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Opinión

  • | 2014/04/10 00:00

    Sin perdón no habrá paz

    El modelo político y social del país funciona mal y ha sido una de las grandes causas del conflicto armado que ha azotado a Colombia desde hace tanto tiempo.

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En los últimos días he leído dos documentos que me han conmovido profundamente. El primero, es la conferencia pronunciada en Harvard por el comisionado de paz Sergio Jaramillo titulado “La paz territorial”. Hace mucho tiempo o tal vez nunca, había oído a un funcionario del gobierno aceptar con sinceridad, lo que muchos hemos venido diciendo hace décadas. El modelo político y social del país funciona mal y ha sido una de las grandes causas del conflicto armado que ha azotado a Colombia desde hace tanto tiempo. Y no se trata de proponer un cambio de sistema como algunos tratan de insinuar. 

De lo que se habla es de manejar las cosas de otra manera, de humanizar nuestro sistema, llevarlo a las regiones y acercarlo a la gente buscando brindar un bienestar más equitativo para todos. Dice Jaramillo: “(…) se trata de poner en marcha un modelo nuevo e incluyente de construcción y fortalecimiento de las instituciones en las regiones. (…) El modelo centralista, en el que unos funcionarios aterrizan como unos marcianos entre las comunidades para “traer el Estado” se quedó sin aire. (…) Y estoy convencido de que así el Estado no va a “llegar” a ninguna parte de manera sostenida y con suficiente intensidad.” Todo esto ha contribuido a exacerbar los ánimos alimentando la violencia.

Y es que es fácil estar contra la violencia per se, pero lo difícil es conocer por qué y cómo se ha llegado a este continuo y pavoroso derramamiento de sangre. Para ponerle punto final se debe conocer cuál fue el detonante original que lo desencadenó y cuales las causas para que se haya alimentado por años con tanto horror y sevicia. El documento de Jaramillo, a mi juicio, contribuye a ese esclarecimiento. Pero hay que ir más allá. Además de conocer las causas, se debe encontrar la forma de perdonarnos mutuamente, hallar la salida, pasar la página y empezar un nuevo camino de reconciliación que además garantice la no repetición. 

El segundo documento, está publicado en el New York Times a propósito de la conmemoración de los 20 años del  genocidio de Ruanda. A través de testimonios y fotografías, revela cómo ha sido el proceso de perdón entre victimarios y víctimas, de esas brutalidades que tanto dolor causaron. Es un gran ejemplo para los colombianos. 

Pareciera ser que el perdón africano es muy sofisticado para nosotros los occidentales, como dice la poetisa surafricana Antjie Krog. Cuando siento en algunos, tanta sed de venganza y tan poca voluntad de perdonar y de pasar la página, me doy cuenta de que Krog quizás tenga razón. Nos falta mucho por aprender de nuestros hermanos africanos, irlandeses, indios, españoles y de tantos otros que han sido capaces de perdonar a pesar de haber vivido dolores tan profundos. 

Dice un Sobreviviente en Ruanda: "A veces la justicia no da una respuesta satisfactoria - los casos están sujetos a la corrupción. Pero cuando se trata del perdón otorgado voluntariamente, uno queda satisfecho para siempre. Cuando uno está lleno de ira, puede perder la cabeza. Pero cuando le concedí el perdón, sentí mi mente en reposo”.

No entenderé nunca por qué algunos, como el expresidente Uribe y el Procurador entre otros, que viven ufanándose de su catolicismo, son tan reticentes a perdonar si su líder máximo, Jesucristo, no hizo más que invitar al perdón, a la compasión y a la reconciliación. No me cabe en la cabeza cómo pueden arrodillarse ante un altar, rezar, darse golpes de pecho, vivir evangelizando y regalar bendiciones a diestra y siniestra, si cuando deben demostrar grandeza, lo que aflora es una gran mezquindad. ¡Qué incoherencia!

Por más difícil e imposible que les parezca a quienes están en contra del proceso de paz, deberían aprender de los africanos, desarmar el espíritu y entender que ha llegado la hora de perdonar para poder así iniciar una nueva era en la historia de nuestro país.  Porque como dice Krog en su poema País de dolor y gracia:

“(…)  qué dice uno?
qué diablos hace uno 
con esta carga de esqueletos sin corona orígenes, vergüenza y ceniza
el país de mi conciencia
está desapareciendo como una sábana en la oscuridad (…)”

iliana.restrepo@gmail.com
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