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Opinión

  • | 2015/09/04 17:57

    ¿El bruto y loco del Maduro?

    El creerlo loco o bruto significa no tomarlo en serio, menospreciarlo y eso es precisamente lo que busca. Es su estrategia para despistar a los opositores.

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El presidente venezolano Nicolás Maduro, al igual que su mentor Hugo Chávez, usualmente es tildado de loco o bruto, entre otras cosas, tanto por lo que dice como por lo que hace. Y esto es porque muchas veces es tan ilógico, irresponsable y va en contra de todo sentido común que no da para pensar más.

Pero no hay peor error que creerlo bruto o loco. Maduro se hace el bruto y/o el loco, o las dos cosas a la vez. Aprendió del fallecido Chávez el arte de decir lo que no piensa, lo que no cree, lo inexplicable, lo contrario a la verdad y a la evidencia sin la menor vergüenza.
 
Lo mejor para él es que le digan precisamente lo que manifestamos los colombianos y los opositores venezolanos por estos días con cada declaración que hace: ‘el mundo al revés’, ‘loco’, ‘bruto’, ‘bobo’, ‘sin sentido’, ‘errático’, ‘increíble’, etc., etc.
 
El creerlo loco o bruto significa no tomarlo en serio, menospreciarlo, minimizarlo y eso es precisamente lo que busca. Es su estrategia para despistar a los opositores. Su grupo llegó así al poder, así están y así quieren quedarse por mucho tiempo.

Maduro no es demente ni bruto por mucho que se empeñe en hacérnoslo creer. Es ignorante, que es otra cosa. Porque lo único que no puede disimular es su infinita ignorancia al confundir una llamada de auxilio con un pronombre, el ser analfabeta con alfabetizado, el género de las palabras y las medidas de longitud con las de tiempo, con una escasa cultura general que da pena ajena.
 
En cambio, el presidente venezolano se ha valido de la astucia para llegar donde está. Astuto es definido por el diccionario de la Real Academia Española como alguien “agudo, hábil para engañar o evitar el engaño o para lograr artificiosamente cualquier fin”.

Porque se necesita mucha astucia para pasar de ser chofer del metro de Caracas a presidente de un país con lo poquito que tiene en la cabeza: escalar posiciones, estar al lado del que es, buscar y aprovechar las oportunidades, sacar a los posibles rivales del camino y quién sabe qué otras cosas más.

La astucia la acompaña de cinismo, definido por el mismo diccionario como, “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”.
 
Esa astucia y cinismo los pone al servicio de una causa: permanecer en el poder. Maduro y su mafia de contrabandistas, narcotraficantes y corruptos ya tienen un plan A, B,C y hasta Z para desestabilizar las próximas elecciones legislativas de diciembre en Venezuela, en las cuales perderían la mayoría del parlamento. Lo que de ningún modo pueden permitir.

Y como parte de su perverso guión se inventará cualquier excusa, por increíble que suene o sea, para armar confrontaciones con Colombia, con España, con Estados Unidos, o con cualquiera que no esté con sus intereses. Hablará con pajaritos, de ataques o guerras de todo tipo. Mientras sentado y muerto de la risa pensará: “Los tengo loquitos”.
 
En este rifirrafe al gobierno colombiano no le queda más que actuar con prudencia en la difícil tarea de anticiparse a su próxima movida. Tener paciencia para no dejarse provocar por sus amenazas. Tener presente que puede salir con cualquier estupidez, mentira o tergiversación para dentro del show, muy seguramente, sentarse con el presidente colombiano Juan Manuel Santos y salir a decir que “gracias a él se solucionó la crisis causada por Colombia”.
 
Y saldrá sonriente, a seguir desestabilizando con su astucia y su cinismo.
 
*Periodista y magister en relaciones internacionales.
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