Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1998/03/23 00:00

PEDERASTIA

PEDERASTIA

Me escriben cuatro funcionarios protestando por mi artículo de principios de febrero titulado 'Un premio pedofílico', en el que criticaba la manipulación de los niños de Colombia para obtener un Premio Nobel de la Paz para este país en guerra. Dos de las cartas fueron publicadas en esta revista la semana pasada: la de Cecilio Adorna, representante en Colombia del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), y la de Andrés González Díaz, gobernador de Cundinamarca (pues también criticaba en mi columna la manipulación de los niños para dar lustre a las Cumbres de Gobernadores). Las otras dos son de Marta Maurás, directora de Unicef para América Latina y el Caribe, y de Ana Teresa Bernal, coordinadora nacional de Redepaz (Red Nacional de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra). No se publican enteras por razones de espacio: sumadas, las dos cuadruplican la extensión de este artículo. Espero que no se molesten si me limito a citarlas.Son severas cartas, admonitorias cartas de estilo funcionarial: cartas con membrete. La de Redepaz viene además en un papel que lleva coloreada en transparencia la cabeza de un loro, que es el logo de la organización: a algún publicitario se le debió ocurrir la idea genial de que un loro multicolor representa cabalmente las alegrías de la paz: sin duda no sabía que, en el monte, los guerrilleros comen loro. Son cartas 'políticamente correctas': Marta Maurás, por ejemplo, siempre que se refiere a los niños escribe aplicadamente "las niñas y niños", para no incurrir en el abominable pecado de sexismo (aunque ¿por qué no "los niños y niñas?). El gobernador dice que la participación infantil en la Cumbre era "un reconocimiento a la generación del futuro". "Los niños nos enseñan sin proponérselo", asegura Ana Teresa Bernal. Al ser todos tan 'políticamente correctos', ninguno mete la pata. Pero, también "sin proponérselo" (como los niños), le dan la razón a mis críticas. Lo que yo decía es que todo ese proyecto del premio para los niños es una manipulación de los adultos aprovechándose de ellos. Y mis cuatro corresponsales lo confirman. Así, dice Cecilio Adorna: "Este movimiento (Niños por la Paz) (...) está integrado por distintas organizaciones no gubernamentales, gubernamentales e internacionales". Es decir, está integrado por organizaciones que, aunque se ocupen de los niños, son de adultos. Sin ir más lejos: ¿cuántos niños son funcionarios de Unicef? Sí, aquella famosa niñita desnuda de la foto del napalm en la guerra de Vietnam es ahora embajadora especial de Unicef: pero ya no es una niñita.Y dice el gobernador que los niños estaban en su cumbre "como un símbolo", y para "la siembra ritual de la palma de cera". Esos símbolos y esos ritos ¿fueron idea de los niños? No: de los adultos gobernadores: los niños estaban ahí tan a la fuerza como la propia palma de cera.Y dice Ana Teresa Bernal, de Redepaz que, efectivamente, "adultos como usted (yo) o como cualquier maestro acompañan y orientan a los niños". Aunque concluye, asombrosamente, que "ese hecho no significa una manipulación sin más", a mí me parece que sí: que significa una manipulación sin más.Y Marta Maurás, de Unicef, me pide retóricamente que le diga "cómo se explica la pregunta de una niña de tres años al ver la liberación de los 70 soldados en Caquetá: 'Mamá, explícame por qué les robaron los soldaditos a las mamás". Pues se lo explico: se explica porque a esa niña de tres años _que por lo demás no tiene todavía edad para entender situaciones complejas_ su mamá _la señora Maurás, supongo_ no le explicó nada de nada. Pero en cambio en sus cartas a otros adultos utiliza sin ningún pudor la ingenuidad de la niña.De modo que, precisamente porque mis corresponsales me dan la razón, retiro el adjetivo 'pedofílico' de mi título. Bastante inocente, por otra parte: que ama a los niños. No veo en qué puede afectar, como me dice Ana Teresa Bernal, "el derecho a la honra y al buen nombre del señor Cecilio Adorna" (a quien, por lo demás, yo no me refería: hablaba, sin dar su nombre, del "ciudadano de nacionalidad timorense" José Ramos Horta, a quien llamé "filipino" por el hecho puramente geográfico, aunque no administrativo, de que la isla de Timor forma parte del archipiélago de las Filipinas). Retiro lo de pedofílico, pues, pero lo cambio por pederástico. Pues lo que muestra la insistencia es seguir utilizando a los niños no es pedofilia, simple amor por los niños, sino, resueltamente, pederastia. Según el diccionario: "abuso deshonesto cometido contra los niños" Y la iniciativa del Premio es eso: un abuso, porque los niños así usados no están en capacidad de defenderse. Deshonesto: pues se escuda tras ellos para obtener un premio para adultos (paras esas "organizaciones no gubernamentales, gubernamentales e internacionales" de que habla el señor Adorna. Y no contra el pudor de los niños _su 'honestidad' en el otro sentido de la palabra_, como ocurre en la pederastia de tipo sexual, sino, en esta pederastia de índole funcionarial, contra su dignidad.

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