Jueves, 19 de enero de 2017

| 1999/03/29 00:00

PARA FRENAR LAS MASACRES

PARA FRENAR LAS MASACRES

Vuelve y juega. Como en un tablero de Risk, los Estados Unidos volvieron a tirar los dados y
casi intervienen en la diminuta provincia de Kosovo. Bueno, esta vez bajo la égida de la Otan. Sin embargo, no
quedan claros cuáles son los 'intereses vitales' que los llevaron a desplazar 4.000 marines: no hay petróleo
como en Kuwait, no hay misiles nucleares como en Corea del Norte y no es un santuario para el terrorismo
como Afganistán. Y, sin embargo, mandaron tropas al Adriático, redactaron el borrador de los preacuerdos
de Rambouillet y chantajearon a los negociadores serbios y kosovares con embargos y bombardeos. Toda
esta arrogante demostración de poder, según dijeron en Washington, era "para frenar las masacres" en la
provincia balcánica.Ante esto, cualquier colombiano con dos dedos de frente se preguntará: ¿Cuándo nos toca
el turno?Porque en Colombia, mucho más que en Kosovo, sí se concentran esos 'intereses vitales' de los que
hablan en el Pentágono. Y que, precisamente, nos posicionan como un país con las condiciones óptimas
para ser intervenido: está en el antejardín del imperio y no en las narices de los europeos; produce y exporta
el 80 por ciento de la droga que consumen en el norte; está inmerso en una feroz guerra interna que está
desestabilizando la región; tiene un Estado corrupto e incapaz de controlar sus propias crisis, y tiene una
guerrilla que controla la mitad del país y secuestra a norteamericanos cuando no los declara objetivo militar.
Colombia hasta les ofrece la posibilidad, como Kosovo, de enarbolar la bandera humanitaria 'para frenar las
masacres', que solo en 1998 dejaron más de 1.000 muertos. Pero no. La Casa Blanca ni está dispuesta a
enviar tropas a Colombia, ni piensa lanzar misiles Tomahawk a la zona de despeje, como lo han pronosticado
algunos analistas sin que les falte razón. Así como no hubo una 'norieguización' de Samper, no va a haber
una 'kosovización' de Colombia con Pastrana. Entre otras, porque cualquier intervención militar en el
extranjero tiene que contar con el apoyo de la mediatizada opinión pública norteamericana, la cual todavía
percibe el fenómeno guerrillero con un aroma más revolucionario que terrorista ('Tirofijo' no es Saddam).
Y en Washington saben, además, que el sentimiento antiyanqui en América Latina es como un volcán
dormido que hace erupción ante cualquier intromisión militar unilateral. De lo que sí debemos preocuparnos es
de la creciente intervención indirecta del Tío Sam en nuestro país. Todos esos asesores técnicos, equipos
bélicos, satélites, expertos en inteligencia, son el reflejo de una cooperación exclusivamente militarista _y
destinada solo a la lucha antinarcóticos_ que si no se equilibra rápidamente con un componente social va a
terminar agudizando el conflicto. La intervención norteamericana no puede seguir reduciéndose a la fatídica
ecuación de que ellos proveen la tecnología militar y las armas y nosotros ponemos la mano de muertos.
La ayuda técnico-militar que busca fortalecer nuestras Fuerzas Armadas tiene que estar acompañada de un
agresivo plan de inversión social. Y es ahí, en lo social, donde más pueden y deben intervenir los Estados
Unidos. Si, como han dicho, quieren contribuir al proceso de paz que dejen entonces de darnos migajas en
helicópteros oxidados del Vietnam y se comprometan en un plan serio de reconstrucción social y de
infraestructura. Y eso cuesta mucho más que los 290 millones de dólares de consolación que ofrecieron
para la lucha antidrogas de este año.Es también en el tema social donde el gobierno colombiano tiene que
ser más lanzado y creativo en las búsqueda de recursos. El Plan Colombia es una buena idea pero dada la
actual austeridad internacional resulta insuficiente. Por eso es el momento de que el gobierno busque
seriamente la posibilidad de renegociar la deuda externa. La mejor manera en que puede colaborar la
comunidad internacional (léase Estados Unidos) en la búsqueda de la paz es condonando o reestructurando
parte de la deuda. Que permita liberar recursos para que sean invertidos en áreas críticas como sustitución
de cultivos y vías de acceso. Colombia ha sido uno de los únicos países de América Latina que no ha dejado
de pagar sus obligaciones crediticias _a un enorme costo social_ y, paradójicamente, por ser buen pagador
no le han condonado un dólar. ¿Habrán explorado esa posibilidad? Hasta ahora, la intervención de Estados
Unidos en Colombia ha tenido el pérfido rostro de la guerra. Y tiene ese rostro porque para los que toman las
decisiones en Washington, Colombia es sinónimo de droga. Y droga para los gringos es represión. Y
represión para Colombia es bala. Y la bala nos sabe a cacho.

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