Lunes, 23 de enero de 2017

| 1996/02/26 00:00

PAIS DE MENTIROSOS

A Nixon jamas pudieron perdonarle que durante dos largos años negara su responsabilidad en Watergate en toda suerte de entrevistas.

PAIS DE MENTIROSOS

Pais de mentirosos
EN MEDIO DEL GRAN DEBATE NACIONAL sobre corrupción que en este momento paraliza el país, hay algo que resulta especialmente impresionante: la lista de mentiras, y de mentirosos, que han sido protagonistas de las noticias en los últimos días. La historia ha demostrado que la mayoría de las veces a la gente le cobran menos lo que hace y mucho más lo que dice que no hizo. Para hablar solo de Nixon, que está tan de moda en los últimos días, su país pudo haberle perdonado que bajo sus órdenes se instalaran micrófonos para espiar a sus contrincantes políticos. Pero jamás podía perdonarle que lo negara durante dos largos años en toda suerte de entrevistas y alocuciones a través de la televisión.
En el caso colombiano, como lo decíamos atrás, la lista de mentirosos es interminable. Hay mentiras de todos los sabores, olores y colores. Flacas y gordas. Escandalosas y discretas. Elegantes o ramplonas. Necesarias e innecesarias. Trascendentes o pasajeras, pero todas ellas mentiras, que tarde o temprano terminan colocando a sus autores e peores aprietos que los hechos que han querido tapar con ellas.
Por ejemplo, el ex senador Eduardo Mestre prefirió inventar que estaba dedicado al negocio de los tapetes y los cuadros para tapar que estaba a sueldo de los Rodríguez.
El ministro Horacio Serpa prefirió decir que la indagatoria de Medina le había llegado como un anónimo, para ocultar que la obtuvo a través de la Procuraduría. Y optó por inventarse un compromiso en Barrancabermeja para hacerse a una coartada que tapara la verdad del posible compromiso del gobierno con el narcomico que estuvo a punto de aprobar el Congreso para sacar de las cárceles a los implicados en el proceso 8.000.
El presidente Samper todavía se atreve a decir que llegó a la casa de Alberto Giraldo para hacer una alianza política con el general Maza sin saber a qué casa se estaba metiendo. Y continúa insistiendo, a pesar de lo absurdo que resulta sostenerse en esa versión cuando la avalancha de los hechos lo contradice, que jamás supo que los generosos hermanos Rodríguez Orejuela le habían metido 6.000 millones de pesos a su campaña para engrasar la maquinaria liberal.
Los hermanos Rodríguez Orejuela, por su parte, siguen empeñados en negar que donaron la plata. Pero como el testimonio de Botero los arrincona, están preparándose para aceptar que lo primero que dijeron era mentira, diciendo otra mentira: que la plata sí la donaron, pero que de ello solo supo Fernando Botero. Serían los primeros donantes de una campaña electoral que resuelven apoyar económicamente a un candidato con la condición de que este no sepa. Eso solo llevaría a la conclusión de que el presidente Samper fue objeto de una conspiración para elegirlo.
A Heine Mogollón le salió bien su decisión de aferrarse a la mentira de que no era su voz la que aparecía en una grabación comprometedora. Eso solo deja la sensación de que las máquinas imitadoras de voces se han perfeccionado tanto, que ya ofrecen un menú para suplantar voces de anónimos gerentillos bancarios cada vez que alguien lo requiera de afán.
El general Camilo José Zúñiga, angustiado ante la cada vez más inminente cancelación de su visa, utiliza las cámaras de televisión para proclamar a los cuatro vientos que esta eventualidad lo tiene sin cuidado, como si pudiera ser verdad que carezca de importancia que al comandante de las Fuerzas Militares de Colombia lleguen a cerrarle las puertas precisamente del país que actúa como socio material e intelectual de la lucha antinarcóticos, por sospechas sobre su verdadero compromiso en el tema.
Políticamente, el ex presidente Gaviria niega cualquier conocimiento de un comunicado redactado y firmado por sus principales colaboradores arrinconando al presidente Samper, varios de ellos residentes en Washington, que no es, ni muchísimo menos, una ciudad en la que un puñado de colombianos íntimos amigos y colaboradores puedan andar haciendo cosas a espaldas de los demás.
El embajador Lleras de la Fuente se aferra a la versión de que no ha pensado renunciar, cuando sus más cercanos colaboradores han sido la fuente de información de que ya decidió abandonar el cargo, y que simplemente está buscando el momento oportuno para irse.
Y Fernando Botero resuelve confesar que decía mentiras cuando aseguraba que a la campaña no había entrado plata, aferrándose a otra mentira, con la que pretende aparentar que está diciendo toda la verdad. Que no supo del ingreso de los narcodineros sino hasta que llegaron a sus manos los narcocasetes, lo que lo conduce a la inverosímil conclusión que el que recibió la plata fue el candidato, y no el gerente de la campaña.
El único, irónicamente, que ha dicho la verdad, ha sido Andrés Pastrana, a quien decirla, a no ser que algo extraordinario suceda, le costó la presidencia.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.