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Opinión

  • | 2014/08/16 00:00

    Pedaleando ando

    Imagine que está en una habitación de 50 metros cuadrados con una persona que fuma un cigarrillo. Ahora imagínese en la misma habitación con 50 personas, todas fumando, y sin poder salir.

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“Imagine que está en una habitación de 50 metros cuadrados con una persona que fuma un cigarrillo. Ahora imagínese en la misma habitación con 50 personas, todas fumando, y sin poder salir.  Así se refiere el arquitecto, urbanista y exalcalde de Curitiba a la experiencia de estar atrapado en el tráfico: atascado, sin salida, y obligado a respirar de manera constante el humo de los carros. El estigma social que hoy existe entorno al vehículo particular, es el mismo que tuvo el cigarrillo a lo largo del siglo XX cuando exhalar humo era propio de aquellas mujeres y hombres poderosos y famosos, y solo podía ser sinónimo de clase, sensualidad y prestigio. No fue sino hasta que la gente comenzó a enfermar cuando el cigarrillo dejó de ser un llamado de los dioses y se convirtió en el enemigo de la sociedad y el abismo a la muerte.

Así tal cual, más temprano que tarde, el vehículo privado se convertirá en una molestia social comparable con fumar en público: Las personas podrán usarlo pero será visto como una incomodidad para quienes estén a su alrededor. 

Todos nos quejamos, el estrés de estar atascados en trancones por horas, el problema de conseguir parqueaderos, el alto precio de impuestos y gasolina, el mantenimiento del carro, el pico y placa, el exceso de tiempo perdido y el sedentarismo, pero pocos contribuimos al cambio. Me raya la cabeza aquellos colombianos que ruedan su bicicleta como principal medio de transporte en una ciudad tan agitada como Bogotá. Veo cada vez más ejecutivos, estudiantes, hombres y mujeres con su semblante tan pasivo, puntuales a sus citas y alardeando de lo que han ahorrado desde que el carro ya no es imprescindible en sus vidas. Pareciera increíble que algunos colombianos lleven más de 15 años transportándose diariamente en bicicleta a sus lugares trabajo. Y quienes ya lograron cambiar el chip juran nunca volver atrás. 

¿De qué nos estamos perdiendo por no andar bicicleta? ¿Cuántos minutos y hasta horas al día nos ahorraríamos y usaríamos en otros placeres?  ¿Cuántos kilos de más podríamos rebajar sin dietas milagrosas o cirugías peligrosas?,  ¿qué tanto ayudaríamos al planeta? Estas preguntas solo las podrían responder biciusuarios como Francisco Romero, un ejecutivo quien de regreso a Colombia, luego de 25 años, ha sido su bicicleta de toda la vida la que lo ha transportado a  sus actividades diarias en la Capital. Para él la bicicleta no es algo pasional, se trata de una decisión racional, “ahorro tiempo, dinero, seguros, gasolina, espacio, fácilmente me puedo desplazar desde Unicentro hasta el Campín en 30 minutos, de la Javeriana al Parque de la 93 en 22 minutos por cicloruta y en plena hora pico.”

Tristemente en Bogotá hay un problema de concepción, para Francisco, a los ciclistas los pusieron a competir con los peatones y con los vendedores ambulantes, en vez de quitarle vías a los carros. Finalmente el vehículo debería ser usado para lo que fue inventado, para pasear.

Para Andrés Reina, biciusuario desde hace 5 años, “para que las ciudades sean sostenibles y equitativas la gente debe caminar, montar en bicicleta y usar el servicio de transporte público, sin embargo como caminar no rinde y el servicio público en Bogotá es tan ineficiente, la única alternativa inteligente es optar por trasladarse en bicicleta.

Adicionalmente a todos los beneficios para la salud, y el bolsillo, la bicicleta podría llegar a salvarnos de una crisis ambiental, esto lo han entendido ciudades como Ámsterdam (Holanda) en donde el 40 % de su tráfico ocurre en dos ruedas , en Copenhague (Dinamarca) donde la mitad de su población se transporta en bicicleta y no tienen vehículo, en Berlín (Alemania) donde se disfruta  600 kilómetros de carriles exclusivos para pedalear; en Portland (Estados Unidos) donde la red de bicicletas se conecta a todas las partes de la ciudad y Bogotá, aunque usted no lo crea, hace parte de las 10 mejores ciudades del mundo para pedalear, por sus más de 350 kilómetros de ciclorutas y ciclovía de los domingos (que reúne a casi dos millones de personas cada semana). Aunque usted sigue sacando su carro, nuestra Capital es considerada una de las ciudades más amigables para el uso de la bicicleta a nivel latinoamericano y global. 

Por su bien y por el mío, dejemos atrás los prejuicios psicológicos, rompamos las cadenas del monóxido de carbono, démosle una oportunidad a esta ciudad y al medio ambiente que piden a gritos menos días de carros y muchos más de bicicletas.

PD: Propongo por cada día sin carro un día sin taxis. 

Twitter: @Silvia_parra
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