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Opinión

  • | 2013/10/26 01:00

    Dicen que Ordoñez destituirá a Petro

    Es difícil entender que justo ahora, cuando se discute el punto de las garantías políticas para que las guerrillas se vengan a la vida civil, retiren de su cargo al hijo de un proceso de paz.

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En los medios circula la idea. También entre personas cercanas al alcalde. Sería la mayor ironía. Petro, que desafió a sus electores y a sus compañeros de partido y votó para que Alejandro Ordóñez fuera procurador. Petro, que hizo su carrera política en una feroz batalla contra la corrupción. Petro, elegido por 600.000 bogotanos, ahora en manos de su nominado, en manos del hombre que tiene por misión vigilar a los funcionarios en representación del pueblo. 

No creo que el procurador Ordóñez se atreva a cruzar esta raya. No creo. Se trata de irregularidades en el intento de cambiar el modelo de recolección de las basuras en la ciudad. Las hubo, sin duda. Fueron de bulto. Pero no sé cómo se pueden convertir dificultades inherentes a un duro pulso entre poderosos empresarios privados y Petro, o, errores imperdonables de planeación, en fallas disciplinarias graves que ameriten la destitución. 

¿Puede este hombre soberbio con su pluma borrar la voluntad de una ciudadanía que en un acto de audacia democrática y en una expresión de reconciliación se atrevió a elegir a un exguerrillero, crítico, rebelde, nunca prudente, nunca “políticamente correcto”, para el segundo cargo del país? ¿Puede este hombre tomar una decisión a todas luces política, a todas luces sesgada? No creo. 

Hay quienes recurren a los nombres de otros alcaldes importantes destituidos: Samuel Moreno y Alonso Salazar, para mostrar que Ordóñez sí puede hacerlo y sí es capaz de hacerlo. Pero son casos muy distintos. La atmósfera de corrupción que rodeaba a Moreno facilitaba cualquier decisión. Y la aterradora injusticia con Salazar se cometió después de que había terminado su mandato.

Otro argumento que se trae a cuento es la pérdida de respaldo entre la ciudadanía. No tiene nada de cierto. Petro se mantiene en las encuestas en cifras parecidas o mayores al número de votantes que lo eligieron. Ha variado, eso sí, la condición de quienes lo respaldan. Las encuestas muestran que ha perdido apoyo en los estratos altos y lo ha ganado en los estratos bajos. La inconformidad en el sur de la ciudad ante una acción desproporcionada del procurador no se dejará esperar. 

Petro y sus funcionarios han insinuado que el golpe de la destitución se oiría inmediatamente en La Habana donde se negocia la paz del país. Quizá no está bien que sean ellos quienes lo digan. Pero es verdad. El mensaje para la reconciliación sería nefasto. Es difícil entender que ahora, precisamente ahora, cuando se discute en La Habana el punto de las garantías políticas para que las guerrillas se vengan a la vida civil, retiren de su cargo al hijo de un proceso de paz. De hecho las Farc en La Habana han reaccionado ante la posibilidad con un duro comunicado contra Ordóñez.

No serían menores las repercusiones para Bogotá. Petro encontró una ciudad destruida por el vendaval de la corrupción y ha intentado reorientarla sin mucho tino y sin mucha suerte. Una interinidad de mando solo ahondaría los problemas. Hay quienes se frotan las manos de felicidad con los rumores de destitución de Petro. 

Muchos lo hacen porque creen con sinceridad que la administración de la ciudad es un verdadero desastre, pero no son pocos los que se alegran de un golpe alevoso al alcalde porque tienen intereses desmedidos en las rentas de la ciudad o son simplemente parte de las mafias que entraron a saco en las finanzas del Distrito.

El ELN y el secuestro
No puedo entender por qué las Farc se dieron cuenta de que el secuestro se convirtió en el delito más odiado, en el más repudiado, y el ELN no advierte eso. La abolición del secuestro por parte de las Farc –así el anuncio no se haya cumplido en su totalidad– fue trascendental y abrió las puertas para la negociación. 

El ELN no ha querido dar este paso que el país espera. Uno, particularmente doloroso y absurdo, es el cometido contra el ingeniero León Andrés Montes hijo de un conductor de bus y una maestra jubilada. Un profesional honesto, sin mayores recursos, que trabajaba para una empresa chilena y sostenía una familia extensa. Fue abandonado por esta empresa y ha permanecido secuestrado por más de un año mientras sus padres recorren el país tocando todas las puertas para lograr su liberación. 
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