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Opinión

  • | 2014/02/07 00:00

    Los delfines parapolíticos en Bolívar presentan sus cartas

    La lista de los descendientes de los parapolíticos que aspiran a ocupar un escaño en la Cámara de Representante, el Senado y otros cargos de elección popular, es larga y da miedo.

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Las alarmas están encendidas: la parapolítica en Bolívar empieza a resurgir de sus  cenizas como el mítico Ave Fénix. Es cierto que Javier Cáceres está preso, al igual que algunos miembros del poderoso clan de los García y de la temible organización que preside la empresaria del chance Emilce López, que por estos días ha sido noticia por su controversial reclusión en un hospital de la capital del Atlántico. Pero los indicios, y el preocupante y cada vez mayor trasteo de inscripciones de cédulas a municipios considerados fortines de los parapolíticos en el departamento, empiezan a mostrarnos un panorama gris para los comicios electorales que se avecinan.

La lista de los descendientes y cercanos de los parapolíticos y corruptos de Bolívar  que aspiran a ocupar un escaño en la Cámara de Representante, el Senado y otros cargos de elección popular, es larga y deja ver que este mal, que tanto daño y sufrimiento le ha causado al país, sigue tan vivo como en los tiempos del dominio territorial de los Castaño, los Mancuso y los Jorge 40. Javier Royo Curi, según un informe del portal La Silla Vacía, se inscribió para pedir el aval a la Cámara por el partido Conservador. Royo Curi es hijo de Martha Curi, una excandidata al Senado de la República cuyo mayor logro de su vida es ser hija de Nicolás Curi Vergara, un señor que se alzó con la alcaldía de Cartagena de Indias en tres oportunidades y luego fue investigado por la Fiscalía y encontrado culpable de celebración indebida de contratos y de vender las playas de la ciudad a la empresa privada.

Si es cierto que Martha Curi no fue a la cárcel a pesar de ser el poder detrás del poder de su tenebroso padre, también es cierto que fue ella quien, durante las administraciones de este, llevó las riendas de Cartagena y echó al traste la salud del distrito y firmó todos los contratos que tenían que ver con este sector e hizo todas las tramoyas que estuvieron a su alcance. Otro lunarcito: Martha Curi es la esposa de William Montes, un excongresista condenado por paramilitarismo y por haberse beneficiado de varias cientos de votos surgidos de los ríos de sangre dejados por los subordinados del terrorífico Carlos Castaño Gil.

Para algunos expertos de pasillos en el tema de la política cartagenera, Javier Royo Curi es uno de los pocos candidatos a la Cámara que tiene la silla asegurada, pues además de los vínculos ya citados, “cuenta con el apoyo del concejal Rafael Meza y del diputado Andrés Montes” [La Silla Vacía], pariente cercano del condena William Montes. Pero hay más: su postulación es respaldada por la Gobernación de Bolívar, en cabeza de Juan Carlos Gossaín –quien fuera secretario de gobierno de Curi Vergara en varias oportunidades-- y de algunos pesos pesados de la actual administración de  Cartagena.

Pero la lista, como se dice en el argot beisbolero, es larga, pica y se extiende. Por eso se hace necesario mencionar al exsenador Vicente Blel Saad, condenado a siete años de cárcel e inhabitalida para ejercer cargos públicos por sus nexos con  la pandilla de Jorge 40. Ahora, para mantener viva la tradición, su hija Nadia Blel busca desesperadamente el aval del ‘glorioso’ Partido Conservador para cumplir la promesa hecha a su padre de continuar con su legado. En esta misma línea se inserta Javier Cáceres Leal, otro mafioso de la política cartagenera cuya hija, Luz Stella Cáceres, después de cansarse de tocar las puertas de la oficina de Cambio  Radical, el Partido Conservador, cuyos dirigentes desconocen el significado de las palabras ‘transparencia’, ‘honestidad’ y ‘depuración’, decidió cobijarla bajo sus toldas.

La que creo que no se cambia por nadie es la exsenadora Piedad Zuccardi, condenada también por sus vínculos con los paramilitares de Sucre, Córdoba y Bolívar, cuyo desbordante recaudo electoral en los comicios del 2010 que la llevó al Congreso, estaba teñido con la sangre de cientos de campesinos asesinados por sus amigos y por otros cientos amenazados de muerte si al final de la jornada electoral doña Piedad no entraba a hacer parte de la torta del poder legislativo. Recuérdese que Zuccardi es quizá uno de los miembros más poderoso de ese clan cancerígeno de la política de la costa que tanto daño le ha hecho a la región y al país y del que también sobresale el legendario ‘Gordo’ García, un hombre adorado por sus amigos y temido por sus enemigos, y quien durante dos décadas consecutivas tuvo el poder para nombrar y montar a los gobernadores de Sucre y Bolívar. 

Y digo que doña Piedad no se cambia por nadie porque dos de sus hijos, Andrés y Juan José, tienen la obligación ‘moral’ y ‘familiar’ de mantener con vida el legado y el caudal electoral que han recibido. Este último, un político joven a quien le auguran buen viento y buena mar en los comicios próximos, es el esposo de una de las hijas del mafioso ‘El Mono’ Abello, quien fuera condenado a casi 20 años de prisión en los Estados Unidos por el envío de varios toneladas de cocaína a la Florida y otros estados.

A la lista se suma ahora Egla Terán Humanez, la hija del desaparecido exalcalde Campo Elías Terán Dix, de quien se cuenta fue la promotora de la debacle de la administración de su padre y quien fomentó con sus decisiones lo que en términos populares se denomina rosca. Terán Humanez, al igual que Martha Curi, fue el verdadero poder detrás de la alcaldía de Terán Dix. Ella manejó los hilos de una administración que pudo haber sido un ejemplo de transparencia y trabajo honesto, pero la historia nos cuenta algo distinto. 

Así las cosas, el departamento de Bolívar y la gloriosa ciudad de Cartagena solo pueden esperar más de lo mismo: pobreza. Una palabra que debería desaparecer del diccionario pero que en la costa norte colombiana hemos sabido alimentar en cada proceso democrático a lo largo del último siglo.

En Twitter: @joarza
*Docente universitario.
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