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Opinión

  • | 2006/03/11 00:00

    Para ir empezando

    Es posible que Antonio Navarro fuera mejor Presidente, pero me parece que Carlos Gaviria es mucho mejor candidato

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Arrecian las amenazas de los Estados Unidos contra Irán. Y ya sabemos que ese grupúsculo terrorista que es la administración Bush cumple sus amenazas, de manera que estamos al borde de otra guerra que, si le creemos al fanático embajador John Bolton, puede ser nuclear. Pero en Colombia estamos en otra cosa. En lo de siempre. Estamos en elecciones.

Las va a ganar la derecha: el dinero y el amedrentamiento. Hace unos días decía en una entrevista el presidente socialista del gobierno español, Rodríguez Zapatero, que la derecha tiene todos los medios –económicos, informativos, prácticos– en tanto que la izquierda, en la democracia (que es en sí misma una frágil conquista de la izquierda), sólo tiene el voto, y por eso es necesario usarlo. Por eso, a pesar de la certidumbre de que estas elecciones de hoy las va a ganar la derecha, hay que usar el voto para tratar de oponerse a eso, para intentar detener la deriva hacia un mayor horror. Para empezar a parar a la derecha hay que utilizar el voto, antes de que también nos lo quiten. Hay que utilizarlo por la izquierda.

No me cuento entre quienes llevan decenios diciendo, desde los fascistas de Benito Mussolini, que la izquierda y la derecha no existen. La derecha es la derecha: el poder, el dinero, las armas, el amedrentamiento. (También es de derecha el amedrentamiento que se llama a sí mismo de izquierda: la guerrilla colombiana con sus secuestros y sus minas quiebrapatas, o la Unión Soviética con sus cohetes y sus tanques, cuando existía). La derecha en Colombia es hoy por hoy el uribismo: toda esa mescolanza de ex conservadores y ex liberales, de narcoparamilitares y de politiqueros, de finqueros y de banqueros. Electoralmente hablando, una docena de partidos distintos, con la mano en el pecho, con la U tatuada a fuego como marcan a las vacas, con las listas repletas de animales de rapiña. Una docena de partiditos distintos y un solo uribismo verdadero. Luego están los liberales, que son, como sabemos, bastante de derechas, y que en todo caso han estado siempre dispuestos a venderse al mejor postor, a entregarse “por el más infantil espejismo”, como diría el poeta León de Greiff: por una embajada en la OEA o por un plato de lentejas. Y luego está la izquierda.

En este momento, en Colombia la izquierda es una cosa que se llama el Polo Democrático Alternativo. Ay, esos nombres complejos, confusos y retorcidos que se ve obligada a adoptar la izquierda, cuando a la derecha le basta con llamarse a sí misma como le dé la gana, con tal de no incluir en su nombre la palabra “derecha”: puede llamarse liberal, o conservadora, con llamativa simplicidad. O uribista. El Polo Democrático Alternativo está dividido, como lo sugiere su propio nombre triple. Pero sigue siendo lo que hay frente a la derecha, lo que podemos oponerle: una defensa, una barrera, un dique. En resumen: una oposición. Algo que, repito, vaya sirviendo para ir empezando a parar a la derecha.

Hoy se decide también la consulta interna del dividido Polo Democrático etcétera sobre la candidatura presidencial para las elecciones de mayo. Es posible que Antonio Navarro fuera mejor presidente, pero me parece que Carlos Gaviria es mucho mejor candidato. Y al votar por la izquierda no estamos votando para elegir quién gobierne, sino para elegir a alguien que pueda canalizar la oposición. Con Uribe bajando en las encuestas.
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