Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2012/07/28 00:00

    País de orates

    Todo esto sería simplemente grotesco si entretanto no estuviera lloviendo sangre.

COMPARTIR

El ejemplo lo da sin duda el expresidente Álvaro Uribe con su obsesivo sirirí por Twitter, pobre sustituto de sus consejos comunitarios de gobierno. Pero ahora lo ha superado el vicepresidente Angelino Garzón, apenas emergido de su coma cerebral, poniéndose a gobernar también él –no a vicegobernar, sino a gobernar en contravía del gobierno– por teléfono. Un día llama desde el conmutador de Palacio (?) a un senador
uribista para respaldarlo, y al día siguiente llama a un senador exuribista y antiuribista para felicitarlo. Y además se pone a enviar ‘cartas abiertas’ sin destinatario preciso para darles las gracias al presidente Juan Manuel Santos y al pueblo colombiano por haber esperado con paciencia su recuperación y haber contribuido a ella con sus misas y oraciones, que aunadas a las bendiciones del Señor de los Milagros de Buga, su coterráneo, lo rescataron del coma en un santiamén. Da consignas para el problema indígena: “Diálogo Social Intercultural” (las mayúsculas son suyas). Aconseja ñoñerías: “No debemos olvidar que de acuerdo a la Constitución la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”; y que “los colombianos y las colombianas tienen todo el derecho a vivir en paz, empezando por los niños y las niñas”.

Concluye diciendo: “Mentalmente estoy en condiciones óptimas”.

Por todo lo anterior, no lo parece.

No es Angelino el único que anda dando señales de que la perturbación mental del expresidente Uribe es contagiosa. Otro es el exalto comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, que no se manifiesta ni por Twitter ni por teléfono, sino por una misteriosa comunicación telepática desde la clandestinidad con el exasesor presidencial José Obdulio Gaviria, dictándole un “Decálogo Político para retomar el rumbo”. Y otro más ese mismo José Obdulio, que está dedicado a desenmascarar infiltrados de la guerrilla en los rincones más insospechados, como esos espiritistas que al final de sus vidas terminan sacándose ectoplasmas de los bolsillos. Pues lo suyo no es la denuncia genérica que hace, digamos, Plinio Apuleyo Mendoza, omnicomprensiva pero vaga: unos innominados ‘amigos de la guerrilla’ han conseguido socavar el campo político y judicial, y han infiltrado sindicatos, universidades y medios de comunicación y adoctrinado fiscales, jueces y colectivos de abogados. No. El intrépido José Obdulio señala con nombres propios, sin que lo disuada el hecho de haber tenido que retractarse alguna vez de sus señalamientos tras ser condenado por calumnia. Señala al alto consejero para la Seguridad de Santos, Sergio Jaramillo, a quien acusa de perseguir a generales, coroneles y mayores para entregarles sus cabezas a siniestros ‘colectivos’ (probablemente los mismos que denuncia Plinio). Señala a la canciller María Ángela Holguín, a quien llama “aliada incondicional” del chavismo y “quitacolumnista” del polo-samperismo. Y señala, en fin, al propio presidente de la República, Juan Manuel Santos, de quien ha descubierto que no es otra cosa que un títere manipulado de ultratumba por el difunto Manuel Marulanda, Tirofijo.

¿Y cómo descubrió José Obdulio tan macabro secreto? Muy sencillo: por un milagro. Por directa y explícita intervención divina. En su habitual columna de El Tiempo lo cuenta así: “Los designios del Creador son insondables. La Providencia quería poner en mis manos un documento histórico y determinó hacerme ir hasta un sitio insólito para recibirlo: al aeropuerto del Caguán”. Y una vez allí, “a las 3 de la tarde de un lunes de mayo florido” José Obdulio recibió de manos de ‘una persona’ (¿un arcángel quizá?) “una cosa”. ¿Qué cosa? Un libro de 1.203 páginas. Un ‘archivo secreto’. Una ‘caja de Pandora’. Las cartas y documentos de Manuel Marulanda de 1993 a 1998 que las Farc publicaron, asegura José Obdulio, “en edición rústica y pequeña para circulación clandestina”. En ese archivo milagrosamente recuperado (José Obdulio dice que se puede consultar en pensamientocolombia.org, pero yo traté y no pude: no auxilió la Divina Providencia) están las pruebas fehacientes de que desde enero de 1997 “Tirofijo había puesto sus ojos en Santos” y lo había convertido en su “socio político”, su “nuevo mejor amigo” y su “carta guardada”, impartiéndole instrucciones a través de Álvaro Leyva (¿otro arcángel?).

Bueno: podría ser. También hace unos años Santos acusó a Rafael Pardo de ser aliado de las Farc para impedir la reelección de Uribe. Y ahora Pardo es su ministro. Pero eso no demuestra que los dos sean guerrilleros, sino que son politiqueros. Ambos serán ministros del próximo gobierno de Uribe, después de que sea aprobada la Constituyente que promueve Angelino desde su cama. La vida da muchas vueltas, y todas en redondo.
Todo esto sería simplemente grotesco si entretanto no estuviera lloviendo sangre.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.