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Opinión

  • | 2015/03/27 09:30

    El odio y la venganza, los verdaderos motores del conflicto

    Los odios y la búsqueda de venganza de lado y lado han atizado la degradación y deshumanización del conflicto para una sociedad que se cree civilizada.

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Resulta curioso que entre los estudiosos colombianos del conflicto se le dé poca o ninguna importancia al papel que juega lo psicológico (emocional) en una violencia cíclica que ya cumple 200 años, cuando entre los expertos en el mundo esta tendencia cobra cada día más relevancia.
 
Es cierto que las causas objetivas (pobreza, desigualdad, falta de oportunidades, discriminación, desempleo, narcotráfico, la mala distribución de la tierra, la falta de justicia, corrupción, etc), han contribuido a la aparición y al incremento de la violencia en Colombia. Pero también lo es que las causas subjetivas (sentimientos como el odio, venganza, retaliación, resentimiento, rencor) juegan un papel primordial, o aún más, tal y como lo han teorizado y lo han visto en la práctica los expertos en resolución de conflictos a nivel mundial en los últimos años.
 
Estos expertos afirman que las causas objetivas por sí solas no ocasionan o mantienen los conflictos, de otra forma más de la mitad de los países del mundo sufriría violencia por la pobreza, la desigualdad, la mala distribución de la tierra, etc.
 
Hay algo más que dispara la violencia en algunas sociedades: lo psicológico. Esa forma de percibir el mundo nos da una visión sobre la causa de los problemas, sus culpables y la forma de encontrarles una posible solución.
 
En Colombia se percibe que la gran culpa de los problemas la tiene el Estado y por esto la gente se revela contra él. Mientras que, por ejemplo en Estados Unidos, país de las oportunidades y del ‘sueño americano’, ningún pobre le culparía al Gobierno por su situación sino a otros factores, incluidos los individuales. Y eso que este país no escapa al problema de la pobreza. Según la última estimación de la Oficina del Censo de Estados Unidos, en el 2013 la pobreza en esa nación afectaba a 45,3 millones de personas (casi el total de la población colombiana).
 
Pero nada más concreto para darle validez a esta teoría que la realidad de nuestro país. Los odios y la búsqueda de venganza de lado y lado han atizado la degradación y deshumanización del conflicto con masacres y muertes inimaginables para una sociedad que se cree civilizada.
 
Y los ejemplos abundan. En entrevista con el periódico El Espectador, Martín Sombra, antiguo comandante de las Farc y ahora en la cárcel, reveló que había ingresado a ese grupo guerrillero siendo aún un adolescente, porque cuando él tenía 10 años los conservadores llegaron a su pueblo, asesinaron a su mamá, le rajaron el estómago y le sacaron un niño que estaba esperando a quien también mataron. Después violaron a sus tías y las asesinaron, para luego castrar a sus tíos. Su papá sobrevivió pero comenzó a enloquecerse, fue herido de bala en un enfrentamiento contra los conservadores y agonizando le hizo jurar que tenía que vengarse ingresando las guerrillas liberales de ‘Tirofijo’, quien acababa de crearlas para defenderse de las masacres del régimen conservador.
 
El odio del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez hacia las guerrillas se debe al asesinato de su padre: el ser que más amaba. La misma historia de los Castaño, quienes crearon las autodefensas para vengar la muerte de su progenitor a manos de las FARC. Otros muchos, en cambio, entraron a la guerrilla para vengar la muerte de un ser querido a manos o de los paramilitares o de las fuerzas estatales.
 
Y así se repite y retroalimenta el odio, el rencor y la retaliación, creando una sociedad de enemigos dispuestos a vengarse en cualquiera de sus formas y hasta donde les den sus estómagos.
 
Es por este mismo motivo que los procesos de reconciliación, después de firmados acuerdos de paz, han cobrado tanta importancia en todo el mundo. Para romper las espirales de violencia y por la salud mental de las víctimas sirve más el proceso de la verdad, el pedir perdón, el otorgarlo y la reconciliación que cualquier monto de dinero por la pérdida de un familiar o familiares.
 
Por falta de conocimiento, en Colombia se la ha dado muy poca importancia a este aspecto que, sin duda, es tal vez la llave principal para una paz sostenible.

*Especialista en resolución de conflictos y negociación.
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