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Opinión

  • | 2005/11/22 00:00

    Paracos en política

    Uno puede querer hacer política con los desmovilizados, elegirlos o no. Pero no podemos impedir su derecho a hacerse elegir al cumplir los requisitos que les impuso el Estado

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Pueden o no los paramilitares hacer política a partir de ahora? Lo que ha sucedido para responder esa pregunta parece muy contradictorio. Las señoras Eleonora Pineda y Rocío Arias duraron varias semanas tocando puertas para ser recibidas en alguna de las listas del uribismo. La farsa era tan flagrante, que a la primera la recibieron en una lista simplemente por ser la fórmula de Cámara del senador Miguel de la Espriella. A la segunda le costó más trabajo: Ni Juan Manuel Santos en el Partido de la U, ni Germán Vargas en su Cambio Radical, mostraron el menor interés de recibirla. Rocío acudió entonces al partido del primo del Presidente, Colombia Democática, que en pleno proceso de unión con el partido Alas, de Leonor Serrano de Camargo, condicionó su entrada a que los nuevos socios la aceptaran. La unión con Alas se rompió y Rocío fue finalmente aceptada en Colombia Democrática. Luego vino el problemita de la alianza de Zulema Jattin con Jairo Angarita, quien fuera la mano derecha de Salvatore Mancuso. A Juan Manuel Santos le llegó la hora de definir la inclusión de ese personaje en la lista de la U, y dijo que no. Quién dijo miedo. El temible 'Jorge 40', aún no desmovilizado, envió a La W una carta energúmena en la que planteaba el punto de "la exclusión a que seremos sometidos por la dirigencia política del país quienes optamos por continuar nuestra lucha dentro de las posibilidades que nos permite la democracia". La respuesta de Juan Manuel Santos fue tajante: precisamente la democracia permite hacer política con quien uno quiere, y no está obligado a hacerla con quien no quiere. Pero el asunto va mucho más allá. Zulema Jattin no escoge ir al Senado de la mano del señor Jairo Angarita porque lo conoció en vespertina y le cayó divinamente, ni las representantes Rocío Arias y Eleonora Pineda sirven de voceras de los paramilitares porque estén haciendo una obra de caridad. Aunque ellas han sido insistentes en afirmar que no son paramilitares, digamos que las une "una gran simpatía" con las AUC, hasta el punto de que, por cuenta de sus posiciones frenteras sobre el tema, y si bien no podemos llegar a la exageración de decir que se han ganado el respeto social y político, sí han logrado convertirse en unas interlocutoras a las que se escucha con atención cuando hablan en los medios y quienes seguramente repetirán período en el Congreso defendiendo los mismos intereses con los que se llegaron la primera vez. Si Rocío y Eleonora ya llevan cuatro años en el Congreso, para no mencionar otros padres de la patria que son menos abiertos sobre sus simpatías hacia las AUC, quiere decir que los paramilitares hace rato vienen haciendo política sin haberle pedido permiso a nadie. Ahora que se están desmovilizando el asunto es más evidente. Han dicho en todos los tonos que la razón de su desmovilización es precisamente buscar sus fines por la vía democrática, que es la política. Podemos creerles o no. Pero lo que de ninguna manera podemos impedirles es que su reincorporación a la legalidad implique su presencia en los escenarios políticos. Muchos de ellos llegarán allí secretamente armados y utilizando sus fortunas del narcotráfico para financiar sus campañas. Otros usarán testaferros. En eso las autoridades y la justicia tienen un gran papel qué jugar. Pero lo que no podemos impedir es que si hay proceso con los paramilitares, hagan proselitismo político. Por lo menos aquellos que no tengan penas qué cumplir o asuntos pendientes con la justicia. Sin querer compararlos, salvo en lo esencial, varios desmovilizados y reinsertados provenientes de grupos armados ilegales son columnistas de El Tiempo, como mi amigo León Valencia y Otty Patiño; han sido alcaldes, como Rosemberg Pabón; ministros, como Antonio Navarro, o tienen curules en el Congreso, como Navarro y Petro. Uno puede querer hacer política con ellos, elegirlos o no. Pero lo que no podemos impedir es que tengan el derecho de hacerse elegir al haber cumplido con los requisitos que les impuso el Estado para su desmovilización. Lo mismo sucede con los paras. Si se desmovilizan, y pagan sus deudas con la sociedad, podrán moverse en los escenarios nacionales como cualquier otro ciudadano. No faltarán quienes los apoyen o los acojan. Pero individualmente, el derecho que conservamos los demás colombianos es el de no tener que invitarlos a la casa, votar por ellos o aceptarlos como fórmula política, a no ser que se nos antoje. Qué pena. ENTRETANTO?¿Cómo le gustará más que lo llamemos: 'don Berna', 'don Adolfo' o 'don Diego Murillo'? Porque también existe la posibilidad de decirle doctor...
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