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Opinión

  • | 2017/09/12 15:43

    El Partido Liberal en el chiquitaje

    Como era de esperarse, luego del bálsamo que significó la visita del papa Francisco, las cosas en el país empiezan a volver a la normalidad. Los primeros que muestran cuán pasajeras fueron las enseñanzas y los mensajes del papa son los políticos.

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Como era de esperarse, luego del bálsamo que significó la visita del papa Francisco, las cosas en el país empiezan a volver a la normalidad. Los primeros que muestran cuán pasajeras fueron las enseñanzas y los mensajes del papa son los políticos.

El Partido Liberal, por ejemplo, anda en plan suicida. Al paso que van, tendrán más precandidatos presidenciales que senadores. Todo esto como consecuencia de que sus nuevos liderazgos andan metidos en el chiquitaje. Tal parece que los líderes liberales no escucharon al papa cuando en su mensaje a los jóvenes les dijo: “…no se metan en el chiquitaje, no tengan vuelo rastrero, vuelen alto y sueñen grande”

El liberalismo, que en el pasado sobrevivió a guerras y persecuciones políticas, hoy se enfrenta al riesgo de morir en manos de sus propios voceros. Durante el Gobierno de Álvaro Uribe, el liberalismo estuvo a punto de desaparecer. Luego de haber perdido la mitad de su representación política como consecuencia del transfuguismo en el Gobierno de Pastrana, la posterior llegada al poder del exliberal antioqueño Uribe Vélez, dejo postrado al partido de Gaitán y de López Pumarejo. La decisión de César Gaviria de regresar para rescatar al liberalismo lo salvó de naufragar en el populismo de la seguridad democrática y el estado de opinión.

Con Santos, el liberalismo volvió a encontrar su oportunidad y se ha convertido en el bastión de su Gobierno. La paz, que muchos decían solo la podían hacer los conservadores o la derecha, resultó posible gracias al liderazgo de los liberales, tanto del presidente Santos, como De La Calle en La Habana, así como de los ministros y congresistas que han dado la cara a la opinión en defensa del proceso.

Ahora, que podrían salir a reclamar el triunfo histórico de dejar un país distinto, andan en las pequeñas rencillas propias de la política. La ambición de unos pocos amenaza con hundir definitivamente a ese partido. Es claro que Juan Fernando Cristo, Juan Manuel Galán y Luis Fernando Velasco son líderes importantes y en sus manos podría estar asegurado el futuro del partido. Pero para que haya futuro tiene que haber partido y la idea de tener candidato propio, que es a lo que conduce la propuesta de escoger candidato en marzo del año próximo, es la fórmula para la eutanasia.

Ningún observador serio puede creer que el liberalismo llegue a segunda vuelta si escoge su candidato presidencial en las elecciones parlamentarias. Es más, no solo no conseguirá que su candidato sobreviva sino que dañaría en forma irreparable la posibilidad de que la coalición de la paz llegue a segunda vuelta. Sin el aporte del liberalismo en una coalición para implementar los acuerdos, no habrá un candidato fuerte para defender la paz. Y en ese escenario, el país tendrá que enfrentarse a dos opciones desesperanzadoras. La primera, tener que escoger entre dos candidatos de la derecha, el que ponga Uribe y Vargas Lleras. O la segunda, facilitar que esa misma derecha enfrente a Petro, con lo cual tendrían la victoria asegurada.

*Exviceministro del Interior

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