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Opinión

  • | 2013/10/15 00:00

    ¿Por qué no nos levantamos de la mesa en La Habana?

    Es muy difícil comprender que estos sean los términos con los que se maneja un proceso de paz serio, los colombianos ya perdimos la esperanza.

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Hace más de un año cuando se iniciaron las negociaciones en La  Habana, una gran parte de los colombianos se llenaron de expectativas, con la esperanza que fuera la oportunidad para acabar con el conflicto colombiano de medio siglo. Sin embargo, algunos expertos conocedores del grupo guerrillero FARC, exnegociadores, políticos, entre otros, sin ánimo de aguar la fiesta, plantearon las desventajas que tenía este proceso en las condiciones en que se formuló. El resultado fue que se  tildaron como enemigos de la paz.

Hoy todos los ciudadanos del común, sin preparación técnica en asuntos de paz,  tenemos elementos suficientes para crearnos un juicio y llegar a la conclusión de lo mal que está el proceso de paz, porque como dice el dicho popular “lo que empieza mal termina mal”.  Así mismo, no nos hace enemigos de la paz, de manera contraria, queremos hacer un llamado para demostrar que como colombianos, ciudadanos y seres humanos queremos paz indudablemente, pero este proceso en La Habana ha hecho que se pierda la esencia de lo que significa.

Al revisar el diccionario de la Real Academia de la Lengua encontramos 10 acepciones para definir la paz y la primera de ellas plantea que se define como la “Situación y relación mutua de quienes no están en guerra”.  Si vemos este significado, inmediatamente nos preguntamos cómo iniciamos un proceso de “paz” en medio de las hostilidades, por qué se inició y continuó el proceso sin dejación ni entrega de armas, condición de cualquier proceso de paz. Si esto no es suficiente, día a día las FARC le recuerdan al gobierno que siguen con el poder de las armas cuando asesinan, secuestran y extorsionan a la ciudadanía.

Por ejemplo, cuando siguen las células guerrilleras dominando y bloqueando nuestros territorios como pasó esta semana en Chocó, imponiendo reglas y autoridad por la falta de gobernabilidad y seguridad en la zona. Siguen muriendo ciudadanos indefensos, soldados y policías por esta causa de manera infinita.

En este contexto y entrando al desarrollo del proceso, no encontramos  lo sustancial ni fundamental, si a esto le unimos lo vergonzoso y deprimente que es ver el rifirrafe entre el gobierno y el grupo guerrillero, en medio de una descontrolada diplomacia de micrófonos. Amenazando con publicar los secretos de las negociaciones como lo plantearon las FARC hace unas semanas, o cuando el Presidente Santos dice que van muy lento pero que la culpa es de las FARC y no del gobierno, o cuando el gobierno nos dice  a los colombianos que no atendamos a lo que se dice fuera de la mesa. Asuntos como: si se convoca a referendo o a constituyente, si es el día de elecciones de marzo o no, o si se dan un plazo para después de los procesos electorales del 2014. Una cosa es lo que acuerdan en La Habana y otra la que comunican ante la opinión pública gobierno y FARC de forma separada.

Evidenciamos un mensaje más grave aún que se planteó por las FARC-EP esta semana, y es que se desconozca la jurisdicción internacional, que nos retiremos de los escenarios internacionales de justicia, desconociendo todos los consensos internacionales de garantías que funcionan cuando la justicia nacional no opera o genera impunidad.  Ante estas declaraciones, silencio total del gobierno.

Es muy difícil comprender que estos sean los términos con los que se maneja un proceso de paz serio, los colombianos ya perdimos la esperanza y  las expectativas que resulte algo positivo de esa negociación. Ya tenemos dudas  y temor que resulte un acuerdo improvisado, con un costo muy alto en el que no hay confianza entre las partes, ni legitimidad para aprobar los acuerdos, no olvidemos que son diálogos que iniciaron sin un mandato popular (Santos no fue elegido bajo la bandera de un proceso de paz).  

Así las cosas si las negociaciones de paz en La Habana, no se traducen en el significado de la paz, si vulneran los deseos e intereses de la sociedad, si continúa el dominio de las armas en las FARC y el gobierno no exige la negociación sin presión armamentista, si continúan los homicidios, abusos y extorsiones. Si no prevalece el principio constitucional que indica, ¿el interés colectivo prima sobre el particular? Si en medio de las negociaciones se mezclan los intereses electorales. ¿Por qué no nos levantamos de la mesa?

*Directora Observatorio de Drogas Ilícitas y Armas
Universidad del Rosario, Bogotá -Colombia.
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