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Opinión

  • | 2010/12/21 00:00

    Oslo en llamas, por la entrega del Premio Nobel de la Paz

    Si tan solo el mundo tuviera más políticos como Jan Tore Sanner y más defensores de derechos humanos como Liu Xiaobo.

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El 10 de diciembre de 2010, los peores violadores de derechos humanos en el mundo marcaron claramente su postura al rechazar la invitación para la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz.

Afganistán, Arabia Saudita, Argelia, China, Cuba, Egipto, Irak, Kazajstán, Marruecos, Pakistán, Rusia, Sri Lanka, Sudán, Túnez, Venezuela y Vietnam han demostrado su rechazo a quien fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz: el heroico defensor de derechos humanos Liu Xiaobo.

La estratagema de Beijing para distraer la atención de la ceremonia fue la creación del estrafalario “Premio Confucio de la Paz” entregado un día antes. Confucio difícilmente habría estado de acuerdo con un gobierno que se ha unido a la Alemania Nazi, Birmania y la Unión Soviética en ser uno de los cuatro países en la historia que ha impedido que un ganador del Nobel pueda asistir al evento a recibir su premio.

Algunos países alineados con la dictadura China han expresado sus sentimientos públicamente. La dictadura cubana redujo la decisión del premio Nobel a un “bandazo ideológico”, mientras que la Venezuela de Hugo Chávez calificó a Liu como un “disidente contrarrevolucionario”.

Tristemente, Navanethem Pillay, alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, no asistió al evento bajo la excusa de que nunca recibió una invitación. Pillay fue la anfitriona del Día de los Derechos Humanos que se celebró en la sede de las Naciones Unidas, el mismo día de la ceremonia del Nobel. El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, tampoco pudo asistir ya que fue anfitrión de otro evento conmemorativo en Nueva York.

¿Y de qué habló la ONU en el Día de los Derechos Humanos en Ginebra?

¿De los derechos de las mujeres en Irán?

No.

¿De las dictaduras vigentes en el mundo y cómo ayudar a sus disidentes?

Intente una vez más.

¿Seguramente, entonces, hablaron de las formas modernas de esclavitud en el Medio Oriente y en el África subsahariana?

Incorrecto.

Entre los temas estuvieron el síndrome de down, el autismo y la “situación” de las mujeres negras en Europa. Estos temas son todos importantes y merecen ser explorados, pero esquivar el tema de los derechos fundamentales es escandaloso. ¿Por qué enfocarse en la “situación” de las mujeres negras en Europa, y no más bien en su “situación” en África? ¿Por qué no enfocarse en Egipto, Somalia o Eritrea, donde las mujeres son sometidas rutinariamente a la mutilación genital?

Sin importar cuál sea la explicación, es muy decepcionante ver que el liderazgo de la ONU haya dejado que la organización se alinee con la dudosa lista de países que no asistieron a la ceremonia del premio Nobel. Dada la agresiva campaña en contra de ellos, Liu y todos los prisioneros de conciencia del mundo habrían apreciado mucho el apoyo de la ONU.

Un día antes de la entrega del premio, en Oslo, uno de los más destacados defensores de derechos humanos en Noruega, Jan Tore Sanner, pronunció un impresionante discurso. Después de darnos la bienvenida muy cordialmente, Sanner lamentó:

“Nuestra alegría, sin embargo, se ve atenuada al pensar que la ceremonia de mañana será llevada a cabo frente a una silla vacía en la Alcaldía de Oslo. Liu Xiaobo no estará allí.

“En su reacción al premio de Liu Xiaobo, el régimen chino revela su verdadera naturaleza y demuestra por qué este premio es tan merecido y tan necesario. No podemos dejar que las grandes potencias escapen al llamado a respetar los derechos humanos y fomentar la democracia.

“Vaclav Havel, quien Liu mismo considera una inspiración importante en su vida, ha dicho: ¿Quién más si no nosotros, que vivimos en libertad, debemos hablar por aquellos que no son tan afortunados?”

Si tan solo el mundo tuviera más políticos como Jan Tore Sanner y más defensores de derechos humanos como Liu Xiaobo.

Hacía muchísimo frío en Oslo, pero la llama de la libertad ardió con tanta fuerza, que el fuego sofocó hasta la China.

*Thor Halvorssen es el Presidente de la Human Rights Foundation y el fundador del Oslo Freedom Forum.



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