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Opinión

  • | 2013/09/27 00:00

    Pachito lanza libro

    No fue afortunada la confesión de que Alejandro Obregón lo apodaba ‘la rata mecánica’.

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Queridos papitos y mamitas, queridos niños, queridos profesores:

Bienvenidos al lanzamiento de nuestra colección infantil Las aventuras de Pachito, una serie de relatos protagonizados por un divertido personaje que causará sensación entre los menores: el intrépido Pachito Santos, un niño hiperactivo y vivaz, al cual la Ritalina no le produce efecto alguno, cuyo ímpetu lo arroja a un sinnúmero de travesuras enfermizas, como podremos verlo desde la primera entrega, titulada ‘Pachito quiere ser presidente’.

En ella nuestro personaje se ve envuelto en divertidas hazañas para reemplazar a su odiado primo hermano en la Casa de Nariño. Inspirado en la guerra sucia que observa de sus mayores, Pachito decide desprestigiar a su detestado pariente publicando fotografías de su pasado. Pero tiene la mala suerte de que él mismo aparece en la mayoría, porque todas son obtenidas de su propio álbum familiar: ambos aparecen con afro setentero, cuando asistían juntos a las fiestas; o blancos, como ranas, cuando veraneaban en los mares de San Andrés, años antes de perderlos como mandatarios; o en los escritorios de El Tiempo, cuando los dos lo utilizaban –ahora lo sabemos– para hacer política. Desesperado, Pachito se alía con el malvado Obdulete para salirse con la suya, y ya conocerán el final…

La editorial publicará cada mes nuevas entregas, como las futuras ‘Pachito se golpea en la cabeza’, ‘Pachito pone una bomba en una estatua de Arenas Betancur’ y la muy esperada ‘Pachito electrocuta un estudiante’. Estamos seguros de que en escuelas y bibliotecas infantiles los niños gozarán con las ocurrencias de este nuevo personaje y sus amiguitos Alvarín, Obdulete, el arrugado pero digno Zuluaguita y el padrecito Nel, con quienes se involucra en todo tipo de travesuras infantiles, algunas de ellas legales. 

La serie que lanzamos esta noche ha recorrido un largo camino. Inicialmente, el autor se aventuró con un libro de memorias titulado Rebelde con causa, en homenaje a su grupo de pop juvenil preferido. Pero la obra resultó un fracaso porque algunos capítulos resultaban muy dramáticos, en especial aquel en que Pachito juega a las escondidas con sus hermanos, se esconde en el zarzo, pisa una tabla vieja, y se cae del zarzo: de ahí proviene su uribisismo. 

Tampoco fue afortunada la confesión de que Alejandro Obregón lo apodaba ‘la rata mecánica’, mote que esperamos no utilice para su eslogan de campaña. Y la narración decaía cuando comentaba su trabajo al lado del expresidente Uribe: “De Uribe aprendí a comerme todo lo del plato, a no interrumpirlo cuando hablaba, a quererlo como un padre. Una vez me vio triste, se me acercó paternalmente y me dijo: ‘sáquese la mano de los bolsillos’; me pegó un calvazo y me hizo retirar al despacho vicepresidencial. Fue una gran enseñanza”.

Sin desmeritar sus virtudes como prosista, la editorial recomendó al autor que explorara el género de la literatura infantil, donde evidentemente se le ve más cómodo. El resultado es esta obra aclamada por la crítica, de la cual Álvaro Uribe dijo que era químicamente buena y José Obdulio químicamente pura, como la pasta. De la portada. 

Para esta editorial es un orgullo ofrecer al público infantil colombiano un antihéroe propio, autóctono, que lo rescate de la invasión de personajes ajenos a nuestra cultura, como Bob Esponja. También nos enorgullece abrir las puertas a escritores primerizos en momentos en que las letras colombianas se encuentran de luto tras la partida del maestro Álvaro Mutis. 

La vida intelectual del país no se detiene: no estarán con nosotros Abelardo Forero ni Tito de Zubiría, pero nos quedan José Obdulio Gaviria y Juan Carlos Pastrana, que por estos días debatieron sus diferencias con envidiable altura cultural: sí, fue indelicado que Pastrana publicarla una foto en la que, según él, aparecía José Obdulio con su primo y Carlos Ledher, como si no hubiera mejores maneras de desprestigiar a Carlos Ledher. 

Y José Obdulio no fue pulido al llamar “bellaco” a Pastrana y sugerir que es un “castrati”, en velada crítica no se sabe si a los niños cantores o al régimen castrista: ¿Qué recriminaciones familiares, todas falaces, siguen? ¿Inventar, acaso, que un hermano de Pastrana arrolló a un peatón en el carro presidencial? ¿Que los hermanos de José Obdulio estuvieron presos por narcotráfico? ¿Que un primo de Pastrana fue detenido por lavado? Y, sin embargo, la discusión recordaba la esgrima intelectual de Borges con Sábato; de Quevedo con Góngora. De Pimentel con Gamero.

Del mismo modo, se nos fue Mutis pero nos queda Pacho, prolífico autor que ha escrito más libros de los que ha leído. Lanzamos, pues, su primera obra, con láminas a todo color y la posibilidad de meter la mano –negra– por el guante del respaldo para utilizar los dedos a manera de marionetas. (Pachito es el meñique).

Antes de repartir los dulces y el catálogo con adelantos de ‘Pachito se emberraca’ y ‘Pachito se peluquea con totuma’, agradecemos a sus padres haberlos traído y los invitamos a que saquen sus crayolas para colorear algunas viñetas. Pueden dibujar en las hojas o en el mural que habilitamos para ustedes, en el que Pachito está pintado en la pared. Muchas gracias. 
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