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Opinión

  • | 2017/07/26 06:58

    Retro-Comunismo

    Si algo caracterizó a los comunistas colombianos es que en política no jugaban a la ruleta rusa.

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El pasado 17 de julio los comunistas colombianos conmemoraron su 83º aniversario, fecha que coincidió con su 22º Congreso Nacional realizado en la capital de la república. De los comunistas colombianos se pueden decir muchísimas cosas en favor o en contra, pero lo que nadie puede negar es su perseverancia en la organización y la lucha. La militancia comunista, cayeran truenos o balas, iba sin rechistar a los lugares más remotos y expuestos de la geografía colombiana a crear una célula o recibir un balazo. Esto tiene algo de épico, más en estos tiempos en los que el decoro y la mística escasean y una parte considerable de los jefes políticos tradicionales viven de sus apellidos o son fabricados en laboratorios de marketing.

El Partido Comunista Colombiano es la organización más martirizada en la historia política de Colombia. Sus muertos, asesinados a mansalva, se cuentan por miles. Es un milagro o un mérito que aún existan como organización en un país en que los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, desaparecieron como tales y sus principales figuras se reciclaron en meras empresas electorales y rentistas, cuyo objetivo básico es el de aumentar su patrimonio familiar.

El Partido Comunista ha sido una escuela de rebeldía. Por allí pasaron guerrilleros como Manuel Marulanda Vélez -más conocido como Tirofijo-, Jaime Bateman Cayón y Carlos Pizarro Leongómez. En sus filas militaron Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, aspirantes a la Presidencia que fueron acribillados por encargo de la extrema derecha que observaba con inquietud cómo el discurso y el carisma de estos dos comunistas crecía entre la gente. El excanciller Carlos Lemos Simmonds, presidente encargado de Colombia por nueve días, pasó sus años de bohemia y rebeldía en una célula comunista a la que luego renunció para enfilar baterías contra sus excamaradas. El consagrado poeta Luis Vidales, autor del poema dedicado a la palma de cera que aparece en los billetes de 100.000 pesos -vaya ironía-, fue fundador y miembro del Partido Comunista hasta su muerte. La lista de comunistas vivos y muertos es larga, variopinta y cargada de sorpresas.

Todo nace y muere. Esto no parece sucederle a los comunistas colombianos a pesar del despiste que que han padecido en los últimos años. Amen de su empequeñecimiento y pérdida de influencia, los discípulos de Gilberto Viera White se empeñaron en estar en todas partes y terminaron no quedando en ninguna de ellas. En las pasadas elecciones los militantes parecían deshojando margaritas porque tenían papeletas en el Polo, los Verdes, la UP, Marcha Patriótica y en alguno de esos barullos que se inventan los frikis cuando no encuentran un lugar en sus vidas. Si algo caracterizó a los comunistas colombianos es que en política no jugaban a la ruleta rusa. Si los dirigentes empiezan a mover los ojos como un gato cazando murciélagos, es lógico que la militancia acabe mareada.

Todo parece indicar que la demolición del muro de la lucha armada hizo que aparecieran algunos comunistas que se daban por desaparecidos o marginados. Ochocientos delegados acreditados en un Congreso, cantando La Internacional con el puño izquierdo en alto y Hasta siempre Comandante, es una cifra nada despreciable en política, sobre todo en esta época en que son contados los candidatos que se le miden a la plaza pública para no hacer el ridículo, por lo que prefieren hacer la campaña electoral a través de selfis y fotos maquilladas que cuelgan en sus cuentas de Twiter, Facebook e Instagram.

Tampoco es para asustarse con los clásicos cantos de los comunistas colombianos más si se tiene en cuenta que en España, hace pocos días, el renacido Pedro Sánchez cerró su campaña a la Secretaría general del PSOE entonando La Internacional al unísono con cientos de militantes socialistas. Hay cosas que por más que pase el tiempo no se olvidan. El Padre Nuestro, por ejemplo, tiene mas de 2.000 años y allí está.

Los comunistas empezaron a mover ficha. Están entusiasmados porque olfatean un nuevo tiempo, una oportunidad política para el cambio. La idea de la unidad prima en el cerebro político de sus militantes. En las conclusiones del Congreso hablan de una renovación del partido en lo étnico y lo generacional. Para avanzar en la agenda de género han elegido a 19 mujeres en su dirección nacional. El colectivo LGBTI tiene representación en la directiva comunista. Ecologismo y cultura. Es bueno que se preocupen por las minorías pero sin perder de vista que todo pasa por las mayorías. Son buenas desiciones que pueden volverse papel mojado sino abrevian sus instancias y el número de reuniones. Un programa aceptable que puede quedar en un simple vacilón sino caramelizan sus formas y su archiconocida retórica verbal y escrita.

La renovación generacional implica también cambios cosméticos que parecen ‘güevones‘, como diría al pelao Rigo, pero que en realidad no lo son. Cambios que van desde el simple diseño de una bandera o un cartel, la selección y decoración del lugar en que comienza o cierra una campaña electoral, hasta la elección de la música y las agrupaciones que amenizan los actos abiertos y cerrados. Cuentan hasta los trapos que los candidatos se ponen encima o el ingenio de sus tuits. Si se trata de conquistar corazones, las buenas intenciones y la razón no bastan, menos aún en esta época de postureo y abaratamiento de la política. Cosas que se pueden hacer sin afectar el hueso y los valores comunistas.

En una entrevista concedida a la mítica revista Alternativa, el nobel Gabriel García Márquez se refería a los comunistas colombianos en estos términos: "Tal vez esta actitud mía hacia los camaradas es una especie de gratitud por los primeros colonizadores de mi conciencia política en una célula de la cual formé parte a los 22 años". Antes había una sola manera de ser comunista: militando en una célula. Ahora las cosas se tornan más extravagantes, hasta el punto de que no es extraño encontrar a un joven y rico propietario de una empresa informática que, luciendo una camiseta de cuatro pesos, cita a Lenin para motivar a cientos de empleados que en su mayoría laboran desde sus casas. Este puñetero siglo XXI, camarada, es una locura en el que si no pones los pies sobre la tierra puedes perder la cabeza.

* Escritor y analista político
En Twitter: @Yezid_Ar_D
Blog: En el puente: a las seis es la cita

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