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Opinión

  • | 2012/02/04 00:00

    ¿Para qué volver al holocausto?

    La sentencia tiene la enorme virtud de activar la memoria de los colombianos y abrir el camino para que cosas como estas no sigan ocurriendo.

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El ambiente era tranquilo. Todo parecía indicar que el Tribunal Superior de Bogotá rechazaría la sentencia que condena al coronel Alfonso Plazas Vega. Circulaban rumores de que el magistrado Hermes Lara presentaría una ponencia negativa y los magistrados Alberto Perdomo y Fernando Pareja la acogerían.

Para sorpresa de quienes han querido echarle tierra a los dolorosos sucesos del Palacio de Justicia, Perdomo y Pareja no solo no aceptaron la absolución de Plazas Vega sino que fueron muy lejos e instaron a la Corte Penal Internacional a considerar un proceso contra el expresidente Belisario Betancur y ordenaron que el Ejército Nacional le pidiera perdón a las víctimas por las acciones delictivas de algunos de sus miembros en este acontecimiento.

La tormenta no se hizo esperar. Desde el presidente Santos para abajo, una nube inmensa de políticos, líderes de opinión y funcionarios públicos, incluido el ministro de Justicia, se lanzaron otra vez contra los jueces. Nada más desafortunado para el país. Nada más contrario al esfuerzo que debe hacer la sociedad colombiana para que estas atrocidades no vuelvan a ocurrir.

Si después del holocausto la dirigencia nacional hubiese tenido el talante moral y la valentía para avanzar en el esclarecimiento de los hechos y en la provisión de justicia, quizás se habrían evitado los magnicidios que hirieron el corazón del país a finales de la década de los ochenta. Quizás se habría aminorado o impedido la guerra atroz que se apoderó de la nación entre 1995 y 2005, década en la que se produjeron el 80 por ciento de las masacres, los asesinatos, las desapariciones, los secuestros y los desplazamientos forzados de los cincuenta años de conflicto colombiano.

Si en los meses que siguieron se hubiese sabido en detalle la responsabilidad de los militares en las desapariciones y ejecuciones de civiles o en la utilización desproporcionada de la fuerza en la retoma del Palacio de Justicia; si hubiésemos conocido y sancionado la actitud que tuvieron cada uno de los altos funcionarios del gobierno; si en las negociaciones de paz con el M-19 la verdad sobre lo que ocurrió ese noviembre de 1985 hubiese estado en la mesa, es probable que muchos militares se inhibieran en los años siguientes de la racha de ejecuciones extrajudiciales que pusieron en práctica, y que los políticos lo pensaran dos veces antes de enrolarse con fuerzas ilegales y, también, que la guerrilla se abstuviera de brutales actos de terror, como el ataque al Palacio de Nariño en la posesión presidencial de 2002 o la explosión de El Nogal en 2003.

Claro que es discutible el llamado para que la Corte Penal Internacional investigue al expresidente Betancur. Belisario es, sin duda, la persona de Estado que más ha comprendido el conflicto colombiano y el más generoso en la búsqueda de la reconciliación del país. La guerrilla le pagó con la más vil de las monedas.
 
No creo que él hubiese preferido contraatacar el Palacio en vez de negociar con el M-19. ¡Y fíjense amigos lectores! El solo llamado produjo un hecho trascendental: Enrique Parejo, ministro de Justicia de la época, dijo que en los sucesos del Palacio hubo constreñimiento de las funciones presidenciales por parte de las Fuerzas Armadas. También puede ser discutible obligar a los militares a pedirles perdón a las víctimas, pero es una afrenta menor a la producida por el general Navas al calificar al coronel Plazas Vega como héroe de la patria en el momento en que se produjo la condena del militar.

La sentencia del Tribunal de Bogotá tiene la enorme virtud de activar la memoria de los colombianos y abrir el camino para que cosas como estas no sigan ocurriendo. Porque... hablemos sin tapujos: si ahora mismo la guerrilla tuviera la oportunidad de tomar como rehenes a un grupo de altos funcionarios del Estado o de líderes políticos o de empresarios, lo haría sin escrúpulo alguno, y las fuerzas de seguridad tendrían igualmente como primera opción el rescate sin importar las consecuencias. ¿No es eso lo que ha ocurrido con muchos secuestrados?
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