir de muchos compatriotas que sintieron traicionada su idea de país y democracia por el Presidente Santos luego del plebiscito y del acuerdo del Teatro Colón con las FARC.
¿Habrá un liderazgo capaz de sacar a la sociedad colombiana de este camino de odio, polarización y sed de venganza?

Será difícil devolver las aguas a un nivel de conversación tranquila y sin estigmatización.
Lo cierto es que será poco creíble que quienes han azuzado el odio con su lenguaje puedan vender la reconciliación como bandera de futuro.

Tal vez estamos condenados a cambiar sólo un odio por otro: el odio a las FARC por el odio a Santos, el odio a Castaño por el odio a Uribe.

Tal vez nuestra condena como sociedad es tener unos liderazgos que sólo pueden ofrecernos como imaginario el de los buenos contra los malos.

Desarrollar vías y entregar casas gratis es un programa de politiquero barato, es lo que los promeseros tradicionales han vendido siempre mientras bajo su ala cómplice, los grandes empresarios han hecho negocios trans-generacionales y definido la política macro-económica en función de sus intereses.

Ser Gobierno sólo para defender el proceso de paz con las FARC parece incompleto al igual, que vender como formula alternativa al gobierno la destrucción del proceso de paz.
Igualmente, si bien es cierto que la corrupción estrangula las posibilidades del desarrollo y también que el modelo económico tiene grietas por todos lados,
la apuesta más transgresora del momento y la más compleja de conseguir es la de unificar este país polarizado y ahogado en la división.
¿Quién se le mide a liderar ese proceso?

Posdata: Palo y plomo no es la formula ni en Buenaventura ni en Chocó ni en ningún lado.
Acuerdos y planes incumplidos tampoco.
La solución pasa por unificar criterios, sectores y saberes para enfrentar los retos.


@alvarojimenezmi
ajimillan@gmail.com

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