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Opinión

  • | 2007/01/20 00:00

    ¿Otro articulito?

    Uribe ya había dicho, en plena campaña presidencial, que no le interesaba un tercer período. No sobraría, sin embargo, que lo reiterara.

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Lo soltó como si fuera un asunto de menor trascendencia. Si lo hubiera dicho otro, quizá no se habría tomado en cuenta. Pero no es cualquiera. El hombre más rico de Colombia ha afirmado que "apoyaría una reforma constitucional para que Álvaro Uribe estuviera otros cuatro años".

Las palabras de Santo Domingo son una nueva muestra de la confianza del sector empresarial en el Presidente (no me atrevo a sostener que sean una prueba del compromiso del magnate con Colombia. El dinero de la venta de Bavaria se quedó afuera y hasta ahora no hay pruebas de que en verdad vaya a invertir en nuestro país sus fabulosas ganancias). Pero me desvío. Decía que la afirmación de Santo Domingo es una reiteración de la valoración empresarial de la labor del Presidente. No es sorprendente. El 70 por ciento de los colombianos piensa lo mismo.

Sin embargo, mucho va del reconocimiento del liderazgo y la gestión de Uribe a proponer una nueva reforma constitucional para permitir una segunda reelección. He defendido la reelección inmediata porque estoy convencido de que supone un ahondamiento de la democracia, facilita la continuidad inmediata de las políticas de gobierno y permite que los ciudadanos premien o castiguen en las urnas la labor de los presidentes y sus gobiernos. Además, Uribe la merecía. Aun así, bueno es culantro, pero no tanto. La propuesta de extender la reelección a un tercer período es inconveniente e inoportuna.

Es inconveniente porque va dirigida a ahondar los males de nuestras democracias y no a solucionarlos. Promueve el caudillismo que tanto daño ha hecho y sigue haciendo en América Latina, en lugar de fortalecer la institucionalidad democrática y los partidos políticos. Y fomenta la dirección personalista de la política y de los gobiernos, cuando es indispensable dar espacio a los equipos y el trabajo mancomunado.

Agreguemos que el enquistamiento en el poder es insano y el exceso de poder enceguece y facilita la corrupción. Los gobiernos hay que renovarlos. Y hay que preservar la independencia y la autonomía de las otras ramas del poder. Una segunda reelección las echaría al piso. Para rematar, aquí no hay que cambiar un articulito, sino la Constitución toda y aun así, no habría garantía de supervivencia del sistema institucional de frenos y contrapesos que es indispensable para una democracia.

Como si fuera poco, la propuesta es inoportuna porque apenas ahora se inicia el nuevo período de la administración Uribe y porque desvía la atención de lo que sí es urgente e importante: por un lado, fortalecer la lucha contra los grupos armados ilegales e ir a fondo con el proceso de depuración de la "para-política"; por el otro, la necesidad de profundizar y extender el combate contra la pobreza y la marginalidad. Es inaceptable que el 48 por ciento de los colombianos sea pobre, el 25 por ciento de los hogares sobreviva apenas con un salario mínimo y el 75 por ciento de las tierras productivas esté en manos del 10 por ciento de la población. Es ahí donde el Gobierno y los colombianos debemos centrar nuestra atención. Lo demás son distracciones peligrosas.

Es verdad, en cambio, que el Presidente tiene la obligación de promover una estructura política sólida, con vocación de futuro y visión a largo plazo, capaz de seguir las líneas que él ha fijado con sus acciones de gobierno. El liderazgo de Uribe es indiscutible, pero la tarea a emprender es la de construir la plataforma política que permita, más allá del Presidente, continuar con el proceso de la gran reforma nacional que se ha iniciado en su administración. Un buen líder, dice una amiga mía, es quien crea o fortalece una estructura política capaz de continuar programas y promover ideas, no aquel sin el cual no se pueda sobrevivir.

Por fortuna, Uribe ya había dicho, en plena campaña presidencial, que no le interesaba un tercer período. No sobraría, sin embargo, que lo reiterara. Así nos evitaríamos las voces destempladas de los enemigos que no se demorarán en decir que el Presidente está hablando a través de Santo Domingo.

***

Puntilla: Después de la versión libre de Mancuso y la publicación del vergonzoso acuerdo con unos políticos regionales, ¿qué dirán quienes sostenían que el proceso de paz con los paras y la Ley de Justicia y Paz no conducirían a la verdad?
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