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Opinión

  • | 2011/06/04 00:00

    País de machos

    DSK siempre tuvo una posición dominante sobre sus mujeres. Cuando se ejerce el sexo sobre la premisa del poder, no hay seducción, sino sumisión.

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Según el semanario de izquierda francés Le Nouvel Observateur, Francia ya no es el país de la seducción y el romance, sino "el país de los machos". Hacer una aseveración de este calibre en una nación que se precia de haber dado mujeres inventoras del feminismo, como Simone de Beauvoir, podría sonar a insulto, pero no creo que falte a la verdad el semanario francés.

Sobra decir que la justicia norteamericana será la que diga si Dominique Strauss-Kahn (DSK) violó a esa mucama o si, como dice él, se trató de una relación consentida. De lo que sí ya no hay duda en los círculos de poder de París es de que el señor DSK es un acosador y un hombre obsesionado a todas horas por las mujeres. Todos los medios franceses lo han mostrado como un ser atormentado en esa materia. ¿Cómo fue posible que un político con semejante problema a cuestas estuviera pensando en ser el candidato presidencial del Partido Socialista? La respuesta es fácil: porque hasta hace un mes, a nadie en Francia le importaba si sus políticos eran pedófilos, acosadores o violadores.

Sin embargo, desde que estalló el escándalo de DSK, esa Francia que nunca había mirado la vida íntima de sus políticos se está sorprendiendo con lo que está encontrando. Hace una semana, Georges Tron, secretario de Estado de la Función Pública, renunció a su puesto tras ser acusado por una secretaria de acoso sexual. Es la primera vez que un político francés renuncia por esa razón y su caída tiene asustados a muchos políticos que están temiendo lo peor. Hace dos días, Luc Ferry, un exministro de Sarkozy, salió en un programa de opinión en la televisión francesa afirmando que era un secreto a voces que un antiguo ministro había participado en una sesión de pedofilia en una fiesta en Marruecos. Algunos medios dieron a entender que ese exministro podría ser Jack Lang, y él inmediatamente emplazó a Ferry y le exigió que dijera el nombre del exfuncionario al que él se refería porque su honra estaba de por medio. Para no hablar del impacto que ha tenido entre las mujeres la manera como los más encumbrados intelectuales de la 'gauche caviar' han cerrado sus filas en defensa de DSK. El primero en salir a la palestra fue Bernard Henry-Lévy, quien afirmó públicamente que él conocía de siempre a DSK y podía dar fe de la calidad de hombre íntegro que era. "Acepto, eso sí, que tenía una debilidad especial por las mujeres: la de amarlas hasta el cansancio". Sobra decir que en muchos sectores, y para sorpresa de muchas de sus admiradoras, entre las cuales yo me cuento, sus palabras fueron entendidas como una legitimación del acoso sexual.

Henry-Lévy no fue el único en decir que DSK era un gran seductor incapaz de hacerles mal a las mujeres, también lo dijo Jack Lang, otro miembro de la 'gauche caviar' parisina, quien lanzó una infortunada frase para protestar ante el hecho de que a DSK lo hubieran esposado como si fuera un criminal. "¡Si él no ha matado a nadie!", dijo Lang en un momento de desazón, como si para él el delito por el cual había sido acusado DSK, que era el de violación, no ameritara ese tratamiento tan indigno.

Ante semejante defensa, muchas de las mujeres han salido en los medios de televisión denunciando el maltrato de que son objeto por parte de los diputados hombres. España supera a Francia en participación de mujeres en puestos públicos y por primera vez la vida íntima de los políticos franceses está siendo expuesta. Ahora París habla de sexo y poder de manera abierta y sin tapujos.

La discusión no está en si a las mujeres nos gusta o no que nos seduzcan. Claro que nos gusta. Como también nos complacen el romance y el cortejo. Otra cosa muy distinta es el acoso sexual, que convierte a la mujer en una persona indigna porque la irrespeta, sobre todo cuando el hombre tiene una posición dominante, como de hecho siempre la tuvo DSK sobre todas sus mujeres. Cuando se ejerce el sexo sobre la premisa del poder, no hay seducción, sino sumisión.

En Colombia falta que se destape un escándalo como el de DSK para que este tipo de reflexiones se empiecen a dar de la forma tan cruda como ahora se están dando en Francia.
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