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Opinión

  • | 2017/02/20 07:58

    De que las hay, las hay

    El equipo negociador del Gobierno en la mesa con el ELN y la seguridad del Estado no pueden soslayar este asunto, pues la “participación de la sociedad” convenida en Ecuador no se puede desarrollar en medio de un reguero de amenazas y muertos.

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Esta mescolanza en el país de sangre, negocios ilegales, corrupción política, dineros públicos que se pierden, sumado a los gritos de asesinos a los que van a toros en Bogotá y de asesinos y terroristas a los antitaurinos, puede dar al traste con la ilusión de que la violencia cese como herramienta para dirimir disputas políticas en Colombia.

En varios departamentos ruedan panfletos con logos de las Águilas Negras, Autodefensas Gaitanistas de Colombia y grupos de pelambres parecidos que hacen listas de líderes sociales acusándolos de apoyar a las FARC o al ELN. Otras, que amenazan con “limpiar” de consumidores de droga y delincuentes menores los municipios.

Todo esto se repite y los asesinatos se cumplen ante la indolencia de las mayorías y el temor de los liderazgos sociales, que se saben vulnerables porque los anuncios de seguridad por parte del Gobierno son poco efectivos especialmente en los pequeños municipios.

Este caos advierte que el Estado es disfuncional y que a pesar de los buenos criterios y la preocupación genuina de algunos funcionarios del poder central e incluso de los organismos de seguridad del Estado, el riesgo es, como en otras épocas, real.

Me ha llegado copia de un mensaje dirigido a la comunidad del municipio de Samaniego en el departamento de Nariño. En el mismo se determina que debe irse del municipio un grupo de 16 personas acusadas de ser expendedores de drogas y causarle daño a la comunidad.

Seguidamente, y como si no fuera la idea principal, en dos líneas finales se señala que los guerrilleros y simpatizantes del ELN no tienen aviso: o se van o se mueren, finaliza el texto firmado por las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. (Vea el texto)

Llama la atención que en medio de la discusión sobre participación ciudadana que adelantan los equipos negociadores del Gobierno y del ELN en el vecino Ecuador, aparezca un panfleto, en Samaniego, municipio donde organizaciones comunitarias y sociales convocan a pares nacionales y comunidad internacional a una reunión el próximo domingo para retomar e impulsar el proyecto de “desminado humanitario y desarrollo” que se nos quedó a medio camino durante las frustradas conversaciones entre esa organización guerrillera y el gobierno de Álvaro Uribe en el 2006.

El equipo negociador del Gobierno en la mesa con el ELN y la seguridad del Estado no pueden soslayar este asunto, pues la “participación de la sociedad” convenida en Ecuador no puede desarrollarse en medio de un reguero de amenazas y muertos.

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Los impulsores de esta iniciativa deben ser protegidos. Los conozco porque con ellos trabajamos en el 2006 como parte del “grupo de garantes ciudadanos” en ese proceso de paz. (Vea Garantes ciudadanos)

Doy fe de su compromiso en beneficio de las comunidades del resguardo del sande, de las veredas afectadas por las minas antipersonal, el abandono estatal y el conflicto social y armado que ha vivido esta región. Igualmente doy fe de su compromiso para salvar vidas y estimular gestos humanitarios como la liberación de agentes de la policía capturados en combate por el ELN en dicha zona
(Vea Liberación de unifromados)

Los firmantes de la convocatoria para la reunión del siguiente domingo en Samaniego son: Harold Montúfar, por aquella época alcalde del municipio; James Ibarra, secretario de Gobierno en esa administración; Alcibíades Trujillo, de la Asociación de víctimas de minas antipersonal de la vereda Cartagena de este municipio, y Ruby López, quien actúa en nombre del cabildo indígena del Sande.

Retomar ese proceso es un camino adecuado para llenar de contenidos la “mesa humanitaria” anunciada por las delegaciones de ELN y Gobierno nacional desde Ecuador.

Se debe recordar que en el 2007 el acuerdo sobre desminado en Samaniego se frustró porque el Gobierno de la época, violando el compromiso hecho por el comisionado de paz en aquel momento, Luis Carlos Restrepo, decidió que el desminado se haría por parte del Ejército y no con una organización civil como se había manifestado en La Habana y solicitado la alcaldía y la comunidad.

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Lo que siguió fue una militarización intensa de la zona, combates y muerte de soldados, incluido el oficial más experimentado en el manejo de explosivos del Ejército en la región y el desplazamiento de campesinos por los combates.

La lección se debe aprender: participación de las comunidades eficaz, no utilitaria en los procesos que les afectan. Garantías efectivas de seguridad al liderazgo social y comunitario y respeto a los criterios y términos acordados en la mesa.

Grupos paramilitares como el que aparece firmando en Samaniego, con el nombre de Autodefensas Gaitanistas de Colombia no existen en el discurso oficial, pero lo que se ve, es que como popularmente se dice sobre la existencia de las brujas, puede no creerse, pero que las hay, las hay.

No permitamos que estos “inexistentes” impidan la construcción de una paz completa.

@alvarojimenezmi
ajimillan@gmail.com

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