Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Otro tema

Desde que se empezó a hablar de la globalización, del nuevo orden mundial, lo único que importa es lo local. Y lo local nuestro es la reelección de Uribe

Otro tema

Había pensado escribir sobre el caso de Libby, el asesor de Dick Cheney, el vicepresidente de George Bush, que acaba de ser formalmente acusado de perjurio ante un tribunal norteamericano. Pero no. Porque ese es sólo el primer eslabón de algo que va para largo. Entre los más ancianos de mis lectores tal vez alguno recordará el caso de Liddy (de apellido tan curiosamente semejante al de Libby), con cuyo delito "de tercera categoría" empezó hace treinta y cinco años el largo y tortuoso asunto del Watergate que llevó a la renuncia del presidente Richard Nixon apenas dos años después de su arrolladora victoria en la reelección. Y recordará también que Nixon no cayó por la insignificante tontería del Watergate, sino por todo lo que esa tontería permitió que saliera a la luz: los abusos de poder de Nixon, desde el espionaje al partido demócrata hasta la invasión de Camboya a escondidas del Congreso. Para escribir sobre lo de Libby, pues, es mejor esperar: porque es posible que los abusos de poder de Bush terminen de manera semejante. En lo de Libby (y Cheney) están enredados todos ellos: las mentiras que llevaron a la invasión de Irak -y tal vez mañana al bombardeo de Irán o a la desestabilización de Siria-, los negocios fraudulentos de la reconstrucción y del petróleo, el tema serio de la libertad de prensa (caso Judy Miller-New York Times), y el asunto terrible del derecho a la tortura que reclaman Cheney y los suyos para los militares y los servicios secretos de los Estados Unidos. Todavía falta para eso, porque, como en el viejo refrán castellano, "las cosas de Palacio van despacio". La prensa norteamericana se está apenas recuperando de su parálisis patriotera provocada por el 11 de septiembre, al Congreso le sucede lo mismo, y el poder judicial es lento por naturaleza. Así que el despertar será demorado y doloroso, como lo fue el de los tiempos de Nixon. Iba a escribir entonces sobre la cumbre de las Américas en Mar del Plata. Pero tiene razón nuestro presidente Álvaro Uribe: hay demasiadas cumbres. Y -añado yo- nunca paran en nada. ¿En qué paró hace quince días la Cumbre Iberoamericana reunida en Salamanca? En que nuestros veinte o veinticinco paisitos (incluida la rica España, el inmenso Brasil, la indócil Argentina, la sumisa Colombia) votaron una protesta contra los Estados Unidos por su bloqueo a la rebelde Cuba, y una exigencia de extradición de un terrorista refugiado en la Florida a la incómoda Venezuela; y a continuación se asustaron unánimes al ver que la embajada de los Estados Unidos en Madrid fruncía el entrecejo: y cambiaron lo de "bloqueo" por "embargo", y lo de "extradición por terrorismo" por "juicio por violación de normas de inmigración". De modo que tampoco parará en nada, si es que no ha parado ya, lo de Mar del Plata. Chisguetes de saliva. Así que voy a escribir (pero será ya la próxima semana, porque en decir sobre qué no voy a escribir se me fue ya más de la mitad del espacio de esta columna) sobre la reelección del presidente Álvaro Uribe. Que es lo más importante (y en mi opinión lo más grave) que nos está pasando a los colombianos. Porque desde que se empezó a hablar de la "globalización", del "nuevo orden mundial" que trompeteaba el presidente Bush (el padre del actual) hace quince años, lo único que importa es lo local. Lo local que sucede en Nueva York o en Cachemira, en Níger o en Cataluña. Atentados, terremotos, hambrunas, politiquerías. Lo local nuestro es ahora la reelección de Uribe: lo local de sus incesantes cumbrecitas convocadas en los más remotos pueblos del país bajo el nombre demagógico de 'consejos comunitarios'. Todos los hemos visto en la televisión: las canciones que le cantan, los halagos que le hacen, los dones que le solicitan. La lambonería. Este ha sido siempre un país de lambones, pero ¿ustedes vieron las caras de los que felicitaban al presidente Uribe cuando le anunciaron que el abuso de autoridad de su reelección había sido aprobado por la Corte? ¿Y vieron la cara de él? Parecía que esa lambonería abyecta le pareciera perfectamente natural.

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